Verón eterno

A los 42 años, la Bruja es uno de los jugadores en actividad más longevos de la historia. En esta nota, un repaso por su larga carrera. Europa, Simeone, Sabella, Bielsa, Calderón, el mejor Estudiantes y la final con Barcelona: "Nadie más le hará el partido que le hicimos nosotros".

09/03/2017 09:56 Tapas
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--Volver a Estudiantes en 2006, ¿fue una de tus mejores decisiones?

--Decisiones en el fútbol tomás muchas. Sí fue la que más deseaba desde el momento en que me fui del Club. Porque la decisión en sí fue mucho más amplia; no sólo por lo deportivo sino por lo familiar. Ya estaba cansado de estar en Europa. Y jugar al fútbol podía hacerlo en cualquier otro equipo. Era una cuenta pendiente.

--Una de las razones por la que te volviste era que estabas saturado de la híper competencia. Pero no saliste de ella. ¿Lo pensabas?

--No. Yo quería jugar en Estudiantes y terminar mi carrera donde había nacido. Lo otro pasa a ser secundario. Y se va dando con el tiempo. Porque hoy, con el resultado puesto… Cuando yo tomé la decisión, Estudiantes no es el club que es ahora. No era el Estudiantes de Sosa, Angeleri, Pavone tal como se los conoce hoy sino que yo llegaba a un equipo formado con chicos en el que yo me insertaba, nada más.

--Se te conoce riguroso con vos, con tus compañeros, con los dirigentes, con el equipo en sí... ¿De dónde sacaste esa rigurosidad?

--Creo que del método italiano y el orden inglés. Lo riguroso y la exigencia vienen de querer ser lo mejor y ofrecer lo mejor. El inglés, aunque en menor medida porque es más abierto, tiene un orden y una estructura increíbles. Y lo tomás de eso, de donde venís.

--¿Qué te molestaría o no te bancarías de un compañero en general y de uno de Estudiantes en particular?
--Lo que no me banco es la falta de compromiso. No es que no me la bancaría; no me la banco.

--Si acá en Estudiantes pasó, no lo advertimos.

--Pasó y pasa. Si no lo advirtieron es porque no se va al detalle a veces.

--Ya en Europa eras así. Acá trascendieron tus críticas hacia Adriano porque no tenía un comportamiento profesional.

--Sí, es cierto. Fijate cómo terminó Adriano. Pero ojo con eso de la rigurosidad, porque previo a todo hay una charla, una forma de decirle que todos fuimos chicos y que nos comportamos de una manera pero que a un nivel no se puede repetir eso. Pero cuando ves que la cosa no está bien encaminada, te encargás de encausar un mínimo comportamiento. A nosotros nos ganó partidos él solo en los primeros seis meses en el Inter. Después, bueno, se perdió.

--¿Qué diferencias hay entre los vestuarios de Italia, Inglaterra y Argentina?

--En primer lugar, los que lo componen hacen la diferencia. Me han tocado vestuarios con campeones del mundo, con gente que ha ganado el balón de oro, con el mejor del mundo, con el segundo mejor del mundo… Y en Estudiantes lo compartís con chicos surgidos de las Inferiores del Club. Pero en todos siempre he encontrado un alto grado de compromiso.

--¿Es decir que nos equivocamos los periodistas cuando creemos que un vestuario lleno de figuras es un vestuario con mucho vedetismo?

--Sí, se equivocan. Lo que pasa es que se ve el exterior. Ves a Cristiano Ronaldo posando para Dolce & Gabbana, a Cannavaro haciendo una publicidad y pensás que estos tipos lo primero que hacen cuando entran a un vestuario es mirarse al espejo. Y no es así. Es completamente distinto a lo que se piensa. Dista mucho de esa realidad. Hay un grado de compromiso muy alto por parte de ellos con el equipo. Cuando llegué al Manchester estaba el auge de Beckham, y yo me cambiaba al lado de él y rápidamente me di cuenta de que no tenía nada que ver una cosa con otra; resultó ser un chico de barrio, como todos.

--¿Y en cuál es más difícil insertarte?

--Lo difícil no es tanto insertarte en los clubes grandes sino en los chicos. Porque, por ejemplo en Italia, tus compañeros te miran con cierta desconfianza; piensan que vas a sacarle el laburo. En el equipo grande es mucho más habitual encontrar gente de afuera.

--¿Qué personaje te sorprendió más?

