De la cinta al olvido

Gil Romero pasó de ser el volante del futuro a estar marginado en poco más de un año. Su incursión en el equipo fue estruendosa de la mano de Pellegrino y después fue desinflándose hasta no tener lugar en el plantel. La capitanía, el llanto en Mendoza, su ida a Central, la operación y su salida al fútbol ecuatoriano.

15/11/2016 08:56 Noticias
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El fútbol está lleno de sorpresas. De las buenas y de las otras. Casi nadie pensaba en el Club que Gastón Gil Romero iba a pasar por este momento. Sin chances de participar del equipo y devuelto por Rosario Central, se va a la Universidad Católica de Ecuador para recuperar ritmo.

Cuando debutó en la temporada 2012 con el Vasco Azconzábal en un partido por Copa Argentina, su apellido ya era conocido. Era vox populi entre aquellos que están cerca de las divisiones juveniles que un pibe criado en General Roca pero que nació en La Plata y eligió a Estudiantes por sobre Boca la rompía. Que su juego era de quite y distribución certera y que estuvo a punto de irse porque extrañaba mucho a su familia y Claudio Vivas lo convenció de no aflojar y hasta lo fue a buscar a General Roca para que no deje el fútbol.  

La llegada de Pellegrino le dio continuidad en Primera. La salida de Braña lo llevó a compartir la mitad de la cancha con Verón y encajar a la perfección en la idea del entrenador. Debido a la pulcritud con que maneja la pelota, el actual técnico de Alavés lo mando a buscar el balón entre los centrales una y otra vez para ser salida clara con Vergini de un lado y Desábato del otro. Algo parecido a lo que hace Damonte aunque con menos experiencia y menos automatización, porque en aquel momento ese estilo de juego era resistido por una porción del público. Pese a las opiniones en la forma de juego, nadie discutía su presencia en el equipo, fue convocado al Sub 20 y hasta se fue ovacionado el día que marcó un gol ante All Boys en La Plata con un remate de media distancia. 

Acaso una de las tardes más importantes de su carrera se dio, otra vez, en un partido contra el Albo, aunque esta vez fue en Floresta. Con el micro en movimiento y en plena autopista, Verón y Desábato decidieron entre mate y mate que los chicos debían tomar la posta y entregarles la cinta de capitán era una buena responsabilidad. Tras analizarlo un poco más y debatir si la cinta iba para Carrillo o Gil Romero decidieron que volante fuera el capitán. “La verdad es que me tomaron por sorpresa pero es un orgullo que me hayan elegido capitán. Vestir la cinta que usaron Malbernat, Russo o el propio Sebastián es una responsabilidad muy grande que voy a tomar con la mayor seriedad posible”, explicó el pibe no bien enfrentó a la prensa tras el partido.

Sin embargo y pese a jugar varios partidos como titular su carera comenzó a tener altibajos. La prestación hacia el equipo no resultaba tan eficiente como al principio y sus problemas dentro de la cancha se multiplicaron. Lo curioso se dio en un partido en Mendoza cuando el equipo perdía 1 a 0 ante Godoy Cruz. Tras una discusión con Desábato terminó llorando y sentado en el banco de relevos. Si bien no pudo conocerse con precisión qué pasó aquella tarde, las fuentes consultadas coinciden en que el llanto fue producto de una presión emocional que explotó de la forma menos pensada. Luego de aquel partido, Gil Romero no volvió a ser el mismo.

De a poco fue perdiendo espacio y, por consiguiente, continuidad. Su frustrada transferencia a River para reemplazar a Kranevitter fue la gota que rebasó el vaso y la salida a Rosario Central apenas un parche que no alcanzó a disimular su mal momento. Jugó apenas tres partidos entre torneo local y Copa Libertadores y la entidad rosarina terminó el vínculo antes de tiempo.

Desde su regreso anda a los tumbos, como bola sin manija. No tuvo lugar por la superpoblación en su puesto y por una pubalgia que lo tuvo a maltraer y sin poder entrenar. Estuvo a punto de irse a Atlético Tucumán, a Sarmiento y hasta a Defensa y Justicia -donde hasta había empezado a entrenar  y hasta fue presentado como refuerzo con foto incluida- pero su condición física le jugó, otra vez, una mala pasada.

La semana pasada y luego de varios meses trabajando sobre su recuperación decidió operarse. La intervención fue un éxito y estará a disposición de comenzar la pretemporada con sus compañeros. Lo que Gil Romero no sabe es quienes serán. Si los que están en este plantel  u otro grupo del que formará parte con el único objetivo de volver a ser el que fue.