El Chavo del 38

Desábato, que hoy cumple años, ya está en la historia como uno de los jugadores más longevos del Club. Sus inicios como carrilero, sus amigos en el fútbol, su mejor partido, cuando Madelón le quiso regalar a uno de sus hijos una camiseta de Gimnasia y cómo Vivas lo ayudó en su principal virtud, en esta nota.

23/01/2017 13:13 Tapas
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--¿Qué significa Estudiantes en tu vida? 

--Algo muy importante. Me marcó mucho en estos últimos tres años.

--Si no fueras jugador, ¿qué serías?

--Es muy difícil saberlo. Estudiar no me gustaba, me costaba. Seguramente habría trabajado con mi viejo, con los camiones en el campo.

--¿En qué otro puesto podrías jugar?

--Jugué en todos los puestos; de carrilero por izquierda, de cinco… Pero a la vez que pasaron los años me fui haciendo más duro y terminé de seis, aunque cuando era más chico era tres.

--Si Delorte fue delantero, tranquilamente vos podrías serlo.

--Cuando era pibe jugaba de delantero, pero me gustaba más ir al medio, porque ahí podía tener más contacto con la pelota; de cinco o de volante por izquierda. Cuando estuve en Newell’s, a los 12 o 13 años, jugué de carrilero por izquierda. A esta altura se me haría difícil ser delantero porque no me acostumbro a tener alguien atrás.

--¿Quién es tu amigo en el fútbol?
--Varios: el Flaco Alayes, el Chino Benítez, el Chapu Braña… Tuve la suerte de estar varios años con ellos e hicimos amistades de familias. También tengo buena relación con un montón, que no voy a nombrar porque sería interminable. También soy amigo de Lautaro Trullet.

--¿El mejor equipo que integraste?

--El de Estudiantes, sin dudas. El de Quilmes, el que hizo 60 puntos, también era un buen equipo, aunque jugaba a otra cosa. Estos años en Estudiantes fueron los mejores, claramente.

--¿El mejor que viste, excluyendo a Estudiantes?

--El River del 95-96, el Boca de Bianchi, que era efectivo y sabía a lo que jugaba.

--¿Y este de Estudiantes es mejor que aquéllos?

--Sí, no tengo dudas. Sabe a lo que juega, juega bien, va hacia adelante, crea muchas situaciones de gol; no juega de contra, el de Bianchi sí; en todos lados juega de la misma manera. Todo sin ser River ni Boca, a los que les permiten hacer alguna cosita más.

--Muchos hinchas de Estudiantes, incluso algunos periodistas, pensaron que el equipo de Simeone era insuperable. ¿El de la Copa lo superó?

--Sí, lo superó porque ganó la Copa. Y en juego, yo tuve la suerte de jugar los últimos siete partidos; en ese entonces jugaba con un 3-4-3, un esquema que me gustaba mucho, pero es cierto que tenía los jugadores, porque estaban Salgueiro y Piatti que presionaban a los laterales y permitía atacar continuamente. Era un equipazo, daba gusto verlo. En la época en la que no estaba lo miraba por televisión y daba gusto, sabía que iba a ganar siempre, aunque fuera perdiendo.


--¿Tu mejor partido?

--Es difícil. Suena feo, pero he tenido buenos partidos, no sé puntualmente cuál. Quizás con el Inter en Porto Alegre, pero hay otros. No juego nunca para 10, pero sí para 6 o 7.

--¿Y el peor?

--Contra Central en Arroyito, aquella primera fecha con Sensini. Iban 20 minutos y perdíamos 2 a 0, estábamos jugando un desastre todos. 

--Excluyendo a Sabella, ¿cuál fue el mejor técnico que tuviste?

--Un técnico que me marcó fue el Cholo. Me dio ese plus que me estaba faltando para terminar siendo un jugador de fútbol y consolidarme en la Primera de Estudiantes. Todo el cuerpo técnico; Nelson Vivas conocía el puesto y me hablaba mucho. A partir de ahí hubo un cambio. Alejandro (Sabella) me hizo crecer mucho dentro y fuera de la cancha, a todos.

--¿El técnico que más te sorprendió?

--El Cholo y Alejandro.

--¿El mejor jugador del fútbol argentino?

--Verón, sin dudas. Lejos. Es diferente, es un jugador que no juega en un sector de la cancha, que resuelve cualquier situación en cualquier lugar de la cancha; es muy inteligente, muy inteligente. Disfruto mucho jugando con él, soy un afortunado. Siempre recalca que lo más difícil en el fútbol es hacer lo más fácil; tocar de primera, jugar a un toque. Y él lo hace todo fácil.