--Bastantes. En su momento, Luis… Luis Figo. Por todo lo que significaba. Venía de ser un grande en serio en el Real Madrid, y cuando llegó al Inter fue uno más. Sinceramente, uno más.

--¿Estabas vos en el vestuario cuando Ferguson le sacudió un zapato a Beckham?

--Yo participé en otras, pero ese partido no lo jugué. No estaba en el vestuario.


--¿Victoria Beckham hizo trascender la información?

--No, trascendió porque hasta le dieron puntos en la cara. Y este, en vez de llegar al otro día camuflado, llegó al entrenamiento con el pelo recogido y una gorra… ¡Y había quince fotógrafos esperándolo!

--¿Qué otras presenciaste?

--Uhh, hubo varias. En un partido contra el Newcastle. Perdíamos 3 a 1, lo empatamos 3 a 3 con un gol mío y después lo perdimos 4 a 3. Ibamos perdiendo y en el entretiempo empezó una discusión en el vestuario. Que “por qué no me la pasás”, que “pasámela vos a mí”… Lo cierto es que en la discusión estaba metido Roy Keane, que está hecho a la manera que soy yo: de putear para todos lados, de mandarte a la mierda… Y bueno, en ese momento de calentura lo agarró cruzado a Van Nistelrooy y se armó una increíble, de todos contra todos. Yo no podía creerlo; estaba sentado y miraba todo, pensaba “¿qué hacemos? Tenemos que salir a jugar el segundo tiempo. ¿Cómo hacemos ahora?”. Y bueno, perdimos. Pero el tema se acabó ahí, eh. De esas agarradas había.

--¿Y no queda rencor?

--No, te digo la verdad, no. Salíamos a tomar algo después. Era un grupo bárbaro. ¿Sabés dónde era el lío casi siempre? En los entrenamientos. Ferguson una vez lo echó a Roy Keane por darle una patada a un juvenil.

--Ah, bueno, ese Roy Keane era bravísimo.

--Sí, pero un tipo muy leal. Muy leal.

--Si esas agarradas pasaran acá, los jugadores se reunirían al día siguiente y se comprometerían a que eso no vuelva a ocurrir.

--Acá es todo distinto. Allá no hay periodistas porque a las prácticas no tienen acceso y no hay uno colgado de una palmera espiando y tratando de sacar una foto.

--Los diarios ingleses se harían un festín.

--¿Y acá? Vaaaamos. Acá estaríamos seis meses hablando de lo mismo. El Manchester es como Boca o River, así que imaginate la dimensión que tomaría. Y esto que cuento ustedes lo saben porque lo cuento yo, y lo cuento para que quede claro que son cosas que no pasan de ahí, no quedan secuelas.

--¿Estuviste implicado en alguna pelea?

--Y… en algún revoleo estuve. Yo tenía buena relación con todos, entonces se hacía difícil tomar partido por alguno. Pero en alguna me metí.

--¿Se puede comparar la Champions League con la Libertadores en el grado de exigencia?

--La Libertadores es mucho más difícil. Aun jugando contra el Barcelona en el Camp Nou, creo que la Libertadores es más complicada. Porque en Europa siempre la dificultad será el equipo que tenés enfrente. Acá la dificultad está dada por: equipos buenos, el lugar, cómo llegás, cómo te vas, los vestuarios, la altura, el calor, las dimensiones del campo, las distancias… Todo hace un componente dificilísimo.

--¿Qué es lo que mejor sabés hacer adentro de una cancha?

--¿Aparte de hablar y putear? Creo que lo que desarrollé mejor fue, al no tener la virtud de la gambeta, intuir el movimiento o adónde va un compañero mío antes de que me llegue la pelota.

--Hablando de las puteadas, nunca intentaste disimularlas tampoco.
--No, porque eso es escuela también. Tuve tipos con carácter al lado.

--¿Y al ver cuál era el efecto, te mimetizaste?

--Sí, puede ser. Lo que me cuesta a mí es diferenciar a quién puteo o reto. Yo siempre jugué bajo presión; de querer ser el mejor, de no querer equivocarme. Yo lo tuve a Mancini en la Sampdoria y en la Lazio, y me recontra cagaba a puteadas. Aprendí que eso me ayudaba a estar enfocado y querer hacer siempre lo mejor. Con Roy Keane me pasó algo similar.

--Dijiste que no lográs diferenciar.

--Sí, porque sé que acá a veces puedo inhibir al otro. Pero ahí ves la personalidad del jugador. Yo creo mucho en eso.

