Dejó todo

Disminuido fìsicamente, Verón jugó hasta donde pudo en un año en el que no paró. Esta imagen antes de Arsenal lo dice todo. Cuando salió, el equipo igual fue capaz de ser campeón.

12/12/2016 01:49 Noticias
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Pudo ser una señal, acaso un traspaso de mando en vivo, en el lugar de los hechos, en un momento, si se quiere, límite. La salida de Verón contra Arsenal , el mismísimo día de la consagración, puede leerse de varias maneras. Una, acaso la más objetiva, es que no fue egoísta. El mismo fue capaz de darse cuenta, en una situación en la que generalmente se piensa con el corazón caliente de que no estaba para seguir, de que su permanente influencia en el juego esta vez, o por lo menos en esos minutos, no era suficiente. Por otra parte, ese gemelo atacado por tres rottweilers al mismo tiempo le suplicaba el cambio. Ese músculo terminó desgastado por balancear la mala pose deportiva que provocaba su tobillo maltrecho. Antes del partido, lo muestra esta foto-documento, lo habían infiltrado una vez más. Así, en realidad, fueron casi todos los partidos de la Bruja en este Apertura: un calvario de paso previo por la camilla.

Ahora bien, ¿la salida de Verón pudo haber marcado un antes y después a la hora de un futuro no tan lejano? Parece difícil pensar que la Bruja lo imaginó así, tan bruscamente, en un momento de todo o nada. De hecho, minutos antes él había tirado en la cancha el resto de su físico para ver si una vez más podía conducir al equipo al triunfo, si ese esfuerzo extra le permitía irse del campo con una diferencia en el resultado que luego sólo se sostuviera. Pero al fin de cuentas, su cambio con el partido 0-0 y sin garantía de campeón a esa hora de la tarde, pareció decirle al resto, a quienes fueron sus lugartenientes en todo este tiempo, que tomaran el mando. Ellos solos debían decidir ahí mismo si eran capaces de la gloria sin su líder en cancha.

Si se trata de una lectura válida, si hay acaso una mínima posibilidad cierta, teórica, de que pudo haber sido así, de que Verón, disminuido en su físico pero agigantado en su inteligencia, quiso empezar a saber cómo sería el futuro de Estudiantes sin él en la cancha, el mismo día que se jugaba una nueva estrella, pues entonces se puede pensar que hay buena vida después de JSV.

Hasta es algo que él mismo alienta. “De a poco, esto debe transformarse en una rueda. De a poco, tendremos que ser menos dependientes de lo singular. Será importante que mañana nos recuerden como los que marcaron nuevamente el camino a seguir por quienes vengan detrás”, comentó en su habitual posteo con la página antifierro.blogspot.com. Es cierto que no habrá conclusión justa, precisa, apropiada, verdadera, hasta tanto la Bruja no decida entregar de hecho su cinta. Y no será en lo inmediato: dijo que iba a seguir jugando. Pero la respuesta del equipo, el liderazgo tomado por Desábato, Braña y Cía, son cuanto menos un precedente.

Lo que sí estaba claro (y ya es una realidad concebida) es que Verón tenía que ser parte de la estrella Nº 11 del Club. No podía este ciclo, quedarse en la puerta de ese número tan emblemático para la historia. En todo caso, hasta se lo puede ver como un homenaje para un apellido ilustre que le aportó a Estudiantes nueve de los 11 títulos que ostenta. Otro premio por dejarlo todo...

* Texto publicado en la edición impresa de Animals! Nº 51, especial Apertura 2010.