La primera dama

En el marco del Día Internacional de la Mujer, Animals! te presenta a Florencia Vinaccia. La esposa del presidente recorre la vida de Sebastián con anécdotas imperdibles y hasta una evaluación de su carrera. La relación con los Beckham, la frustración de 2002 y lo que no se animó a decirle a Sabella cuando se fue…

07/03/2017 22:52 Noticias
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Varios la reconocían en la zona de plateas cuando su marido jugaba. Casi siempre llegaba acompañada de un grupo de amigas o de algunos familiares y disfrutaban de los partidos con la pasión del hincha. Si bien se cuidaba para no hacerlo quedar mal, cada tanto un reclamo subido de tono se le escapaba. Cuando él dejó de jugar para desarrollar otros roles fue el momento de ver los partidos en la zona de palcos. A veces hasta compartiéndolo con algún invitado o a veces disfrutando como si estuviesen en el parque de su casa un domingo a la tarde. No se imagina (o sí) cuántos hinchas hubiesen querido estar en su lugar para ver un partido con su esposo, un tal Juan Sebastián Verón. Ella, Florencia, se convirtió – casi sin pensarlo ni quererlo y hasta hace tanto no imaginarlo- en la primera dama…

--¿Disfrutás del fútbol?

--Sí, siempre me gustó.

--¿Y a él llegás a apreciarlo como cualquier hincha o periodista, o tenés otros ojos para mirarlo?

--No, no, lo miro como a todos. A veces, hasta llegué a insultarlo. Cuando juega bien, se lo digo; y cuando juega mal o más o menos, también.

--¿Y te escucha?

--Sí, siempre fue igual. Un día contra All Boys yo estaba con una amiga y los chicos en la cancha y les dije: “¡Qué raro que va a ser no ver más a papi jugar!”. Y después de ese partido, en el que hubo un clima muy especial en el estadio, no sé por qué, me puse a pensar seriamente en que iba a dejar de jugar.

--Ese partido puede haber sido un desencadenante...

--Puede ser. Pero Sebastián es muy especial. Por ejemplo, al día siguiente de haber dicho que se retiraba, se entrenó como si estuviese por debutar. Otra: contra Arsenal metió un gol y parecía que era el primero de su carrera. Cuando lo vi en primer plano, me emocioné; estaba gritándolo como un chico debutante. Volviendo al tema, sí, disfruto mucho viéndolo en una cancha.

--Vos lo viste más que todos nosotros, lo viste jugar casi todos los partidos. ¿Dónde jugó mejor?

--En la Lazio. Ese fue su momento de esplendor. Se dio todo: el grupo, el técnico, que le encontró la posición  y lo entendió, estaba Hernán (Crespo), con el que se entendía con los ojos cerrados… Ese fue el mejor.

--¿Y en Estudiantes en qué momento?

--Con Sabella. Hace un tiempo vino a casa Alejandro. Yo me siento como una novia a la que el novio lo dejó. Me sentí así por su alejamiento.

--¿Se lo dijiste?

--A Sebastián sí, a Alejandro no. Menos mal que fue a la Selección y no a otro equipo, porque me hubiese sentido muy mal.

--Es el mismo sentimiento que tienen los hinchas y jugadores.

--Es que volvemos al tema del grupo, y el grupo influye mucho. Con Alejandro se había hecho un grupo muy bueno tanto dentro como fuera de la cancha; íbamos a comer, íbamos a la pretemporada… Quieras o no, eso influye. También me gustó cómo estaba Sebastián cuando estuvo el Cholo.

--Dijo Sebastián que su día más triste en el fútbol había sido el de aquel partido contra Suecia en 2002…

--Me van a hacer llorar, ya te lo digo.

--Luego se fueron a Disney, en lo que habrán sido las vacaciones más tristes.

--Fuimos a Miami, sí. Fueron tristes desde que pitó el árbitro. Yo estaba con la mujer del Piojo López, llorando. Todo fue muy triste.

--Debe haber sido chocante, tras esa experiencia, que en su regreso a la Argentina le gritaran lo que le gritan a Sebastián las otras hinchadas.