--Y cuando te das cuenta, ¿cambiás el modo?

--Yo hablo mucho antes, después, hablo mucho con los chicos advirtiéndoles que no es algo malo mi reto o mi grito; que no hay nada personal, que por ahí sale algo muy chocante pero que no es nada en contra de nadie.

--¿Y tu reacción siempre fue positiva?

--Nunca reaccioné mal. O sí, una sola vez. Contra el Piacenza, tenía uno de esos días que no levantaba la pelota. Pateé un tiro libre mal y Mancini me miraba; otro mal y volvía a mirarme… Así el tercero y el cuarto. Llegué al vestuario y le dije a Eriksson que no jugaba más, que me iba. “Este me tiene podrido”, le dije. Pero algo siempre cambia, y en un partido contra el Inter perdíamos 3 a 1, y Mancini, muy poco afectivo, se me acercó y me dijo que si jugaba como yo sabía, al partido lo ganábamos. Da la casualidad de que yo le robo una pelota Giuseppe Bergomi, hago el pase atrás y hacemos el gol para ganarlo 4 a 3.

--¿Hablar es tan importante como jugar?

--Es muy importante hablar con los tuyos. La comunicación adentro de la cancha resuelve muchísimas cosas.

--¿Qué técnicos no entendieron tu juego?

--Pocos. En Italia hice un lío bárbaro cuando llegué porque no me podían tener en una posición, y allá todo es más estructurado, más táctico. Jugué de ocho, de volante por izquierda, de cinco, incluso en la Lazio jugué algunos partidos como un nueve más retrasado, junto con Hernán. Puedo decirte que cuando agarró Boskov en lugar de Menotti en la Sampdoria.

--¿Y algún técnico te pidió que hicieras algo contra natura, contra tus propias cualidades?

--Siempre me pidieron más o menos lo mismo. Por ahí en un momento de la Eliminatorias Bielsa me hizo jugar de carrilero por derecha, de banderita a banderita. Pero fueron dos partidos.

--Terminaste fundido.

--Fundido y con mucha discusión. No quería. Pero bueno.


--Con Bielsa pareciera que no se puede tener discusiones en planos iguales.

--Son divertidas las discusiones. Bah, ahora me divierto. No dice mucho pero te dice todo. Por ejemplo, cuando estaba enojado no me decía Sebastián, me decía Verón.

--¿Qué consiguió el Club en estos años, más allá de los títulos?

--El reconocimiento como una institución prestigiosa. Estudiantes había revolucionado al fútbol argentino, le había dado muchísimos técnicos, y eso estaba un poco olvidado. En estos cinco años se posicionó al lado de los grandes (si bien hoy tenemos que hablar de otras cosas). Y cuando se desmenuza un poco el Club, viene todo lo demás.

--Si después del primer título Estudiantes no hubiera seguido un camino, ese título habría quedado como una anécdota.

--Sí, porque si no aprovechás el momento, difícilmente puedas conseguir algo importante.

--A los pibes de las Inferiores, no las de Estudiantes en particular, ¿les falta hambre o les sobra Play Station?

--Lo que pasa es que hoy es mucho más fácil llegar a jugar en Primera. Entonces los intermediarios, que toman un papel muy importante ya en la vida de un juvenil, los agarran y te los llevan. Acá ha pasado muchísimo.

--Si sólo dos técnicos lo sacaron campeón a Estudiantes es porque tuvieron denominadores en común. ¿Cuáles fueron?

--El momento, el plantel… No sé, es un todo. No pienso que haya algo en el fútbol muy científico; no se puede calcular que porque tenemos este plantel y este técnico vamos a salir campeones. Los momentos se dan y los campeonatos también.

--Los dos, Simeone y Sabella, en su momento recibieron planteles armados.

--Pero Alejandro después salió campeón de nuevo. Además, muchos hablan del plantel que tenía Estudiantes en el 2006 y, si mal no recuerdo, antes de que viniera yo puteaban a todos. Hasta ese momento… Más, si le preguntabas a alguien si ese plantel estaba en condiciones de salir campeón te decían “¡Cómo! Con el burro de Sosa, Angeleri que se arregla la vinchita, Pavone que no le hace un gol a nadie…”. Eso de que teníamos el plantel armado… Se fue dando, y creo que en el clásico hizo un click el equipo. Habíamos arrancado muy bien, después nos caímos a pedazos, llegamos al partido con Independiente y lo querían echar al Cholo, y luego del clásico sí, muchos de los chicos se dieron cuenta del potencial.

