El refundador de la Selección

Sabella les devolvió a los jugadores las ganas de integrar el equipo con un discurso muy marcado, basado en el sentido de pertenencia y en la importancia que ellos tenían para el país. Durante su ciclo, y pese a las críticas desmedidas de un sector de la prensa, Argentina llegó luego de 24 años a la final de un mundial y su salida fue muy lamentada por el plantel.

03/11/2016 07:51 Noticias
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Cuando el seleccionado estaba a la deriva apareció él. Casi que el destino le tendió una mano para ponerlo en el momento indicado en el lugar exacto. Luego del fracaso de Sergio Batista al frente del equipo (quedó eliminado en Cuartos de la Copa América de 2011 que se jugó en nuestro país), Alejandro Sabella anuló el contrato que tenía con un equipo árabe para asumir, orgulloso, el cargo de entrenador de la Selección.

Cualquiera que lo piense dos veces no duda. Aunque no está demás contextualizar el momento en que Alejandro dio el sí. Argentina jugaba mal, venía de ser eliminado en su copa y los jugadores habían perdido motivación por venir a representar al país por la desorganización, los malos resultados y la falta de confianza que el equipo generaba en la gente. Así y todo, Sabella asumió el compromiso y debutó en un estadio semi vacio que silbó un pobre empate ante Bolivia.

Los primeros tiempos al frente de la Selección fueron muy difíciles. Los jugadores no querían estar y él los convenció para que no abandonen el equipo. 

La derrota en Venezuela dejó a Argentina al borde del nocaut. Durante esas semanas, Sabella se dio cuenta que debía trabajar más en la unión grupal que en la parte futbolística. Devolverle a las estrellas las ganas de estar y acoplar jugadores que entendieran rápidamente su idea. Y se basó en su Estudiantes. Pese a las críticas de la prensa citó varios jugadores a los que conocía de su pasado por el Club y ellos fueron sus terratenientes para desarrollar trabajos específicos que ya tenían automatizados. De a poco su Selección iba tomando forma y el quiebre se produjo en un partido ante Colombia en Barranquilla.

En medio del desastre deportivo por el que atravesaba el equipo, Braña se apoyó en su capitán Desábato para expresarle su preocupación por la falta de motivación que veía, especialmente, en Messi. Sabiendo que era el as de espada, El Chavo fue generando charlas individuales para que se diera cuenta de su importancia, de lo que significaban él, Agüero, Higuaín y Di María para el equipo y que de ellos dependía que Argentina se quede o no sin Mundial. En Colombia empezaron perdiendo el partido, se lesionó Burdisso antes de culminar la primera etapa y El Profesor mandó al Chavo a la cancha. En el entretiempo una charla sorprendió a propios y extraños. “Estábamos jugando mal y hacía mucho calor. Entramos al vestuario y Messi, que no era de hablar, pidió la palabra. Ahí empezó a arengar al equipo y en un momento dice ‘porque como dijo El Chavo el otro día...’ yo lo miré al Chapu y no sabía qué hacer”, contó años después el capitán. Ah, el partido lo ganó Argentina 2 a 1. 

Para  hospedarse durante el Mundial de Brasil, Sabella eligió la casa Atlético Mineiro. Estuvo en el Mineirao -ese que le daba urticaria y en el que vivió uno de las mayores alegrías de su vida- y tuvo que luchar contra las lesiones, especialmente con la de Di María. El equipo se fue haciendo solvente a medida que el campeonato avanzaba y las discusiones carentes de fundamento sobre los cinco defensores o la presencia de los "cuatro fantásticos" en cancha llenaban horas de programas y centímetros de escritura con un enorme vacío intelectual. Él, lejos de inmiscuirse en discusiones banales, siempre enfrentó a la prensa con argumentos sólidos y respetables. Dos de los mejores jugadores de aquel Mundial fueron un producto made in Sabella: Marcos Rojo y Enzo Pérez. 

La final ante Alemania fue un puñal. El equipo jugó un gran partido y la falta de definición privó al país de gritar campeón tras 24 años. Era vox populi que su salida se daría luego de la final y recién allí su trabajo fue valorado. “Alejandro está en lo más alto que puede estar un DT”, dijo Mascherano

La Selección fue historia. Atrás quedó su salida, los meses de descanso, las discusiones sobre su estilo y los resultados de Martino y Bauza, sus sucesores. Lo que será difícil de olvidar será la refundación de un grupo de jugadores que poco tenían para dar y estuvieron a punto de ser campeones del mundo.