¿Qué le pasa a Estudiantes?

Desde que volvió de EE. UU. no pudo ganar. Pero es el funcionamiento lo que preocupa: le cuesta imponerse en el juego, no tiene peso ofensivo y es vulnerable.

10/02/2017 17:12 Noticias
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El partido ante Boca en Mar del Plata fue amistoso. Sin embargo, tras el 0-2, parecía que el equipo había perdido la finalísima de alguna de las nuevas copas de estos tiempos. Los rostros, el clima, eran de un derrota por los puntos. Y de esas derrotas que duelen, que marcan un quiebre. Incluso, desde las declaraciones: "No le encontramos la vuelta al sistema", dijo Leandro Desábato aquella noche.

Estudiantes venía de una gira en Estados Unidos en el que había ensayado un nuevo esquema, el 3-4-3, uno que buscaba una mayor solidez en el fondo. Vivas, incluso, intuía que podía darle una mejor contención a Verón cuando le tocara jugar. Hubo empate 1-1 ante el Bayer Leverkusen y victoria por 1-0 ante el Esporte Bahía, en el regreso de la Bruja.

Pero esa noche, ante Boca, el esquema expuso sus falencias. Fue mayor el perjuicio que el beneficio, el rival lo aprovechó y Vivas, en el entretiempo mismo del partido, aceptó su error.  Lo que siguió fue un cambio de esquema para jugar contra San Lorenzo: el equipo volvió al 4-4-2, pero la cosa no funcionó. Le costó hacer pie en el medio, Verón se lesionó y se fue en intenciones, sin claridad en ataque. Una constante que se mantiene.

 La situación no cambió en los partidos siguientes: perdió 0-2 con Huracán, que cortó una racha de varios partidos sin ganar. Y ahora sumó una nueva derrota ante la Villa: 0-1. La falta de gol es notoria. En lo que va del verano, marcó dos goles: uno en contra ante el Esporte Bahía en EE.UU. y otro de Toledo, ante Sport Boys. Nada más.

 

Pero además de su escaso poder ofensivo (no tiene claridad en los últimos metros), al equipo le cuesta imponerse ante su rival, domina el juego sin inquietar a su adversario y hasta se ve vulnerable en defensa (paga las veces que le llegan). Ni siquiera Andújar está en el nivel que se le conocía. Es cierto, hay varios atenuantes. De fuerza mayor (como las lesiones y ausencias) y propios.

 Los de fuerza mayor son las ausencias de Ascacibar (clave en el mediocampo) y Tití Rodríguez, ambos en el Sub 20. Y las lesiones de Viatri (decisivo para el juego-pivot y para el peso en el área rival), de Schunke (fundamental en el fondo), de Dubarbier (uno de los nuevos) y de Verón (su desgarro ante San Lorenzo le impidió terminar de acoplarse). Además, de la estructura original, ya no está Auzqui (vendido a River) y Solari recién hace poco días volvió a sumarse. Demasiadas cambios, sí.

Esas situaciones también atentaron contra las chances que tuvo Vivas de formar un mismo equipo o hasta un mismo mediocampo. Pero cuando pudo hacerlo, también decidió rotar.  

Después, es cierto que la postergación del arranque del torneo juega en contra a la hora de una puesta a punto. Y hasta desmotiva a los jugadores, cansados ya de una pretemporada larguísima, sin precedentes. La cercanía de la competencia siempre ordena y ajusta las clavijas. Pero el horizonte todavía hoy es lejano.

Más allá de eso, Estudiantes debe empezar a recuperar con urgencia su identidad futbolística, la que pareció perder a finales del 2016 y que sigue sin encontrar en este 2017. Al menos, antes de que el torneo se le venga demasiado encima.

 Foto: Prensa de Estudiantes.