De club modelo a la pelea por no descender

Vélez, el próximo rival, afronta uno de los momentos más difíciles de su historia. Tras dos décadas de logros, no encuentra estabilidad y comenzará el próximo torneo entre los equipos más comprometidos en la pelea por no bajar a la segunda categoría. ¿Cómo llegó a eso? Malas decisiones, un club copado por la barra y juveniles incontrolables.

06/03/2017 08:48 Noticias
img

Todo era color de rosa hasta que de repente la realidad golpeó las puertas de Vélez. Luego de 20 años de ser reconocido como uno de los clubes modelo de nuestro país, junto con Lanús y Estudiantes, la entidad que preside Raúl Gámez pasó a ser (casi) un descontrol. Los manejos de la barra en la tribuna y en los recitales, la connivencia de sus dirigentes y la fata de profesionalismo de algunos de sus jugadores más jóvenes llevaron al club a una situación extremadamente delicada: deberá sumar muchos puntos en lo que falta de este torneo para no descender en la próxima temporada, cuando se amplíe la cantidad de equipos que bajarán a la segunda división.  

 

El rival del jueves, o el sábado, o cuando vuelva el fútbol en realidad, intenta desactivar una bomba que no le permite disfrutar de una riquísima historia edificada -deportivamente- en los años 90. Atrás quedaron los títulos ganados de la mano de Bianchi y Chilavert y la armonía dirigencial encabezada por Raúl Gámez. Ya nada de eso parece existir. Las malas decisiones llevaron al club a una situación delicada que necesita puntos y compromiso para no descender. 

 

¿Cómo llegó Vélez a esto? Su presidente afirmó alguna vez que fue por desviarse del camino. Se alejó de la línea productiva y se enamoró de los grandes vicios del fútbol argentino. Incorporó jugadores que le costaron mucho dinero que no sólo postergaron a los más pibes sino que, además, generaron una enorme deuda. El descontrol económico potenció el deportivo y viceversa. Ante la falta de resultados el club entró en una debacle que se retroalimentaba a si misma. La llegada de Gámez hace un par de años para poner orden no ayudó: sus dos entrenadores (Bassedas y Russo, dos nombres con espalda para bancarse el momento) debieron irse agobiados por la presión de la gente y los malos resultados. 

 

 

El plantel contaba con varios juveniles que intentaron ser guiados por Fabián Cubero -histórico si los hay- pero no daba abasto. "No hicieron ninguna adaptación previa al plantel de Primera. Tienen que estar acompañados, la responsabilidad que deben tener no la tienen. Los chicos contestan, llegan tarde, son maleducados. Algunos se relajan porque no tienen competencia", dijo el capitán, harto de los desplantes de pibes de 17 o 18 años que parecían manejarse en el vestuario como lo harían en una esquina con sus amigos. Las historias en torno a "Los pibes de Vélez" en el fútbol son moneda corriente. Desde incidentes en los boliches de la zona (con una fuerte injerencia en Haedo, Ituzaingo y Fuerte Apache) como le pasó a Correa hasta accidentes de tránsito a cualquier hora de la mañana, como sucedió con Delgadillo. 

 

 

No es casualidad que en este marco, la barra saque su tajada. Varias denuncias sobre la complicidad con la Comisaría 54 levaron a fiscales a investigar distintas acciones que no hacen más que poner evidencia un flagelo social. No solo la connivencia se limita a los días de partidos ya que los recitales en el club son una fuente de ingreso tan o más importante para el grupo que maneja el corazón de la tribuna. Así las cosas, resulta frecuente ver como los barras manejan desde estacionamientos hasta vallados los días de recitales ocupándose también de la venta ambulante, los trapitos y los controles de ingresos. el caso emblemático sucedió en 2009 cuando murió un chico en el recital de Viejas Locas. La investigación concluyó que fue determinante el accionar de la barra para producir los incidentes que terminaron con el chico golpeado por la policía y abandonado en una zona ciega del club, donde fue encontrado varias horas después del hecho. 

 

 

En medio de ese panorama, Vélez buscará mejorar su imagen deportiva. De la mano de Omar De Felippe consiguió algunos resultados positivos que lo llevaron a ver el futuro con algo más de optimismo. Recuperó al Burrito Martínez (en otro pase con polémica) y la presencia de Nassuti, Assman, Caire y Pavone parecen ser una mejor compañía para Cubero en su agotador trabajo de manejar el vestuario.