Domingo 05 de Septiembre de 2010  
 
 
 
El Club | Sus orígenes
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- Despiértese, Miguel, despiértese. Lo hemos elegido presidente de nuestro nuevo club.

A Miguel Gutiérrez primero le pareció un sueño, después una broma. Enseguida se dio cuenta de que aquella madrugada sus amigos le hablaban en serio, que de burla no tenía nada. Eran las 6 de la mañana del 5 de agosto de 1905 y la decisión de ese grupo de jóvenes de separarse de Gimnasia y Esgrima ya no era un capricho, se trataba de una necesidad. ¿Cómo a ellos, justo a ellos, se les ocurría dejarlos sin el foot-ball? ¿Cómo le iban a dar prioridad a la gimnasia en vez de a la pelota?

En la ya mítica zapatería “Nueva York” de la ciudad de La Plata, Félix Díaz los fue recibiendo uno a uno. En total, fueron 20 muchachos los que decidieron juntarse en la Avenida 7 entre 57 y 58. Su club se alejaba del fútbol porque había perdido la cancha de 1 y 47, donde se empezaría a construir la Facultad. Pero ese grupo de jóvenes no estaba dispuesto a quedarse de brazos cruzados. Nadie los iba a dejar sin su deporte. Varios, con el correr de los años, serían grandes jugadores.

Discutieron largo, desde las 9 de la noche hasta la madrugada. Ya lo habían empezado a hacer semanas antes en las aulas que compartían en el viejo Colegio Nacional, cuando la iniciativa era todavía una idea vaga. Ellos tenían bien en claro por dónde pasaba su prioridad. ¿Por qué no fundar entonces una institución que se dedicara al fútbol sin límites ni puritos?

Que ninguno pasaba los 20 años, que eran muy pibes, que no había cancha propia, que no podrían costearse los gastos… Alfredo Lartigue, Florentino Moreda y Tomás Schedden fueron los más fogosos defensores del proyecto. Y nada importó. Hicieron la primera acta y a la hora de elegir un líder todos coincidieron en que debía ser una persona con experiencia y relaciones influyentes en la sociedad platense. Se decidieron por Miguel Gutiérrez, ausente en esa reunión. Y no se equivocaron, sobre todo a la hora de buscar terrenos para la cancha y subsidios para los primeros gastos. El nuevo club ya había nacido.

Miguel ya se había despabilado. Lo primero que hizo fue ofrecer su casa de calle 53 para las reuniones de Comisión Directiva. Y quizás olvidando que aquellos jóvenes soñadores eran, en su mayoría, compañeros del Colegio Nacional y otros pocos eran universitarios, se le ocurrió preguntar:

-¿Y cómo nos llamamos?
-Estudiantes, ¿cómo nos vamos a llamar?

El Club Atlético Estudiantes fue fundado en la noche del 4 de agosto de 1905 por 20 personas: Jorge Isla, Ricardo Sancet, Antonio Ferreiroa, Saúl Ferreiroa, Alejandro Fernández, Emilio Fernández, Carlos Isla, Jorge Contreras, David Ramsay, Antonio Mouzo, Tomás Ismael Schedden, Uberto Vignart, Raúl Salas, Hugo Ferrando, Carlos Sagastume, Horacio Tolosa, Joaquín Sesé, Félix Díaz, Alfredo Lartigue y Florentino Moreda.

Tomás Schedden, uno de los socios fundadores, pidió la palabra en una de las primeras asambleas:

“Les tengo mucho cariño a las franjas rojas y blancas. Propongo que esos sean los colores de Estudiantes”.

El nuevo club estaba por cumplir un año y el sueño iba creciendo. Había 100 socios activos y ya era hora de comprar los primeros muebles, las nuevas blusas. La moción de Schedden fue aceptada: se resolvió que las camisetas fueran las del English High School, que los colores fueran los que usaban los equipos de ese colegio.

