Zubeldía, de Estudiantes a la eternidad

Hace 35 años, en Medellín, fallecía Don Osvaldo. Ese mismo día, el Maestro se convertía en leyenda. Animals! repasa una joya de archivo: las 68 preguntas al mejor DT de la historia.

17/01/2017 10:37 Tapas
img

1) ¿Qué hubiera sido de su vida sin el fútbol?

-A veces me lo pregunto. Y no sé, no puedo imaginarme qué hubiese hecho. Por eso no entiendo a la gente que está en esto y dice que se aburre. ¿Cómo puede aburrir lo que más te gusta?


2) ¿Cuándo se dio cuenta que podía ser un buen técnico?

-La primera sugerencia sobre mis posibilidades en esta tarea me la hizo el señor De Riglos, presidente de Boca, en el 56, cuando yo era jugador: “Usted va a ser un gran técnico”, me dijo. Después, también en Atlanta, se me pidió que agarrara las Inferiores. Tenía 32 años y, como aún estaba jugando, no tuve mucho interés.


3) ¿Y cuándo se decidió?

-En el 59 empezamos a andar mal, el entrenador se fue y la dirigencia pidió entonces que se nombrara a un trío de jugadores para dirigir el plantel: Rocha, Colman y yo. A fin de año quedé libre y me vino a buscar Valentín Suárez para que siguiera jugando en Banfield. Creí que podía ser importante manejando el equipo desde adentro. Pero antes de terminar la primera rueda renunció Giúdice en Atlanta y me llamaron. Durante un tiempo jugué en Banfield y dirigí a Atlanta. Luego, ya en el 62, quedé sólo como DT.


4) ¿Alguna vez tuvo miedo de morirse en una cancha?

-Es imposible que yo me muera en una cancha. Si cuando yo estoy en la cancha siempre sé lo que va a pasar. ¡Cómo me voy a morir ahí! ¿Sabés dónde me voy a morir yo? En un hipódromo. Con los burros nunca se sabe…


5) Si en la cancha sabe lo que va a ocurrir, ¿qué es lo que más le cuesta de ser entrenador?

6) ¿Sabe a lo que no me puedo acostumbrar todavía, pese a mi experiencia? A ver que un jugador se lastima, sea de Estudiantes o de un rival. Y hay gente que piensa que yo mando a pegar patadas. Mi otro drama es tener que sacar a un jugador. Hasta mi mujer se da cuenta. Y no puedo dormir. A veces pienso que no tengo que hacerme tanto problema y proceder como en Europa: poner en un pizarrón los nombres que juegan y no dar ninguna explicación. Pero llega el momento, agarro la tiza y la vuelvo a dejar. Y ahí lo llamo al jugador aparte y le hablo como siempre.


7) ¿Qué es lo esencial que tiene que tener un entrenador?

-Ser justo. Incluir en el mismo trabajo a todos y demostrarles que uno hace el equipo sin interferencias. Siempre he tratado de mantener una conducta y por eso pienso que ningún jugador puede hablar mal de mí. Aunque también pienso que ellos tampoco tienen nada que agradecerme, porque la única manera de retribuir lo que yo puedo hacer por ellos es que salgan a la cancha a jugar bien y ganar.


La última foto antes de su muerte.



8) Suele decirse que lo más difícil para un técnico es lograr que los jugadores le crean, ¿a usted le creen?

-Sí, y no sólo los de Estudiantes. Los jugadores del fútbol argentino creen en Zubeldía. Se lo digo sin jactancia, no tengo que sacar patente de modesto a esta altura. El jugador cree en mí porque sabe que yo no lo engaño. Que conmigo no corre el riesgo de salir a jugar al bardo. Que si yo le doy un libreto, al jugador le conviene porque le simplifica la vida. Y que sólo le exijo lo mismo que le brindo yo: trabajo. Pero no me limito a pinchar un papel en la pared, dibujar el plano de la cancha y hacer crucecitas y flechitas con un marcador. Explico en la charla lo que pretendo, pero después, en la cancha, lo practicamos hasta que nos caemos de cansancio.


9) ¿Considera que sus formas revolucionaron el fútbol argentino?