--En la manga, antes de entrar a jugar el clásico, les gritaste a tus compañeros: “Si queremos salir campeones…”. ¿Tenías esa sensación?

--Sí. No es que estaba convencido, pero internamente sabía que si teníamos una racha buena, podíamos llegar hasta ahí. Algún pálpito tenía.


--¿Cuál fue el mejor Estudiantes de estos años?

--El del primer semestre de 2010. Fue el que mejor jugó. Nos pasó como a Vélez ahora; la doble competencia te hace pagar. Nos equivocamos dos veces, una yo con Central y otra en el gol de Inter.

--¿Ese equipo se parecía al Manchester, al Barcelona, a esos grandes equipos?

--Sí. No sé si al Barcelona, pero sí tenía el aura de equipo superior. En todo momento teníamos la sensación que teníamos en 2006 y en la Copa de 2009, que entrábamos y ganábamos. Y teníamos jugadores para tener la pelota, otros que se desdoblaban, otros con gol… Eramos completos.

--¿Cuál fue el mejor partido del equipo en estos años?
-La final del Mineirao.

--Cuando hizo el gol el Cruzeiro, ¿pensaste que se terminaba todo?

--No, porque ellos se equivocaron en no planchar el partido. Tendrían que haber empezado a tocar, a hacernos correr. Pero igualmente se dio rápido el empate. Yo lo sentía bien el partido, tranquilo.


--De entrada lo atendiste a Ramires. ¿Era la manera de marcar presencia?

--Pero en todo momento jugamos así. Más allá de que eso fue a los cinco minutos, antes había habido una jugada con la Gata en la que fuimos todos. Era así, nosotros íbamos a plantarnos. El partido lo queríamos ganar de toda forma, no podían pasarnos por arriba. Así lo entendíamos.

--¿Qué te emocionó más: el gol de Boselli o el de Alayes contra Arsenal?

--El de Agustín. El de Mauro fue emocionante porque se juntaban un montón de cosas, algo impensado. Y el del Flaco porque estábamos ahí de algo que si bien era terrenal, hacía más de 20 años que no se daba.

 

--En este tiempo, hubo otro equipo argentino que enfrentó al Barcelona en una final. Fue River. Y la pasó mal. ¿Eso realza aquella actuación de Estudiantes?

--Cualquier equipo que vaya a jugar contra el Barcelona no le va a hacer el partido que le hicimos nosotros. De eso estoy seguro.

--¿Por qué?

--Porque no son Estudiantes. En este tipo de partidos te saca lo mejor. Puede perder, como nos tocó, pero pierde de cierta forma.

--¿Te genera orgullo la forma en la que pierden los demás contra el Barcelona?
--A los que no quieren ver o reconocer, o que analizaron el partido de Estudiantes y nos criticaron diciendo que nos defendimos, les hace ver la realidad.

--¿Hicieron algo mal en esos dos minutos? ¿Podrían haber hecho tiempo?

--El partido no dio chances para eso. No hubo una situación para eso. Hay una jugada que tampoco podemos reclamársela, creo que Maxi Núñez fue, en que Alves se le tira de atrás y él lo salta en lugar de tirarse. Si hubiera pasado así, quizás perdíamos un minuto, pero no lo hizo y perdimos la pelota y de ahí comienza la jugada del empate. Incluso si yo no rechazaba para donde rechacé… Mínimas cosas que si cambiaban, andá a saber…

--¿Qué se dijeron con Messi después del partido?

--Nada. Mucho respeto. El entendió mi momento. El siempre dice que en ese partido la pasaron muy mal, como nunca, que pensaban que no ganaban. Es más, alguien me dijo que el que fue del Barcelona a ver nuestro partido contra Pohang Steelers, se retiró en el entretiempo. “Ya está”, pensó. Pero después Milito les decía “miren que estos son argentinos, no son fáciles…”. Y en el partido yo, que lo conozco bien, me daba cuenta de que estaba fastidioso porque no podía. Bah, un pálpito bárbaro tuve, je.

--¿Por qué no se puede armar un gran equipo en la Selección?

--Creo que sí se pueden formar. Se dice que por qué no se puede jugar como el Barcelona, pero el Barsa tiene jugadores con los que se entrena todos los días. Incluso la Selección de España tiene siete u ocho del Barcelona, y vienen trabajando desde las Inferiores.

--¿Imaginabas que Sabella iba a dirigir a la Argentina?