--¿El mejor en tu puesto?

--Samuel. Es el mejor defensor porque es defensor. Hay jugadores que juegan de defensores y no son defensores. A mí, personalmente, no me gustan los defensores que salen jugando.

--¡¿Cóooomo?!

--No me gustan. Es así. El defensor está para marcar, para quitar y dar el pase a un volante. Ese es el bueno. El defensor que te juega un partido para 10 y otro para 3 no sirve. A mi criterio. Samuel es muy, pero muy eficaz en la marca.

--¿Tu principal virtud?
--Trato de ser ordenado, de darle un equilibrio al equipo. Con los años aprendí a marcar en ataque, y eso me lo enseñó Nelson Vivas. Es importante pero difícil.

--¿Acaso tu mejor virtud no sea tu fortaleza anímica y temperamento?

--Me considero fuerte de la cabeza, y es importante. Después, tengo esas dos o tres cositas que requiere el puesto: buen cabezazo, voy al área de enfrente a ganar y trato de no cometer errores tontos. Hoy en día se ven muchos errores tontos por querer salir jugando o por no tirarla a la tribuna. Yo, si me veo complicado, no tengo problemas en tirarla a la tribuna.

--Y te jactás de ello.

--Por más que quede feo o que el hincha diga “qué ordinario”, no me importa; estoy para defender y me vuelvo loco cuando me hacen un gol.

--¿Y tu defecto más importante?

--Podría haber sido más rápido. También debería manejar mejor la pierna derecha, lo que cuesta a cualquier zurdo.

--¿Con qué cabeceás mejor: con el parietal derecho, el izquierdo o la frente?

--Parietal izquierdo.


--Para un zurdo lo normal es que sea el derecho.

--Todos me dicen lo mismo.

--¿Hasta cuándo pensás jugar?

--Me gustaría terminar en Estudiantes.

--¿Qué aprendiste en el exilio?
--A querer más. El primer paso fue a Olimpo, que parecía del Argentino A. Hicimos un buen equipo y ascendimos. Luego Quilmes, y también salimos campeones. Y entonces ya quería más, y entendí que eso era lo mío y empecé a cuidarme y a tomarlo con total seriedad. También fue muy útil para valorar lo que tengo ahora en Estudiantes el hecho de ir a clubes que no tenían lugar para entrenarse, agua fría en los vestuarios… Sirve para decir: de acá no me voy, aunque haya salido campeón no me relajo.

--¿El mejor dirigente?

--Edgardo Valente. Un tipo al que después tuve la posibilidad de conocerlo fuera del fútbol. Hubo cosas extrafutbolísticas que me sorprendieron. Además, sé que cuidaba mucho el patrimonio del Club.

--¿Por qué harías hincha de Estudiantes a tu hijo?

--Ya es hincha de Estudiantes. El Club se metió mucho en mi vida, y eso lo palpan los chicos.

--¿Y si te dijera que quiere ser de Gimnasia?
--No hay chances. Una vez casi me peleé con mi suegra, porque su hermano, Madelón, estaba en Gimnasia y quiso comprarle a mi nene una camiseta. Le dije que no, y me enojé mal. Mi señora le pidió que no lo hiciera.


--Madelón es el tío de tu esposa. ¿Qué tal es?

--Un tipo bárbaro. Siempre me orientó. Fue a jugar un año al equipo de mi pueblo, pero para darle una mano. Es muy buena gente, de campo, sencilla, frontal y convencido de sus principios. Fue él el que me trajo a Buenos Aires. El me llevaba a mi pueblo todos los fines de semana.

--Si fueras técnico, ¿qué no harías?

--No le mentiría nunca a un jugador, siempre sería frontal. Sé que el jugador va a calentarse en el momento, pero con el tiempo lo entenderá. Es la manera de que un jugador te respete.

--¿Qué esquema utilizarías?

--Si tuviera los jugadores, un 3-4-3. Si no, el clásico 4-4-2.

--Con línea de tres, ¿el líbero saldría jugando? Vos dijiste que no te gustaba que lo hicieran.

--El líbero es diferente. Si tenés dos stopper fuertes en la marca, el líbero puede salir.

--¿Qué día te asustaste?
--Una noche en que la barra de Quilmes tiró unos balazos en mi casa. Habíamos tenido unos problemas con la barrabrava. Ese día me asusté y le dije a (Gustavo) Alfaro que no quería jugar más a la pelota.