-Cuando llegué al fútbol estaba todo inventado. Lo único que hice fue sistematizar las experiencias recogidas, trabajar muchísimo, vivir para el fútbol siete días por semana, exigir, dar el ejemplo todos los días del año y aplicar todo eso en beneficio de mis jugadores. Pero mis jugadores son los que el club pone a mi disposición. Y yo tengo que actuar en base a ellos. Si yo tuviera tres virtuosos como Verón jugaría distinto. Y si tuviera a Perfumo o a Marzolini como defensores, posiblemente me tomaría libertades que no me puedo dar con la defensa de Estudiantes. Y conste que considero al jugador de Estudiantes el mejor y el ejemplo de lo que debe ser un profesional en el fútbol.


10) ¿Qué piensa cuando le dicen que usted fabricó al campeón del mundo?

-Que al campeón del mundo lo fabricaron los jugadores y yo ayudé. Tengo los pies sobre la tierra.


11) ¿Y cuando dicen que ese equipo era defensivo?

-Mire, una vez vino un periodista brasileño y me preguntó: ¿Cómo se las arregla Estudiantes de La Plata para salir campeón de América tres veces y ganar una Copa Intercontinental si todos lo acusaban de ser defensivo? Le dije: “Mi amigo, se está contestando solo…”.



12) ¿Pero qué siente?
-  Que están confundidos. Estudiantes no era un equipo defensivo. Era una fuerza de contraataque, que es distinto. Este sistema ha rendido en favor del conjunto. No sólo en resultados, sino también fue del agrado de los jugadores. Fíjese que Estudiantes nunca se caracterizó por amontonarse dentro del área. Hemos mantenido posiciones en todo el campo. Hemos controlado al adversario en todas partes. Esa no es una fórmula defensiva. Es un sistema que llega a inhibir al equipo contrario por una sola razón: en todas partes del terreno hay jugadores de Estudiantes.


13) También lo trataron de equipo aburrido.

-Será aburrido, pero en la cancha rinde. Además, no creo que con un equipo fuerte, veloz y con objetivos definidos, pueda aburrir a la gente. Es posible que en determinado partido las cosas no hayan salido brillantemente. Eso ocurre con todos los conjuntos. Pero, generalmente, Estudiantes ha jugado un buen fútbol. Y el buen fútbol no puede resultar aburrido para quienes gustan de este deporte.


14) ¿A usted le gustaba cómo jugaba ese equipo?

Los resultados son la única verdad del fútbol. Y el fútbol que jugaba ese Estudiantes era el que a mí me gustaba. Ni Estudiantes-equipo ni Osvaldo Zubeldía tuvieron vergüenza de salir a marcar a determinado jugador si ese jugador justificaba con su juego que así fuera. No teníamos por qué dar ventajas. El lirismo es muy lindo. Yo también fui lírico cuando venía de Junín para ver las exhibiciones de La Máquina, me volvía loco cuando Loustau frenaba y arrancaba en una baldosa. Pero el lirismo necesita sustentarse en triunfos. Si usted juega bien y pierde el lirismo se termina a la tercera derrota.


15) ¿De Estudiantes muchos hablaron por hablar? ¿Por envidia o por bronca?


-Siempre se dicen cosas y generalmente, quienes les dicen tocan de oído. En principio, yo nunca llegué a ser campeón en Argentina, en América y en el Mundo como los jugadores de Estudiantes. Apenas fui subcampeón con Vélez en el 53 y al año siguiente estuvimos peleando el descenso. En segundo término, yo nunca jugué sucio, si interpretamos por jugar sucio el hecho de golpear o lastimar al contrario. Como jugador nunca lastimé a nadie. Y como técnico, nunca mandé a pegar patadas. Mientras el partido fuera parejo, jugué lealmente. Si veía que los rivales me superaban físicamente, trataba de enredar el juego, quebrar el ritmo, demorarlo. El fútbol es para vivos.

16) Pero eso puede esconder un espíritu tramposo…

 -No. El mismo Pelé, que era un fenómeno, trataba de conseguir ventajas especulando con ser Pelé. Por eso fue un fenómeno. Cuando Pelé se tiraba para que le cobren penal, ¿dejaba de ser Pelé? No. Está explotando a su favor la fama que tiene para sacar una ventaja. En mis tiempos lo hacía Labruna, que fue un jugador fabuloso. ¿Y cuántos partidos ganó River con los penales que fabricó Labruna? Cuando Pelé reaccionaba mal y golpeaba, siempre se las ingeniaba para aparecer como víctima. Eso no es ser tramposo. Es ser vivo.

