El día que la fe venció a la realidad

Se cumplen 10 años del triunfo ante Arsenal que le posibilitó al equipo de Simeone llegar a la final vs. Boca. El 10/12/06 quedará siempre en la memoria de los hinchas. La influencia del Cholo, uno de los goles más gritados de la historia y un pos partido impensado.

10/12/2016 11:10 Noticias
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“En la vida hay que creer. El que no crea que no venga. Tenemos chances todavía, así que debemos pensar en positivo y creer que Lanús le puede ganar a Boca”. La frase de Diego Simeone salió a borbotones. Con energía, convencimiento y una enorme dosis de confianza. No lo dijo porque la gente debía aferrarse a algo para salir a jugar la última fecha con la esperanza de forzar un desempate con Boca. Lo dijo porque estaba convencido.

Estudiantes llegó a la última fecha del Apertura 2006 3 puntos debajo de Boca. Argentinos Juniors le había empatado en tiempo de descuento con un gol de Gonzalo Choy, el ex jugador de Gimnasia. La única chance que existía para que el equipo del Cholo sea campeón era ganarle a Arsenal, que Boca pierda en la Bombonera ante Lanús y forzar una final por primera vez en la historia de los torneos cortos. Difícil que pase, ¿no? Sí, pero pasó.

Los dos partidos en la primera parte terminaron empatados: 0 a 0 en La Plata y 1 a 1 en la Bombonera que se preparaba para festejar el Tricampeonato tras un gol de Palermo de penal. Pero a pocos minutos del final, Graff, de cabeza, estableció el empate. La segunda parte encontró a un Boca tan nervioso como Estudiantes. El equipo de Lavolpe no daba pie con bola y Archubi aprovechó una gran jugada colectiva para marcar el 2 a 1. 

El milagro parecía tener una dosis de realidad pero el gol de Estudiantes no llegaba, hasta que a cinco minutos del final apareció Agustín Alayes para decretar el 1 a 0 y desatar una fiesta en la cancha. Tras un centro pasado, Orcellet –el arquero que había reemplazado a Cuena, lesionado- salió mal y Agustín puso la cabeza para entrar en la historia grande del Club. Los cinco minutos de adición sólo sirvieron para prolongar una fiesta que se trasladó a las calles de la ciudad y dejó en claro que el equipo tenía hambre de campeón.

 

Después la historia conocida. La discusión por dónde, cómo y cuándo jugar la final. La caótica venta de entradas. Los goles de Sosa y Pavone. Y el Título gestado en la fe y en el buen juego. Porque como dijo Simeone: “En la vida hay que creer. El que no crea que no venga”