¿Qué cree Vivas, el mejor DT 2016 a éste lleno de dudas?

Nelson se siente respaldado por los dirigentes, pero no ve respuestas individuales. Por eso, avisa: "Hay que salir rápido de este momento". Patronato, una final impensada.

17/03/2017 12:57 Noticias
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Es un escenario impensado. Impensado para el ciclo en general. Y para Vivas en particular. Hace tres meses nomás, Nelson fue elegido por los premios Alumni como el mejor técnico del 2016. Hoy, sin embargo, su capacidad de revertir esta racha adversa del equipo está en duda. Y por consiguiente, su futuro. El mismo lo dijo en conferencia. Primero, arrancó con una broma para romper la tensión de la pregunta:  "¿Si me siento respaldado? No, cuando te respaldan, estás con medio pie afuera, je", tiró. Luego, sí, se puso serio: "Tengo buena relación con Agustín (Alayes) y con los dirigentes. Las opiniones deben ser variadas y el fusible siempre es el entrenador. Yo desde ese lado me siento tranquilo y apoyado. Pero los resultados son estos. Y hay que salir rápido de este momento".

 Si algo tiene Vivas es que es un entrenador muy criterioso y ubicado. Con gran sentido común. No se miente sí mismo ni tampoco maquilla la realidad hacia afuera. "Esto es fútbol y sabemos qué pasa cuando no se gana. Estamos en un momento de dificultad", reconoció.

  ¿Ahora, qué piensa él realmente de lo que le pasa a Estudiantes? Nelson está con fuerzas para seguir, pero también siente que no hay respuestas individuales. Acá hay que separar las interpretaciones. De hecho, el técnico dijo sentir el apoyo de los jugadores ("Sé la relación que tenemos y confío en ellos"). Lo que ve, en todo caso, es que no hay reacción futbolística en sus dirigidos. Y eso, en algún punto, es un factor condicionante. A veces las ganas de revertir un momento no alcanzan. Su mensaje, lo sabe, no está llegando.

 

En el cuerpo técnico no creen que haya un problema estructural. Sin embargo, Vivas ya tuvo que renunciar a su primera idea táctica. Había empezado el verano con intención de jugar con línea de tres y lo tuvo que cambiar a pedido de los jugadores. Ahora, eligió un sistema tradicional, el 4-4-2, el que cree que mejor le queda a las características del equipo, sobre todo a partir del ingreso de Ferney Otero. Y los resultados siguen sin aparecer. Un punto de 18 para un equipo que le había llegado a sacar cinco a su inmediato perseguidor en el torneo doméstico es un cachetazo que voltea a cualquiera.

La realidad es que lo mejor que tenía ese Estudiantes puntero, aun sin brillar, ya no lo tiene. Se esfumó. En algunos casos, casi increíblemente. Como por ejemplo, la solidez defensiva. ¿Qué hizo que una línea de fondo que llegó a estar cinco fechas sin recibir goles y nueve fechas sin perder (seguidilla sólo igualada en el Nacional 67 y en el Metro 84) hoy reciba 13 goles en sus últimos seis partidos (más de dos por juego)? Y todo, claro, sin cambiar los intérpretes. La respuesta: los rendimientos individuales.

Otro de los puntos fuertes del equipo era la banda derecha: el tàndem Sánchez-Solari fue la llave por donde el equipo rompía líneas y desbordaba. Hoy, el ex Tigre está bajísimo y el ex River no puede recuperar el nivel que había mostrado en las primeras fechas. No hay desequilibrio, no hay ganancia en el mano a mano y, encima, hay pérdida rápida de la pelota. Es decir, el equipo no tiene aire, el balón vuelve rápido. Y la banda izquierda, que también está mal, nunca fue de todos modos una salida de emergencia. Ni siquiera con la llegada de Dubarbier, flojo también.

La línea de los volantes centrales era otro sector que funcionaba a pleno: tenía a Ascacibar como gran revelación y a Damonte como el conductor. Cuando el platinado faltó, a Estudiantes incluso le costó generar juego. Hoy los dos están lejos de su nivel. Al punto que uno sale, por descanso, pero también por rendimiento (viene de perder mal una pelota en el segundo gol de Botafogo). El Rusito, por su parte, no es el mismo del 2016. Ni siquiera lo pudo demostrar en el Sudamericano Sub 20.

Y en ofensiva, el equipo está sintiendo la salida de Auzqui, más allá de la buena aparición de Ferney. Por todo, Vivas en algún punto se siente acorralado. Ve que no hay mucho más por cambiar en lo estructural y que hoy necesita más respuestas individuales que colectivas. Volver a cambiar de esquema supondría un último manotazo. Y no ganarle a Patronato, de local, lo hundiría en una crisis de confianza todavía mayor, difícil de revertir.

Por todo, el partido del domingo asoma como una final impensada. Tanto, tanto, como este escenario.