Desábato, un líder positivo

El Chavo, a los 38, predica con el ejemplo: exigencia máxima, profesionalismo, sentido de pertenencia, respeto por los valores y dedicación a los más jóvenes. Sin dudas, un jugador hecho a la medida de Estudiantes.

24/01/2017 10:01 Noticias
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Habrá que agradecerle a Mauricio Pellegrino, entre otros beneficios desde su gestión, haber estirado la carrera de Leandro Desábato. Dijo el Chavo, en varias ocasiones, que el Flaco, su forma de ser, de trabajar, de enseñar, le devolvió en su momento esas ganas de seguir aprendiendo más y, por consecuencia directa, de continuar en el fútbol, justo cuando el desgaste y la saturación estaban por vencer su espíritu más sagrado. Pero se revitalizó, Desábato. Y en este camino a los 38 llegó a dar señales concretas de su mejor versión, en la que cuanto menos se mostró más líder que nunca, tan competitivo como siempre y más indispensable que otros años para una defensa que se modela siempre de su mano. Al fin de cuentas, él siempre se ajusta a todos y todos se ajustan a él. Sin embargo, no es el rendimiento del defensor lo que busca destacarse en estas líneas. Eso puede modificarse o no de aquí en adelante, a riesgo de lo que toda seguidilla de partidos implica. Y más en el arranque de una temporada.

 

Por eso, no está ahí la cuestión. Hay otra cosa. Hay una frase: “El Chavo está hecho a la medida de Estudiantes”, suelen repetir en las transmisiones de TV. No se trata sólo un elogio hacia él. Es, además, una refrenda al Club. A Desábato se lo ve serio, luchador, comprometido, líder positivo, responsable, inteligente, ganador. Y acaso Estudiantes se vea representado en todos esos valores por el público en general. No pasa con todos. Y no pasa así nomás.

 

Vaya si le costó el Chavo llegar a este lugar. Pero aprendió. No hay dudas de que fue el mejor heredero posible de ese liderazgo que ejercía Verón, con el que ahora compartirá ese mandato. Exigencia máxima, profesionalismo, sentido de pertenencia, respeto por los valores y dedicación hacia los más jóvenes. Seguramente, ese espíritu de capitán estaba en su sangre. Pero él supo cómo regenerarlo, entendió cómo transmitirlo y encontró cómo hacerlo perdurable. Si alguien sigue su legado, pues habrá que colgarle otra medalla. Mientras tanto, él da el ejemplo.


Foto: Prensa de Estudiantes de La Plata.