17) Vuelvo a una pregunta anterior: ¿por qué Estudiantes, a pesar de todo lo que ganó, llegó a convertirse en un equipo antipático para algunos?

-Suele pasar que los contrarios te miren con simpatía, que hasta te digan: "Pobre", cuando no pegás una. Pero cuando uno empieza a ganar ya no te tienen más lástima. Y también se termina la simpatía. Y eso pasó con Estudiantes: directamente empezaron a odiarlo. Y me parece bien. Yo siempre le dije a mis jugadores: “Mientras sigamos en el candelero, que nos odien”. Era el precio que teníamos que pagar por ver felices a los hinchas de Estudiantes, que durante mucho tiempo se conformaron con que su equipo jugara lindo pero los triunfos fueran ajenos.


18) Le pasó con Los Profesores, justamente.

-Es cierto. Muchos hinchas vivieron añorando los tiempos de Los Profesores, los bailes que daban Zozaya, Ferreira, Scopelli... Se llenan la boca hablando de aquel Estudiantes que daba espectáculo pero que nunca pudo salir campeón. Sin embargo, esos viejos hinchas de Estudiantes se llenaron de orgullo cuando su cuadro ganó el Metropolitano, la Copa del Mundo y consiguió lo que nadie en América: tres copas Libertadores seguidas.


19) ¿Su equipo marcó una época?

-Sin dudas. Marcó una época para mí brillante del fútbol argentino, como ante lo había hecho La Máquina de River. Tengo derecho a seguir pensando que ese Estudiantes se adelantó a su época. Además, de una cosa estoy seguro: ojalá pudiera hoy volver a dirigir once jugadores como aquéllos.


20) ¿Fueron los mejores hombres que dirigió?

- Usted no sabe los muchachos que yo tuve. Mire, le juro que muchas veces pensé que no me iba a poder ir nunca de Estudiantes, porque esos tipos me habían acostumbrado a su forma decente de actuar y que si me encontraba después con gente distinta quizás no iba a saber qué hacer.


21) ¿Era un equipo que se jugaba la vida por su club y su entrenador?
-Yo le voy a dar un ejemplo. Cuando las cosas no nos salían como antes, Madero una vez me llamó para hablarme aparte: “Osvaldo, Estudiantes tiene que volver y usted tiene que darnos con un fierro para que volvamos a ser lo que fuimos. Y no me importa que el fierro me toque a mí”. ¿Qué me dice? ¿Dónde encuentra tipos así? Vio el amor propio que tenía Aguirre Suárez. Se jugaba la vida en cada partido. Esos son los que sirven. ¿Qué le parecía Bilardo? Metía pierna en Estudiantes, en cancha de Boca, en Manchester, adentro de un horno si es necesario. A los ventajeros no los quiero. ¡A esos sí que los echo!


22) ¿Alguna vez tuvo ese problema?

-Yo tengo las cosas claras. Para mí, por ejemplo, el jugador que no quiere marcar es un vago. En general, el futbolista debe aceptar el plan de trabajo que le presenta su técnico y éste, a su vez, no debe cambiar las características de cada jugador. Yo nunca le dije a Manera que no pase al ataque y que se quede a marcar. A Malbernat, que no sabe atacar, le exigía más en la marca. Lo mismo a Pachamé. Yo no le prohíbo nada a nadie que sea ofensivo. Pero hay una verdad categórica, que me demuestran que atacan los que saben.


23) ¿El jugador tiene que estar preparado para jugar pero también para luchar?

-Mire, yo sé que todavía hay mediocres que le ganan a los talentosos. ¿Y sabe por qué pasa eso? Porque esos talentosos son vagos, no trabajan, no luchan. Si el jugador de talento está preparado para luchar, ningún mediocre le podrá ganar.


 24-¿Y la táctica qué factor cumple en esta historia? ¿Puede la táctica vencer al talento?

-Yo sigo pensando que el técnico es responsable de ordenar la táctica con que un equipo sale a jugar, pero corresponde al jugador salir y escapar de esa táctica si ve que durante el juego no da los resultados conversados. Para que una táctica sea válida es imprescindible que hay nacido del diálogo técnico-jugador.


