Miren al cielo y busquen una estrella

Sabella coronó un ciclo brillante con dos títulos. De su mano llegó la tan ansiada cuarta Copa Libertadores y el Apertura 2010. Cada consagración tuvo sus matices, sus pormenores y sus vaivenes, pero en ambos casos se vio la mano de un entrenador de primer nivel mundial. De la urticaria con los brasileños al silencio a la platea.

04/11/2016 09:02 Noticias
img

La llegada del Profesor al principio generó dudas. Nunca había trabajado como cabeza de grupo siempre fue (un gran) ladero de su amigo Passarella pero sus ganas e identificación con Estudiantes lo llevaron a aceptar el cargo tras la salida de Astrada en marzo de 2009. Con el equipo a los tumbos en la Copa y lejos en el torneo local, pocos se imaginaban un final de semestre con vuelta olímpica a nivel continental.

El empate ante Racing, la goleada a Cruzeiro y la victoria en el clásico entusiasmaron al entrenador. Los resultados lo llevaron a respetar una formación que se aceitaba cada vez. La solidez de Andujar -terminó con la valla invicta jugando como local- la seguridad defensiva, el equilibrio de la mitad de la cancha, la potencia ofensiva y un enorme sentido de pertenencia hicieron que el Club se encolumne detrás del objetivo. Acaso una muestra cabal fue la multitud que lo acompañó a Montevideo en los Cuartos de Final en el partido ante Defensor. 

Los imponderables no achicaron al equipo, lo agrandaron. Las lesiones de Alayes y Angeleri llevaron al DT a reorganizar la defensa y a pensar en Rolando Schiavi, de gran presente en Newell´s, para reforzarla. Las victorias ante Nacional presagiaban que Estudiantes sería un rival difícil de vencer en las finales ante Cruzeiro pero pocos se imaginarían el desarrollo de ambos partidos.  Para colmo si algo detestaba Sabella eran los equipos brasileños, como contó una vez en City Bell antes de la Semi: “A mí los equipos brasileños me dan urticaria. Cuando los enfrento me pica el cuerpo, ja. Desprenden los laterales, te llegan por todos lados...”

El empate en La Plata dejó al equipo herido aunque no muerto. La excesiva dosis de confianza a Cruzeiro le jugó una mala pasada. Justo  subestimaron a Estudiantes y creyeron que la consagración era un trámite. Festejaron antes de tiempo. Y el campeón fue el equipo de Sabella. 

Luego de las finales perdidas ante Barcelona y Liga de Quito y la imposibilidad de cerrar el Clausura 2010 en el mano a mano con Argentinos, a Sabella se lo empezó a discutir. Que era un técnico defensivo, que ya no podía dirigir al equipo, que los jugadores no le respondían... Lo cierto era que el profesor estaba trabajando en el rearmado del equipo.

Lo primero que hizo fue buscar seguridad defensiva. Para ellos utilizó una línea de tres defensores con dos laterales volantes, 4 volantes y un punta. El detalle es que el punta no siempre fue un nueve de área. Acaso por eso brilló Enzo Pérez en aquel equipo, por las libertades para llegar y por su desequilibrio tan particular.  

El torneo no siempre fue color de rosa. En Quilmes una tarde Alejandro debió marcar la cancha para que el público deje de cuestionar sus decisiones y se encolumne detrás del equipo. Algo así como lo que pasó en 2009, pero aquella vez sin gesto.

Lo que viene es historia conocida. Mano a mano con Vélez, cinco de cinco en la recta final del torneo aún con Verón más afuera que adentro y la ansiada estrella 11 que sirvió para darle al club una coronación muy festejada por el momento en que llegó.