No fue fácil imponer la camiseta. La Asociación Argentina de Fútbol rechazó el uniforme por ser igual al de Alumni, el equipo dominante por aquellos años. No importó que jugaran en distintas categorías, que el novato Estudiantes arrancara en Tercera. “El derecho por antigüedad le correspondía”, sostenían los organizadores del torneo.

La Comisión Directiva debió comprar nuevas camisetas. El esfuerzo exprimió hasta el último centavo. Los nuevos bastones, más anchos, se contraponían a las rayas angostas que lucía Alumni. Después, la ecuación se invertiría: Alumni copiaría las franjas gruesas de Estudiantes.

Hubo otra solución intermedia: la casaca roja con una franja horizontal blanca en el pecho. Duraría muy poco, apenas un par de años. Demasiada semejanza con la vestimenta de Gimnasia, aquellos vecinos a los que no se querían parecer en nada.
En 1910, con Alumni en extinción, Estudiantes retornó a la tradicional camiseta a rayas que, con distintas versiones, se mantiene hasta hoy. Casi como un mandato del destino que heredó la gloria de aquel equipo pionero del fútbol argentino… Y hasta el nombre fue una prolongación: de ex alumnos a Estudiantes.

Muchos otros clubes del país adoptarían luego los mismos colores.

La Asamblea del 28 de febrero de 1906 resolvió que el rojo y el blanco a rayas verticales fueran los colores de Estudiantes.

“Bueno, ahora a guardar todo”. Estudiantes había jugado su primer partido como local en La Plata frente a Nacional Junios y era hora de levantar los postes, desarmar la cancha, guardar los elementos del juego.

Los jugadores empezaban a adquirir esa rutina. “Acá no se puede dejar nada porque al otro día desaparece”, les explicaban a los rivales. Y por eso, entre todos, alquilaron una casita cercana al campo de juego. Allí quedaba todo hasta la siguiente práctica, el próximo partido.

El sueño de una cancha propia se empezó a cumplir cuando un allegado a Estudiantes, Félix Tettamanti, donó algunos terrenos de su propiedad, pegados a la vieja estación de ferrocarriles “La Clementina”, sobre las calles 19 y 51. Fue todo un acontecimiento: ya había lugar para empezar a jugar como local. Y crecía el orgullo: a cuatro meses de su creación, Estudiantes ya tenía su cancha propia. Fue Horacio Tolosa, uno de los socios fundadores y veloz wing izquierdo que siempre jugaba con gruesos anteojos, quien tuvo el privilegio de hacer el primer gol de local.

“¿Y dónde nos cambiamos?”, preguntaron los rivales. “Allá, en aquellas edificiones”. Los viejos galpones de la estación de tranvías de 20 y 50 servían como improvisado vestuario.

Cuatro días después de aquel debut, el lugar fue escenario de la primera pelea en un partido de Estudiantes. Contra el combinado de la Liga platense, el amistoso terminó en gresca. El partido se suspendió a los 30 minutos del primer tiempo por la invasión del público al campo de juego; la batalla ya era incontenible.

En esa cancha, Estudiantes fue ocal durante dos años. El crecimiento de aquel nuevo equipo y los rivales cada vez más prestigiosos a los que enfrentaba exigían un escenario de otra envergadura.

Los viejos vestuarios se transformaron, con el tiempo, en la Dirección de Tránsito de la ciudad. Y en aquel campo donde los hermanos Carlos y Jorge Isla hicieron sus primeras gambetas, done Antonio Ferreiroa empezó a gritar sus goles y en el cual se empezaban a admirar las atajadas de Emilio Fernández, funcionó durante mucho tiempo el Regimiento de Infantería Nº 7. Ese no era su mejor destino. Hoy, tiene mucho más que ver con la historia. Es un hermoso parque, donde los picados suelen llenarse de pibes con camisetas rojiblancas.

El 7 de noviembre de 1905, Estudiantes jugó su primer partido como local. Derrotó 2 a 0 a Nacional Juniors en la cancha de 51 entre 19 y 20 con goles de Horacio Tolosa y Raúl Sussini.

PROXIMO PARTIDO
vs
Estudiantes   Liga de Quito
 
Miércoles a las 21.15hs
     
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