Poderoso el chiquitín

Hace diez años, Simeone hacía debutar al pibito de La Carlota que, con apenas 17 años, clavó un cabezazo glorioso para ganar un partido increíble ante Newell's. Reviví aquella gesta en la que Estudiantes empezó a sentirse campeón.

18/11/2016 08:07 Noticias
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¿En qué momento un gol tiene olor a gloria? ¿Cuando se grita más con el corazón que con la garganta? ¿Cuando el reloj apremia y no queda tiempo para más? ¿Cuando se juega la fecha 16, estás a cuatro puntos del líder y vas perdiendo 1-0 en el minuto 44 del segundo tiempo? ¿Cuando ese pibito de 17 años que mandaste a la cancha a debutar, se alza con su metro 63 para meter un cabezazo inatajable, increíble, emocionante? Si es así, entonces, aquel 18 de noviembre de 2006, Pablo Piatti marcó uno de esos gritos que no se olvidarán nunca.

 Cuando Baldassi, el árbitro de otro partido épico en ese torneo (el 7-0), adicionó seis minutos, Estudiantes se envolvió en esperanza. En una esperanza que sólo el espíritu de ese equipo y de su DT era capaz de generar. Porque hasta ahí, el equipo había ido con insistencia sobre el arco de Newell's, pero no parecía la noche. Para colmo, sin público visitante por primera vez en ese torneo -casi un volver al futuro, o al presente-, el clima era hostil ("No se sentía nada, pero a la gente la llevábamos en el corazón y eso era suficiente para nosotros", dijo luego Verón). Pero el equipo del Cholo se convirtió, de repente, en un torbellino de furia. Acorraló al local, apareció Caldera para poner el empate a los 45 y, así, dejó limpitos esos 360 segundos extras que quedaban por delante.

 

Increíblemente, ese tiempo sobró. Tal era la furia futbolística de ese equipo, tal era su sed de triunfo y su hambre de gloria, que al minuto 49, el Tano Ortiz, sí, el Tano Ortiz, recibió de Sosa en la puerta del área, abrió para Pavone, que metió ese centro al corazón de todos los corazones. Y ahí apareció Piatti, para saltar más alto que su propia estatura, y mandar ese cabezazo a la red. Un grito que hizo estallar a miles de hinchas frente a sus televisores en La Plata. Uno de esos goles en los que cada uno siempre recordará qué estaba haciendo en ese momento y con quién. 

Después, lo que la mente nunca olvidará: el Cholo corriendo a lo loco en círculo como si fuera una calecita, un banco explotado de euforia y todos encima de ese pibito, hoy ya hombre, que nunca más en su vida olvidará aquella noche en Rosario. 

Aquella victoria por 2 a 1, aquel gol con olor a gloria derivó, por supuesto, en la gloria. Como pasó en el Apertura 2010 con el gol de la Gata, también de cabeza a Independiente, el de Piatti quedará marcado como esos goles que dan señales, que generan un quiebre, que alimentan el sueño, que fortalecen el corazón, que marcan a los equipos. Sobre todo, a los equipos con coraje, con valentía, con actitud, con fútbol y con hambre, como era aquél que se coronó campeón en el 2006.

"¿Sabés que le podés dar un título a Estudiantes, no?". Le preguntaron esa noche al pibe de La Carlota. Y él, con su inocencia, aún con acné juvenil, respondió sin saber lo que estaba por venir: "Con tal de que el equipo está bien y ganemos, yo estoy contento". Fue, al fin de cuentas, el artífice de ese pálpito del Cholo, que ni el DT supo explicar: "¿Por qué pensé en un chico de 17 años, casi amateur, para un partido que podía definir el torneo? Buena pregunta, muy buena pregunta...".