25) Pero la rebeldía siempre es necesaria…

-Siempre. Mire, yo puedo indicarle a un puntero los defectos de su marcador, pero si después en la cancha no lo puede pasar, ¿para qué me sirve que insista en hacer lo que hablamos? Ese jugador tiene la obligación de ir a buscar por otro lado. Es su responsabilidad intentarlo. El peor error que puede cometer un técnico es cortar la inspiración de sus jugadores.


26-¿Eso era lo que tenía Estudiantes: que había un convencimiento entre lo que usted decía y lo que los jugadores hacían?

 -Sin dudas. Siempre lo dije: el día que alguien consiga que los 11 jugadores de un equipo se metan en la charla técnica, participen, discutan, ese equipo será invencible. De lo contrario, si un jugador contesta sí porque sí, sin estar convencido del objetivo, se está haciendo un mal a él y les está haciendo un mal a sus compañeros.





27) Pero habrá un día en que todos hagan lo mismo, que cada uno sepa cómo juegue el otro. ¿Y ahí qué pasará?

-Eso es cierto. Lo pienso cada día. Llegará un momento en que todos alcanzarán el mismo nivel táctico-estratégico. Y cuando llegue ese momento, sigo creyendo lo mismo que en las respuestas anteriores: ahí se impondrá el desequilibrio de los buenos jugadores. Aunque siempre digo que una buena fábrica funciona mejor con un buen jefe.

28) Entre otras cosas, ¿usted siente que con su metodología de trabajo logró valorizar el rol del entrenador?

-Yo siempre digo que lo más grave que le puede pasar a un medio como el nuestro, que por lo general imita al ganador de turno, es que salga campeón un cuadro de vagos. Porque es un ejemplo perjudicial para todos: “Si éstos salieron campeones entrenándose poco, quiere decir que no hace falta sacrificarse”, van a decir. Y es el revés. Por eso yo quiero que ganen los que juegan bien y aparte se sacrifican por el equipo, trabajan durante la semana.


 29) ¿El tiempo también le dio la razón en que había que estudiar al rival?

-Simplemente voy a decir que ningún técnico que se considere serio puede sacar a su equipo a la cancha sin saber cómo juega su adversario.


30) Su Estudiantes, además de conocer todos estos detalles, ¿tenía un libreto para diez y otro distinto para Verón?

 -Sí, yo a Verón era el único que lo dejaba librado a su inspiración. Pero si hubiese tenido dos, tres o diez jugadores de calidad, aunque no sean Verón, jamás hubiese sido  tan cerrado de obligarlos a un tipo de juego que no es el conveniente. El sistema a utilizar lo dan los propios jugadores.


31) ¿Qué sensación le provocaba que Verón a veces se fuera del partido?
-Sí, a veces Verón se iba del partido, como si no lo viviera, como si estuviera en otro lado. Todo el equipo sufría con sus desniveles de un partido a otro. A veces, en el mismo partido, estaba ausente durante 70 minutos. Pero cuando se presentaba era capaz de hacer cualquier cosa. Algunos creían que era apático, que no vivía la responsabilidad del partido. Y no es cierto: era un buen compañero. Y cuando un tipo piensa en los compañeros ese tipo piensa en el equipo y es responsable.


32-Muchos también decían que no le gustaba la fricción.

-Y que le escapaba a los goles. Pero tampoco es verdad. Un jugador que tiene miedo no es capaz de hacer lo que él hizo en un partido ante Central. Le dieron un golpe bárbaro y terminó el primer tiempo con la canilla a la miseria. Cualquier otro en su lugar hubiese pedido el cambio, yo mismo se lo ofrecí. “Vea, yo no quiero héroes en el equipo sino jugadores enteros. Si no está para jugar, lo cambio”, le dije. Silencioso como es él, me dio a entender en un par de palabras que seguí. Entró en el segundo tiempo y los mató.


33-¿Usted supo cuidarlo y aprovecharlo como nadie?

-Mire, alguna vez a Verón lo tuve que mandar de wing derecho para que no lo desmoralizaran con los gritos. Después, logró lo que le faltaba: continuidad, seguridad para hacer lo que sabe. Aparte siempre fue humilde. El no podía ignorar que era el astro del equipo. Y eso se notaba en cualquier lugar al que íbamos a jugar, porque la gente lo buscaba a él. Y se prestaba a firmar autógrafos, a contestar preguntas. Pero todo como si se avergonzara, como si esa predilección del público fuera un desprecio para sus compañeros. Además, él trabajaba mucho en la semana, hacía cualquier ejercicio que le pidamos, cualquier jugada que inventemos. Eso también es humildad. Y pensar que una vez alguien propuso dejarlo libre.

