Racing, el inicio de la gloria

Estudiantes gritó campeón por primera vez en la era del profesionalismo enfrentándolo en 1967 y de allí en más cada partido tuvo su atractivo, pero aquel, específicamente, será recordado generación tras generación porque inició un ciclo glorioso en la historia del Club que tuvo su pico máximo con la obtención de la Copa del Mundo.

28/10/2016 19:01 Noticias
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Hay momentos de la vida que quedan marcados. Momentos en los que ya nada será igual. Momentos imborrables que cambian la historia. Momentos dignos de recordar y disfrutar.

El 6 de agosto de 1967 fue un día inolvidable para cualquier hincha de Estudiantes. Por primera vez en la historia del profesionalismo, el equipo se consagró campeón del fútbol argentino tras vencer a Racing 3 a 0 y logró cortar con la hegemonía que hasta ese momento correspondía a los equipos denominados grandes (Bocar, River, Independiente, Racing y San Lorenzo), que se habían repartido los títulos disputados desde 1931 en adelante.

Aquella consagración, histórica por cierto, le permitió a Estudiantes acceder a un nivel de privilegio a nivel nacional y fue la antesala de un reconocimiento aún mayor que terminó con la obtención Copa del Mundo del año siguiente ante Manchester United en Inglaterra.

Claro que para llegar hasta la definición del título con Racing, hubo que batallar y mucho. El torneo tuvo una nueva modalidad -novedosa para la época- y constaba de una definición a través de semifinales y final. El equipo de Zubeldía accedió a la semifinal por haber terminado segundo en su zona detrás, justamente, de Racing. El rival en cuestión fue Platense, el ganador de la otra zona. El encuentro se disputó el 3 de agosto en la cancha de Boca y allí es donde comenzó a gestarse la mística que acompañaría al Club a lo largo de los años: tras ir perdiendo 3 a 1, el conjunto de Don Osvaldo dio vuelta la historia y ganó 4 a 3, metiéndose en la instancia definitoria para conseguir su primer título. Enfrente estaría Racing, que se quedó con el clásico de Avellaneda y eliminó a Independiente.

Aquella fría tarde agosto, Estudiantes vapuleó a Racing. Le hizo 3 y pudieron haber sido algunos más. Los goles de Madero, Verón y Ribaudo marcaron el final de una era (la de los grandes) y comenzaron otra (la de Estudiantes). Una multitud acompañó al equipo hasta la vieja cancha de San Lorenzo que tuvo récord de asistencia y que fue testigo de cómo el más débil vencía al poderoso Campeón del Mundo.

La prensa recordó aquella final como una gesta histórica. Por primera vez un “equipo chico” consiguió lo que nadie había podido lograr y el nombre del Club ganó un lugar de privilegio en coberturas periodísticas que eran muy distintas a las de ahora. Antes obtener un par de líneas en cualquier medio era una tarea titánica que quedaba reservada a los grandes acontecimientos. Y ese lo fue.

Acaso con el correr del tiempo y a medida que los logros fueron llegando, aquel título resultó uno más para engrosar las vitrinas que ahora rebalsan de copas. Pero en realidad aquella consagración ante Racing fue el inicio del camino a la gloria y el puntapié de una serie de victorias que le dieron al Club un lugar testimonial en la historia del fútbol mundial.