--Es terrible. El día que más lo sufrí fue cuando volvió a jugar en el Monumental con la Selección.

--Fue contra Chile, por las Eliminatorias.

--Ese día. Dije que nunca más iba a la cancha de River. Una impotencia terrible. En la Selección él solito lo revirtió. La gente no tiene ni idea de lo que sufrió Sebastián esa eliminación. Y otra vez que lo sufrí mucho fue cuando Estudiantes jugó con Boca en la Bombonera, en 2006. La Doce aplaudía y otros le gritaban en contra… También dije que nunca más volvía a esa cancha.

--Ahora ya es folclore.

--Con mis amigas, cuando íbamos de visitante, estábamos esperando que canten las hinchadas que “el que no salta es un inglés”. Eso lo motivaba, jugaba mejor.

--¿Cuánto te debe a vos la gente de Estudiantes por el regreso de Sebastián en 2006? ¿Cuánto influiste en su decisión?

--La familia tuvo que ver. Los chicos estaban grandes. Me acuerdo que la Navidad la habíamos pasado en La Plata, y fue un sufrimiento volver. Los chicos lloraban. Sebastián sintió que estaba cumplido un ciclo, y además él siempre había querido volver bien, no a robarla. A los nenes les sirvió para estar con sus abuelos y tener toda una vida acá, y a mí para hacer mi vida, porque mientras estuve en Europa fui mamá solamente.

--¿La vida que llevaron te limitó el desarrollo personal en algún aspecto, o en otro te lo amplió?

--Todo encajó en su debido momento. Yo me fui con 19 años, estaba estudiando inglés y Ciencias Económicas, en segundo año. Traté de estudiar a la distancia, pero no pude. Y cuando nacieron los chicos me dediqué a formar mi familia. Y como vivíamos tan poco tiempo en cada ciudad, no me daba tiempo para hacer mi vida.

--¿Se acomodaban rápidamente?

--La verdad es que sí. Nos tocaron lugares lindos.

--¿Y tuviste algún grado de influencia a la hora de decidir un club, una ciudad?

--No. Lo único que lamenté fue irme de Manchester, cuando nos fuimos a Chelsea. Siempre me gustó la cultura inglesa, no sé por qué, así que cuando fuimos a Manchester estaba muy contenta. Además, estábamos cómodos; el servicio que le brindaba el club a la familia era completo. La idea era que el jugador se dedicara a jugar y el club, del resto; nos ponía desde el señor que limpiaba los vidrios hasta la señora que me ayudaba en la casa. Y era una ciudad linda.

--¿Ese fue el mejor lugar?

--Roma fue el mejor, por clima, por el momento de Sebastián. Pero en Manchester estaba muy cómoda y me dio lástima tener que irme.

--¿Y el grupo en Manchester era bueno?

--Sí, muy bueno. Se organizaban fiestas, salidas en grupos tanto de los hombres como de las mujeres.

--¿Victoria Beckham era un personaje?

--Te cuento una anécdota. Estábamos cenando con ella y otras esposas en un restaurante, y el mozo nos trae una botella de champagne con una tarjetita, que decía: “Disfruten esta noche. David”. Beckham nos la había enviado. Son gente muy normal, tanto ella como él.

--Desde lejos quizás se ve otra faceta.

--Claro, porque también a ellos les gusta la exposición.

--¿Y con el resto de las mujeres?

--Había de diversas nacionalidades, y a mí particularmente me gusta esa integración cultural.

--¿Sebastián aprendió inglés?

--Algo. Entiende muchísimo, y habla un poco menos porque abusaba de mí. Cuando tenés la obligación de hablar, hablás, pero este se aprovechaba de mí.

--¿Es difícil hacer una vida normal en La Plata?

--Un poco. No es fácil. Cuando vivíamos en calle 14 y Sebastián quería pasear a los perros en la plaza, salía encapuchado pero la gente ya sabía que era él. Las vacaciones en Cariló tampoco son muy tranquilas.

--¿Y los hinchas de Gimnasia cómo lo tratan?