 34) ¿Cuándo?

-En el 70, una persona les hizo llegar sus ideas a los dirigentes para mejorar el equipo. Y les propuso dejar libre a un montón de jugadores, entre ellos a Verón. Cuando un dirigente me lo contó, le dije: "Si dejan libre a Verón, perfecto, me lo compro yo”. ¿Cómo era posible que no se dieran cuenta de lo que significaba Verón? Para Estudiantes era como Pelé para el Santos.



 35) Además de Verón, ¿qué otro jugador no tan visto por el resto lo sorprendió?

-Para mí Togneri fue una de las mejores compras que hizo ese Estudiantes. Ha jugado atrás, en el medio, adelante y sin protestar nunca. El sabía que muchas veces perdía el puesto al ir a otra plaza, pero jamás dijo una palabra. Cuando tuve que anular a Bobby Charlton, él lo tapó. Luego lo metí marcando la punta y rindió fenómeno. ¿Cómo no me voy a quedar satisfecho con un jugador así? “Yo soy profesional y juego donde usted mande”, me repetía cuando lo necesitaba. Yo le cierro la respuesta con otra pregunta. ¿A qué más puede aspirar un técnico?


36) ¿Cómo nació la jugada del offside, que también marcó una revolución en el fútbol argentino?

-De una charla. Un día vino Luis Cardozo, aquel gran zaguero de Independiente y Boca, y me dijo: “Osvaldo, anoche vi a Boca y el Bratislava y los checos hacían una jugada sorprendente: cada vez que tenían un tiro libre en contra dentro de su campo, se adelantaban todos juntos y dejaban a los delanteros de Boca en offside”. De inmediato la empezamos a practicar en Atlanta y al poco tiempo la hacíamos a la perfección, hasta con pelota en movimiento.


37) También fue un recurso muy criticado en su momento. ¿Por qué?

-Porque muchos la consideraron una táctica defensiva. Pero no es así. Al contrario: sirve para que la defensa no se encajone en el fondo y el equipo no le regale la cancha al adversario. Eso sí, era muy útil, pero también peligrosa.


38) ¿En qué sentido?

-Era útil por eso mismo, porque cuando el equipo era asediado o se cansaba, podía levantar el asedio y defender sin desgaste físico. Pero también es peligrosa porque el defensor se acostumbra a la vida cómoda y en vez de correr da el paso al frente y levanta la mano. Por eso yo muchas veces pedía que sólo la utilizáramos en los casos de necesidad o en situaciones muy claras, como los tiros libres.


39) ¿Cuándo empezó a trabajar las jugadas preparadas de pelota parada?

-Las primeras jugadas de tiros libres las hicimos con Carlos Griguol, Artime y Gonzalito. Fuimos ensayando varias fórmulas. Inicialmente hacíamos una donde un jugador entraba en diagonal y cuando alguien iba a tirar, arrastrando la marca, por detrás de él aparecía otro, quien entraba solo para ser habilitado. Yo ya pensaba que en esa época en Europa se hacían muchas jugadas del tipo.




40) Y tuvo razón.

-Un día, el periodista Pepe Peña me dijo que había visto en Inglaterra que los córners eran ejecutados con la pierna opuesta a la punta desde donde se tiraban. Es decir, de la derecha se pateaba con izquierda y desde la izquierda, con derecha. Nos tocaba un partido con Independiente y resolvimos aplicar ese sistema. Ganamos 4 a 2 y en dos tiros de esquina que ejecutamos se produjeron dos penales.


 41) ¿Y todos empezaron a copiarlos o tardaron?

-Nos copiaron enseguida. Pero no se daban cuenta de copiar los movimientos de los otros jugadores. Quién iba a la derecha, quién salía del área. En Estudiantes teníamos grandes ejecutores como Verón y Madero. Pero el movimiento del equipo era lo que favorecía tantos goles en jugadas con pelota detenida. No se dependía exclusivamente de la pegada.


42) Otra vez también influía la inteligencia del jugador para romper lo armado.