--¿Y antes del Barsa no estabas asustado futbolísticamente? ¿No le temías al papelón?

--No, para nada. Tenía incertidumbre, pero con el equipo que tenemos, si estamos bien, le jugamos a cualquier equipo.

--¿Y no le tenías miedo a que ese día se despertaran torcidos?

--No porque esos partidos los tenés en la cabeza desde mucho tiempo antes. Eso es lo que tiene de difícil el jugador de fútbol; el buen equipo es el que le juega igual al primero y al último. Y eso es difícil de conseguir.

--¿Cuál fue el día más feliz en el fútbol?

--La noche del Mineirao. Ojo, también me sentí muy bien pese a perder contra Inter y el Barsa, porque sentí que habíamos dejado todo, que habíamos caído de pie; sentí orgullo.


--Si te encontrás a Grafitte en la calle, ¿qué le decís o qué le hacés?

--No sé. Pero sí hice una promesa por si me lo encuentro en una cancha. No la voy a decir, claro, pero las promesas se cumplen.

--¿Fue tu peor noche?

--Sí, sin dudas. Estaba detenido e incomunicado y en otro país. No se lo deseo a nadie.

--¿Qué le dijiste?

--Puntualmente, nada. Seguramente, en algún momento del partido, le habré dicho “negro de mierda”, “te voy a matar”, “te voy a cortar las patas”. Eso seguro, seguro, porque lo sigo diciendo ahora, pero no se trata de discriminación ni de amenazas de muerte; son cosas que pasan en la cancha.

--¿Le faltaron códigos?

--Creo que ni él supo lo que hizo, porque cuando estaba declarando se mostraba caliente porque había tenido que esperar hasta las seis de la mañana. Estuvo todo armado, fue un inocente como yo.

--¿Qué no te gusta del fútbol argentino?

--Me molesta que algunos periodistas se rodeen en cuatro equipos, y que si esos andan mal, entonces “el fútbol argentino es un desastre”. Decían que el fútbol argentino era un desastre y Estudiantes había perdido la final de la Sudamericana con el Inter, había ganado la Libertadores en Brasil y había jugado la final del mundo con Barcelona.

--¿Te gusta cómo se juega en la Argentina?

--Se juega al límite en todos los partidos. El otro día hablaba con un jugador que había estado en Europa y me decía que acá el defensor no puede trasladar la pelota dos metros porque tiene a un rival que lo aprieta; mientras que en Europa la puede llevar hasta mitad de cancha. Acá hay una intensidad y una pasión que no existe en otro lado. El único jugador que volvió de Europa y juega es Verón. También el Kily. A veces miro un partido de Italia y me aburro.

--¿A qué jugador querrías siempre en tu equipo?
--A Braña. No tengo dudas de que es el mejor cinco. 

--¿A qué jugador no querrías en tu equipo?

--No quiero hacer nombres.


--Si nombres propios.

--Al que no esté comprometido con el equipo. Me fastidia mucho. Me peleo, no a las trompadas pero me peleo dentro de la cancha. Por eso me encanta el Chapu, porque es contagio sin hablar. Pueden errar mil goles, o cometer mil errores en la marca, pero lo que no les puede faltar a los jugadores es entrega, ganas y querer ganar.


--¿El mejor árbitro qué te dirigió?

--Baldassi. 


--¿El peor?

--No me gusta cuando son soberbios y se creen que tienen la verdad.


--¿La bronca más grande contra un juez?

--Contra Lunati en cancha de Argentinos. Nos marcó el campeonato. Savino también, en cancha de Argentinos por la semi de la Sudamericana.




--¿Qué es Cafferata para vos?

--Es como un psicólogo. Vuelvo renovado cada vez que voy. Allá bajo a la tierra, porque acá te hacés problemas por mil cosas que allá no tienen sentido. La vida es tranquila, disfruto de tomar mate con mi familia, visitar a mis tíos, comer asados; mis hijos disfrutan porque tienen una libertad que acá no consiguen.


--¿En qué invertís la plata?

--Debo ser realista y decir que no gané fortunas. Pero lo que gano lo invierto en ladrillos.


--¿Qué vas a hacer cuando dejes el fútbol?

--Me voy a tomar seis meses para irme a mi pueblo y jugar en el equipo de allá, en el Cafferatense. Mi sueño es salir campeón en ese club, que nunca salió campeón.


--¿En qué país vivirías?

--En Cafferatta. Si no sigo ligado al fútbol, sería muy difícil que me quedara en Buenos Aires.