--El siempre se manejó con mucho respeto, y por eso hay muchas personas que se le acercan y le dicen que son de Gimnasia pero que lo respetan a él, le dicen que es un fenómeno y que les encanta cómo juega.

--¿Cómo anda en los quehaceres domésticos?

--Bien, cocina, limpia, hace asados…

--Sebastián no se caracteriza por la simpatía. ¿En casa es igual?

--Sí, es igual. Lo que pasa es que es muy tranquilo y callado. Quizás está mirando tele y abstraído totalmente, los chicos pueden pasarle por arriba y él ni se da cuenta. Pero el tema de la simpatía, o de su falta, es parte de su ser.

--¿Y cuál es la versión que más te gusta dentro de la cancha?

--Ese, el antipático. A mí me gusta cuando se enoja dentro de la cancha.

--¿Te enojaste con alguno en la tribuna?

--Sí, no recuerdo puntualmente pero sí. Por ejemplo, cuando insultaban al Chino o a Sosa. Al estar del otro lado sabés que si algo no le sale al jugador no es porque no quiere. Por ejemplo,a Boselli le pasó. ¿Qué vamos a creer, que Mauro quiere errarle al arco? Y con el Chino y José, bueno, eran mimados de Sebastián.

--¿Sos de insultar en la cancha?

--Trato de hacerlo para adentro porque no queda bien. Soy hincha de Estudiantes, no fanática. Trato de ser objetiva dentro de lo posible.

--¿Y los chicos?

--Deian, sobre todo, en estos últimos años empezó a entender y ahora está terrible. No soporta que pierda.

--¿Lo critica al padre?

--Sí, sí. Una vez se quejó ante mí porque Sebastián no había pateado al arco y se la había dado a Mauro. “¡Gracias que está jugando!”, le dije. Claro, ellos lo ven como si estuviera cero kilómetro. Están muy contentos de que siga jugando, él más que Iara, porque es más tranquila.

--¿Desarrolló Sebastián otras habilidades en este tiempo? ¿En qué se preocupó?

--El dice que trabajando se puede progresar. Y quiere volcar toda su experiencia, ya sea en Estudiantes o en la Selección cuando corresponda, para mejorar al jugador como jugador y persona, y también como dirigente. En todo este tiempo estuvo anotando cosas en un cuadernito, que está bien cuidado.El día que dijo que se retiraba, en octubre, al otro día fue a entrenar como nunca. Tuvieron dos o tres días libres, y él se puso a correr en la cinta. No está quieto nunca. Cuando se retire, su energía la va a poner en aggiornar el fútbol.

--En las 68 que le hicimos a él, le preguntamos si podía delegar, porque esta es una condición que deben tener los presidentes. Y él contestó que sí, que había aprendido a hacerlo.

--Puede ser, sí.

--¿Creés que el periodismo platense lo valora y que el de Buenos Aires no entiende lo que representa?

--Creo que no porque no vive en La Plata y lo que significa Sebastián para Estudiantes.

--¿No pensaron en un año sabático para cuando dejara el fútbol?

--Imposible. No, de ninguna manera.

--¿Y te gustaría?

--No sé, porque tendría que ser sabático para todos. Y eso es difícil.

--¿Cómo lo veías después de cada partido?

--Uhh, le aparecen todos los dolores, no sólo los del tobillo. Al día siguiente de un partido, me dijo que a la noche se le cruzó por la cabeza bajar a la pileta y meter el pie porque parecía que le iba a estallar. Y no era una noche de calor, precisamente. Entonces surgían los dolores de cintura, la rodilla, le aparecían por primera vez ampollas…

--¿Qué seguís sintiendo cuando lo ovaciona toda la cancha?

--Es impagable, está bueno. Yo sé que la gente de Estudiantes lo adora, pero lo que pasó la noche de Unión me pone la piel de gallina.

--En lo personal, no te gusta la exposición.

--No, es cierto.

--¿Por qué?