-Como en todas las cosas. Es quien modifica el detalle que perfecciona la maniobra. En Estudiantes nos pasó que llegó un momento en el que vimos que ya no sorprendíamos con el córner pasado y Verón con Ribaudo empezaron a hacer eso de tirar al primer palo, para que uno cabecee hacia atrás y otro llegue para el gol.


43) ¿Qué hacían los rivales ante todo eso? ¿Se resignaban?

-¡Usted tenía que verlos! Agachaban la cabeza e iban a marcar al lado del arco para que no les hagamos la jugadita preparada. Eso nos dio pie para buscar otras jugadas. Siempre tuve claro que como nosotros habíamos sido los iniciadores, teníamos que ser lo primeros en evolucionar y encontrar otras formas de tirar córners, de trabajar en la cortina defensiva, en los cambios de frente. Ese fue nuestro otro plan ante eso.


44) Hacer que los jugadores también piensen.

-Así es. Siempre buscar una distinta. Así salió otra, que Madero tirara con chanfle y en el momento del remate picaran tres en diagonal para llevarse la marca y así dejar el callejón para un hombre que viene de atrás. En Estudiantes cada uno sabía lo que tenía que hacer, cada jugador conoce los detalles y nada queda librado al azar.


 45) ¿En algún momento generó una mala costumbre para el equipo? Entrar en la rutina del gol de pelota parada…

-Yo llevaba la estadística. Y llegamos a tener el 85% de los goles productos de jugadas preparadas en córner o tiros libres. Y sí, en eso también nos acostumbramos al menor esfuerzo. Confiábamos en el córner o en el tiro libre para salvar nuestra falta de gol. Pero era una prueba de lo importante que era mecanizar ese tipo de ejecuciones, le dio mucho más valor a nuestro trabajo de años.


46) ¿Fue muy cabulero?
-En cada partido que perdíamos rompía una cábala.

 

47) ¿Hubo alguna situación como jugador que lo marcó para luego tomar decisiones como técnico? 

-En el 53, jugando para Vélez, hubo un momento en que las cosas no salían bien y la gente pedía que yo entrara más al área. Hubo una reunión para charlar al respecto antes de un partido y Victorio Spinetto, el técnico, me dijo delante del resto que me fuera adelante con todo, que tenía que ir al gol y esas cosas. Me quedé sorprendido, porque yo en el mediocampo era donde más rendía. Pero cuando íbamos por el túnel hacia la cancha don Victorio me paró a mí solo y me dijo: “Si pasás la mitad de cancha, te mato…”. Son mensajes que a veces el técnico le tiene que dar a los demás.


48) ¿Y qué otras cosas aplicó en ese sentido?

-Una muy importante, que siempre apliqué: que un técnico debe cobrar siempre lo mismo que sus jugadores en lo que hace a premios. Pese a los títulos que ganamos, nunca Estudiantes me pagaron un peso de más en ese concepto. Ni tampoco aceptaría un contrato con premio extra por título ganado. Siempre he estado y estaré a la par del resto. Ellos tienen confianza en mí y yo, por supuesto, confío en mis jugadores. Es la forma de respaldamos mutuamente.


49) Al respecto, ¿está bien que los jugadores echen a un DT cuando éste no les sirve?

-Yo creo que es justo. Siempre se los dije: "Cuando yo les demuestre que no sirvo, que les hago perder plata, son ustedes los que me tienen que hacer echar". Porque yo me voy a otro equipo y se terminó el problema. Pero los jugadores siguen atados a un club y si tienen que jugar la reclasificación o irse al descenso, se desvalorizan, no cobran y se terminan perjudicando.

50) -¿Aceptaba que los jugadores lo criticaran si es que tenían alguna razón para hacerlo?

-Una vez, cuando agarré San Lorenzo, le dije al plantel: “A mí no me preocupa en lo más mínimo que ustedes digan por radio, televisión o en los diarios todas las críticas que yo merezca. En ese sentido les doy absoluta libertad. El técnico tiene que ser un poco padre de los jugadores. Por eso, si aparece un comentario que me duele o molesta, no tengo que salir a contestarlo sino aceptarle como un golpe, como una parte de trabajo. Nunca apliqué multas. El técnico que las cobra esta reconociendo que la autoridad se le va de las manos.


