Razones de un desahogo

Vivas festejó el gol de Toledo de una manera muy particular. Lo gritó como nunca lo hace, de frente a la tribuna y hasta se animó a disfrutarlo exteriorizando sus sentimientos. El gol resultó un alivio para el entrenador, que vive días difíciles por el delicado estado de salud de su padre.

30/10/2016 20:39 Noticias

Fue raro ver a Vivas así. Desencajado. Sacándose desde los más profundo de su ser todo los problemas de encima. Los cotidianos y los otros. Porque su expresión es la de quién se guarda las cosas y en un segundo explota. Y esa explosión fue de júbilo, de alegría. Una muestra digna de un tipo feliz porque las cosas le salen.

Es cierto que por como se había dado el partido daba para semejante alarido. Racing fue un rival durísimo, que jugó mejor en la primera parte y que se enamoró del empate cuando Estudiantes aceleró y lo superó largamente en el segundo tiempo. Le entró por derecha, por izquierda y por el centro, pero chocó sistemáticamente con Agustín Orión y lo terminó convirtió en figura. Por todo eso el grito de Vivas está por demás justificado. Ganar en el último minuto para mantener el ritmo avasallante de victorias que tiene el equipo y que ese gol haya sido convertido por un jugador al que él le dio una enorme dosis de confianza al aprobar su contratación con un doping en suspenso, es digno de ser gritado como un hincha más.

"Creo que influyó el momento en el que convertimos el gol. Ganar sobre el final y hacerlo de la forma en que lo hicimos me llevó a festejar de esa forma", dijo Vivas en la conferencia. 


Lo curioso del festejo está centrado en que el técnico no es de desbordarse en los goles. O al menos no es habitual. A pesar de haberse criado como entrenador al lado de Simeone -capaz de correr 40 metros desaforadamente para festejar la agónica victoria de 2007 ante River en el Monumental, por ejemplo- adoptó una posición contraria. Casi igualando una línea Bielsista, Nelson es de darse vuelta y tener un gesto de aprobación con sus colaboradores en cada concreción. Apenas un festejo “desmedido” pudo verse ante Argentinos Juniors, cuando el pibe Quintana tuvo una tarde inolvidable. 

Pero el gol de Toledo no fue un gol más. Fue un gol para el desahogo. Para gritarlo con alma y vida. Y mucho más si tenemos en cuenta los problemas familiares por los que atraviesa el entrenador. Desde hace algunos meses, la salud de su padre empeoró y luego del partido ante San Lorenzo le dedicó la victoria. Sí, justamente a su padre, que es hincha del Ciclón.

 

Hace algún tiempo la prensa indagó un poco más en la vida íntima del entrenador y encontró un hombre obsesionado por el orden. Contó que es capaz de ordenar los yogures de la heladera para que todas las etiquetas queden en la misma posición, que tiene una aspiradora en su auto o que ordena la ropa por modelo y color. Que fue criado con amor y rigidez y que tuvo años y años de terapia para convivir con sus TOC (trastorno obsesivo compulsivo). Que reconoció su error cuando golpeó a un hincha de Quilmes que lo insultó durante todo el partido y que años después reconoció su error, aunque aclaró que en ese momento “le hubiese seguido pegando” si no lo separaban cuatro hombres de seguridad.

Esta vez, la explosión fue mucho más placentera. No hubo ni golpeados ni heridos. Apenas un poco de disfonía para el hombre que sigue dando pasos en busca de su objetivo personal que engloba uno grupal: ver su nombre entre los entrenadores que lograron un título con el Club.