--Porque tiene que haber un cable a tierra. No podés exponer todo. El jugador de fútbol, en general, tiene una vida expuesta. Y si todo el mundo sabe lo que pasa en tu casa, entonces no tenés paz en ningún lado. Para mí fue importante. Hice una sola nota y me arrepentí. Fue en el 98, y volví a leerla cinco años después y me quería morir. ¡Qué estupideces que dije!

--¿De qué hablabas?

--De las cosas que puede decir una chica a los 19 años. Que qué te gusta más, si una Cherokee o un BMW, si Versace o Armani… Son estupideces que no van conmigo. Al estar tan expuesto Sebastián, tiene que tener una cueva donde refugiarse; y si no es tu casa, ¿dónde?

--Y Estudiantes también es su cueva.

--Seguramente el Club fue el lugar donde más contenido se sintió.

--¿Y siempre fue tu perfil?

--Sí, siempre. Además, a Sebastián tampoco le gustaba ese tema de la exposición.

--¿Te gustaba que hiciera las publicidades?

--Sí, son divertidas.

--¿Vos no sos la de la Serenísima?

--No, yo no soy. No llegaban con el cachet… Jaja. No, en serio, ni yo ni el chico que actúa. En primer lugar, no nos ofrecieron, pero tampoco habríamos aceptado.

--¿Cuándo fue la última vez que fue Sebastián al supermercado?

--Uhhh, ah, sí, en Cariló. En el hipermercado que está sobre la ruta. No me hagas acordar, la última vez estuvimos como tres horas.

--¿Por qué?

--Y, porque se para firmar autógrafos. El honra su rol, sabe que tiene que firmar y sacarse fotos.

--¿Cómo se conocieron?

--En Miramar, en el 92. Mi papá siempre tenía vacaciones en febrero,  y la única vez que le dieron vacaciones en enero, en 28 años de trabajo, fue cuando conocí a Sebastián.

--Dijiste una vez que no era fácil ser la mujer de Verón. ¿El balance cómo da?

--Muy positivo. La verdad es que soy feliz. Al poco tiempo de conocernos, él se fue a Italia a probarse. Y charlando con él en la casa de mi papá, a su regreso, nos imaginamos todo esto que nos pasó. O parte de ello, porque pasaron mil cosas más que era imposible imaginarnos. Por eso, cuando él dijo de retirarse, rápidamente se me pasó toda la película, y no estoy arrepentida de nada. De lo único que me arrepiento es de no haber recorrido un poco más Europa, pero se entiende porque nacieron mis hijos y fue difícil. No me arrepiento ni siquiera de haber dejado Ciencias Económicas, ni de no haber tenido una vida de 20 años como cualquier otra. Siempre lo acompañé a él y no me arrepiento de nada.

--Como cualquier pareja, las cosas que son ciertas se superan puertas para adentro. ¿Cómo se superan las cosas que no son ciertas y que se hacen públicas?

--Que digan lo que quieran, ese es el espíritu. Si de la puerta para adentro tenés la verdad, no te importa lo que digan afuera.

--¿Cómo vive los partidos cuando no juega?

--Para que tengan una idea, el partido de vuelta contra Nacional, por la semifinal, él estaba lesionado y no viajó. Pero yo tenía que seguir la cábala, que era que vinieran mis amigas a ver el partido a casa. “No hay problema, que vengan”, dijo él. Se encerró en nuestro dormitorio con el IPod a full, bien alto y mirando una película.

--¿No miraba ni escuchaba?

--No, se encerró y a todo volumen puso la música y la película. No quería ni ver ni escuchar nada. Ni siquiera escuchaba nuestros gritos. Yo subí corriendo cuando terminó y le dije lo que había pasado. Se desahogó con todo, y recién ahí empezó a ver imágenes y a mensajearse con los chicos a Uruguay. Ahora, cuando lo ve por televisión, es como si estuviera en el medio de la cancha. “¡Chaaaapu! ¡Chaaaaavo!”, todo a los gritos.

--¿Cuál fue el momento futbolístico que más te conmovió?

--Todo lo que pasó en Estudiantes. Son muchas cosas que, si las escribís, no te salen.