51) ¿En algún momento tuvo la sensación de que lo sabía todo?
-Hubiese sido un pobre tipo si habría pensado así. Entiendo que siempre he tenido suerte, pero yo traté de ayudarla con gran dedicación al trabajo. En Estudiantes jamás falté a un entrenamiento. Y esa dedicación me ayudó a ser lo que fui.


52) ¿Después del escándalo en la final contra el Milan pensó que era el final?

Sí, lo pensé. ¿Por qué negarlo? Lo que ocurrió contra el Milan nos destrozó a todos. Yo mando a marcar encima, a apretar en toda la cancha, pero nunca a golpear. Ante todo voy a respaldar a mis jugadores, como lo hice con Manera, Aguirre Suárez y Poletti. Yo soy el responsable por ellos. Pienso que estuvo bien castigarlos, sancionarlos, pero de ninguna manera privar a un jugador de seguir una carrera, como quisieron hacer con Poletti.


53) ¿Qué sintió cuando en ese momento todos lo culpaban a usted?

-Sé que para muchos fui el gran culpable de lo que pasó. Y hubo mucha gente, incluso periodistas, que me acusaron de preparar a los jugadores par la violencia, para la agresión. No es hora de quitarme responsabilidades, porque estuve con mis jugadores en las buenas y estaré más en las malas. Pero hubo acusaciones que deformaron la verdad. Nadie sabe lo que yo hice en el entretiempo.


54) ¿Qué hizo?

-En el descanso, después de esa reacción que nos llevó a ponernos 2 a 1, los reuní en el vestuario y los felicité por haber absorbido y superado ese gol sorpresivo que nos ponía 4 a 0 en la serie. Y les insistí que nuestro negocio era jugar tranquilos. Buscando con fe, pasando al ataque, pero sin desesperarlo. ¿Cómo iba yo a darle instrucciones de golpear si los teníamos casi entregados?


55) ¿Y por qué cree que pasó lo que pasó después?

-¿Cómo lo explico? Ustedes saben que a veces el alcance de una indicación puede ser limitado. Cuando el jugador entra a la cancha, no puedo dominarlo a control remoto. Me quedé ronco gritándoles que se tranquilizaran, que ganando bien, aunque perdamos la Copa del Mundo, ya habíamos cumplido. Al final, cuando salió Bilardo lesionado, él también gritaba conmigo pidiéndoles serenidad. Pero en el entretiempo yo me había dado cuenta de algo. Y por eso les pedí tranquilidad.


56) ¿Qué notó?

-Que el equipo se había enfriado. Y por eso los hice salir a los diez minutos, para que volvieran a entrar en el clima de final del primer tiempo. Pero ese enfriamiento hizo que nos ganaran los nervios. Y a veces los golpes no son producto de la mala intención sino de la impotencia.


57) ¿Pensó en renunciar después de ese partido?

-No, en ningún momento. Esa noticia fue inventada por la gente que me quiso vender hundido. Renunciar hubiese sido una cobardía. Y yo nunca abandoné a mis jugadores. Siempre morí con ellos.





58) Y lograron salir.

-Mire, en Estudiantes hubo problemas, como en todos los equipos. Con la diferencia de que nosotros los discutíamos, en voz alta si era necesario. Pero siempre entre nosotros, sin interferencias de ninguna especie. Y siempre encontramos la solución. Y eso nos unió más como grupo. Golpes como la final con el Milan, que hubiese volteado a cualquiera.


59) ¿Qué hizo que ese ciclo tuviera tanto tiempo de permanencia en el éxito?

- Demostrar que un equipo que tenía tantos buenos jugadores como Estudiantes no podía terminarse rápidamente. Puede, sí, haber un momento determinado de bajón. Pero lo importante, cuando se llega a lo más alto, es no marearse. Sobre todo quienes tienen la obligación de ser los conductores del grupo. Marearse es lo peor que le pueda pasar a una persona. Si en determinado momento nos sucedió, lo solucionamos charlando y poniendo las cosas en claro. Y por eso seguimos.


60) ¿Es difícil para un técnico lograr esa permanencia también?

