El eterno agradecido

Agustín Orión recordó su paso por el Club y destacó la importancia que tuvo el Título de 2010 en su carrera. Además mencionó el sentido de pertenencia que contagia Estudiantes, algo que le llamó poderosamente la atención. Pese a que su regreso siempre fue tema, él tiene en claro que su vuelta es una utopía y disfruta de los recuerdos que tiene de vestir la roja y blanca.

17/11/2016 09:44 Noticias
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“No te olvides de preguntarme por Estudiantes, que fue un club muy importante en mi carrera y me enseñó mucho. ¿Vos sabés el sentido de pertenencia que tiene esa gente? Te dan todo con tal que te sientas a gusto. Desde Sebastián (Verón) hasta el cocinero. Y eso que yo no estuve mucho tiempo, creo que fue un año y medio. Pero me sentí muy querido y a gusto. Les agradezco mucho la oportunidad que me dieron porque quería cambiar de aire y me abrieron las puertas”. La declaración es propiedad de Agustín Orión, el arquero de Racing que en el programa “Vamos a la Caye” que se emite los miércoles a las 23 por DirecTV destacó el sentimiento que lo une con Estudiantes.

Orión llegó en diciembre de 2009 por expreso pedido de Alejandro Sabella para reemplazar a Mariano Andújar pero no jugó el Mundial de Clubes. Firmó su vínculo el 29 de diciembre y se sumó a la pretemporada de verano. Su incorporación fue una garantía en el arco por su imagen, sus condiciones y su mentalidad ganadora. Se acopló rápidamente al grupo y logró tener una tranquilidad muy codiciada. Su carrera necesitaba separarse de San Lorenzo luego de casi 10 años donde vivió de todo: Campeonatos, titularidad, suplencias, acusaciones y un enorme vacío económico, porque tuvo un lapso en el que fue operado y estuvo 13 meses sin cobrar su sueldo y debió pagarse cirugía y recuperación.

Cuando surgió la propuesta de Estudiantes aceptó sin dudar. Llegaba a un equipo con pretensiones, que venía de ser Campeón de América y precisaba un arquero de jerarquía. Su condición sine qua non para buscar club se centraba básicamente en buscar un lugar “donde se pueda pelear por algo. De qué sirve ir a Europa y comerte seis goles por partido”, explicó alguna vez.

Su primer semestre fue bueno, como el equipo en general, pero el cierre le dejó la sangre en el ojo. El subcampeonato en el Clausura 2010 y la eliminación con Inter en la Copa fue toda una complicación, ya que el partido con los brasileños terminó a las trompadas y no pudo atajar la Recopa ante Liga.

Pero como el futbol da revancha, Agustín tuvo la suya. Fue campeón seis meses después de tamaña amargura siendo, además, la valla menos vencida del torneo con apenas 8 goles en contra. “Fue un torneo muy bueno. Me acuerdo que me hicieron sólo 8 goles y que éramos una  garantía por el bloque defensivo que armamos. Cuando salí campeón con Boca también tuve el record de valla invicta: me hicieron apenas 6 goles”, dijo, orgulloso, durante la entrevista.

Tras la salida de Sabella, la eliminación en la Copa de 2011 ante Cerro Porteño y un semestre a los tumbos, Boca se cruzó en la vida de Orión. Presentó una oferta irrechazable (1.3 millones de dólares más el préstamo de Christian Cellay) y fue transferido. “La otra parte increíble del vínculo que se formó con el público de Estudiantes es el cariño. Cada vez que fui a La Plata a jugar contra ellos, la gente me ovacionó. De hecho en el partido contra Racing me aplaudieron muchísimo y se los agradezco mucho”, afirmó. 

Y no es para menos. Su nombre integra el preciado sector al que sólo algunos privilegiados llegan: el de ser campeones con Estudiantes de La Plata.