--Creía que sí. Lo que hizo con Estudiantes fue muy bueno.

--¿Te sorprendió Alejandro?

--Lo que me sorprendió fue que pasó de ser ayudante a cabeza de grupo y supo manejarlo muy bien, porque las decisiones en uno y otro puesto son otras. Alejandro es un tipo que a su manera sacó lo mejor del equipo.

--¿Cambiarías algún título con Estudiantes por haber ganado un Mundial con la Selección?
--…Y, sí… Pero uno local, eh.

--¿Se deben un encuentro con Maradona?

--No sé si nos debemos uno o no. En su momento creía que era una necesidad mía, pero nada más. Si vos ves que no hay respuesta del otro lado, ya está. Hay que dar vuelta la página y listo.

--Más allá del episodio de Japón, ¿por qué creés que la gente de la Selección te resiste?

--Nunca me puse a pensarlo. La verdad: a mí me gustaba representar al país. Lamentablemente, nunca se me dio integrar una Selección que gane algo. Y siempre un título hace cambiar el parecer. Soy uno de los tantos que la gente ha insultado.

--Más allá de los méritos en ese 2006, el equipo tuvo algo de suerte; por ejemplo, en que Boca haya perdido los últimos dos partidos. ¿En qué torneos no tuvo suerte?
--En el Clausura 2010 y en la Sudamericana de 2008.

--¿Y qué detalles les hicieron perder títulos?

--En 2010 podría decir que por una equivocación mía pudimos haber perdido el campeonato. En la Libertadores de ese año, por un error que nos costó un gol. Y la Sudamericana de 2008, si no perdíamos ese partido de local, la ganábamos.

--¿Creés que si te infiltrabas para jugar el suplementario, lo aguantabas?

--Eso es relativo. Pero creo que sí. Ahí fue un segundo. Pero se entraba con una aguja, se ponía anestesia y listo. La verdad es que nunca me infiltré tanto como acá. Me habré infiltrado en la Lazio para jugar un partido después de una fractura, y nada más. Pero acá se dieron varias cosas: la necesidad, el momento. En una final hacés cualquier cosa, y se dio varias veces que íbamos por el campeonato y me tenía que infiltrar.

--Antes de empezar el Apertura 2010, ¿cuánto apostabas a que lo ganaba Estudiantes?

--… ¿Pero yo protagonista o desde afuera? Como protagonista yo te apuesto siempre, pero por cómo veníamos, por cómo se venía dando, la realidad es que estaba difícil apostar por ese equipo.

--Siempre fuiste muy respetuoso de Gimnasia. ¿Qué te mueve a serlo?

--Tiene que ser parte de la convivencia nuestra. La categoría 75 se junta a jugar los clásicos. Si nos ponemos a cargar, no ayuda a la convivencia en la ciudad. Y te digo la verdad: no quiero que La Plata sea Rosario. Quiero salir y comer en un restaurante por más que el dueño sea hincha de Gimnasia. Y acá puedo hacerlo. Por supuesto que no falta alguien que te dice algo, pero son los menos. Y hay que mantenerlo así. El respeto es recíproco. Lo que nos pasa a nosotros, y no sé si en Rosario pasa, es que nos mezclamos mucho los hinchas de Estudiantes con los de Gimnasia en las familias, en los grupos de amigos. Si no mantenés el respeto, no podés vivir.

--¿Cuál fue el error de Calderón? No me refiero a los ataques personales.

--No soy quién para decir qué error cometió tal o cual persona. Si él cometió un error, que parece que no, tendrá que decirlo él.

--¿Te dolió alguna actitud suya: irse intempestivamente o luego, jugando para Argentinos, declarar que a Estudiantes lo favorecían los árbitros?

--Eso no. Lo que me duele en general es la mentira. Que se falte a la verdad, el acusar por acusar me duele. Lo digo en general.

--El Chapu y el Chavo van a ser técnicos. ¿Te resultaría difícil contratar a alguno de ellos?
--Primero, no creo que vayan a ser todos técnicos. ¿El Chavo? ¿El Chapu? Los quiero ver, je. Pero por supuesto que no me resultaría difícil contratarlos. Los conozco y sé cómo piensan.


--La otra cara de la moneda es que podría resultarte difícil echarlos.

--Eso sí, sería difícil. Pero el riesgo siempre está. Pero me resultaría difícil echarlos porque sé cómo son como personas, cómo les gustaría trabajar y que son tipos identificados del Club.