-A veces ocurre que los hinchas empiezan a aburrirse de ver siempre la misma cara. Pero si los resultados ayudan, el panorama no varía. Todo depende del técnico. Yo entiendo que si uno trata de buscar soluciones, de realizar cambios para mantener el nivel del equipo, está cumpliendo con su misión. Pero el veredicto lo da el público que ve que el cuadro no anda y reacciona. Y si reacciona contra mí, pues entonces habrá llegado la hora de mi alejamiento. Yo pienso así.


61) Muchas veces en Estudiantes se habló de fin del ciclo, ¿es la gente la que lo determina con su reacción, entonces?
-Los ciclos se terminan cuando uno deja de estar y se entrega. Y el jugador de Estudiantes difícilmente se entregue así nomás.


62) ¿Qué opinión tiene de alguien que fue su ladero en el trabajo: el Profesor Kistenmacher?

-Que es un FENOMENO. Así, en mayúsculas y sin comillas.


63) Después de haber dirigido tantos equipos, ¿qué piensa? ¿En un equipo ideal se necesitan uno o más caudillos?

-Cuanto más caudillos existan en un equipo mucho mejor. Yo me remito al Estudiantes de su hora más gloriosa. Estaban el grito, el temperamento, el mando de Pachamé… La reflexión y el análisis de Madero… La fogosidad y la fuerza de Cacho Malbernat… La garra y el temple de Aguirre Suárez… Todo el ingenio de Verón… La astucia y la chispa de Bilardo… La gravitación de Conigliaro… Todos eran caudillos a su manera. El problema del jugador argentino a veces es otro.


64) ¿Cuál?

-Que es demasiado apegado a la ley del menor esfuerzo. Creo que los técnicos tienen bastante culpa de eso. Yo no me incluyo en esa lista, porque siempre quise hacer gol. Y no me limité a decirlo: fui al campo y lo hice. Me acusan de ser un técnico defensivo, destructivo, enemigo de la creación, de fabricar jugadores robots. Y resulta que en el campo vivo practicando jugadas de ataque para aprovechar todas las posibilidades de marcar goles.


65) Así como el trabajo de un técnico influye sobre la economía de sus jugadores, también lo hace sobre la economía de los clubes. ¿Es otra responsabilidad no contemplada que tiene el DT?

 -La vida de los clubes depende de que el equipo de fútbol anda más o menos bien ubicado en la tabla, lo suficiente para arrastrar a su público y generar buenas recaudaciones. Si un cuadro no anda bien en la tabla, la gente no quiere ir a ver al equipo. Y si la gente no va a verlo, no se recauda ni un peso, la caja del club se vacía. Entonces, si yo como técnico me preocupo primero por el resultado, ¿qué me pueden criticar? Yo estoy dentro de esa cadena.


66) ¿Podría decirse, entonces, que el éxito de aquel equipo también ayudó a la economía de Estudiantes?

-En ese tiempo, el Club compró el Country en 120 millones de pesos. Ahora vende algunos lotes y saca dos mil millones. ¿Y ustedes creen que sin los triunfos futbolísticos habría reunido los primeros 120 millones? ¿Por qué no hizo esa evolución Gimnasia? Dicen que los jugadores se llevan todo lo que producen. Y yo les aseguro que no es así. Los socios pagan una cuota y tienen derecho a usar todas las instalaciones del club. Y si usted le pide un aporte extra, se arma el gran lío. Cuando salimos campeones de América Estudiantes cobró un adicional para el partido siguiente y los socios protestaron. ¡Qué ingratos! Se quejan porque se les pide un adicional una vez al año y los triperos pagan toda la temporada y no salen nunca campeones.


67) Hay momentos, situaciones, circunstancias, que cambian la vida de las personas, ¿haber llegado a Estudiantes provocó eso en usted?

-Tres meses antes de que me contrataran estuvo a punto de incorporarme a Nacional de Montevideo. Allí viajé con el doctor Garbarino, mi asesor, y no llegué a un acuerdo por una diferencia de cinco mil pesos uruguayos. ¡Lo que son las vueltas del fútbol! Luego me tocó enfrentar a ese equipo en una final de América. Creo haber respondido.


68) Muchos siempre lo acusaron de trabajar pero hablar demasiado. ¿Es así?

-Es cierto. Hablo demasiado. Pero es un defecto incorregible. No hablan los egoístas, los que no tienen nada que decir o los que no saben nada. Yo hablo porque sé. Y cuando sé algo, soy generoso. No me gusta guardármelo para mí solo...