¿Qué quedó del puntero?

Nada. O casi nada. Estudiantes pasó de ser un equipo confiable y ganador a este que no da garantías y no levanta cabeza. Cómo pasó de encabezar las posiciones invicto y con la valla menos vencida a (casi) no sumar en un puñado de meses. Lo más preocupante es que perdió la línea y no se avizora una solución inmediata.

26/03/2017 22:02 Noticias
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Hace apenas unos meses el fútbol argentino hablaba de Estudiantes. De su plan, de su juego y de su eficacia. De la claridad conceptual de su entrenador (votado como el mejor de 2016) y de cómo logró edificar un equipo sin figuras rutilantes que no sólo jugaba bien: también ganaba y peleaba por cosas importantes.

Pero todo lo que se dijo en aquel momento desapareció con llamativa liviandad. En los últimos meses de 2016 algo pasó. El puntero, con valla invicta y que dejó con la boca abierta a más de uno desapareció como por arte de magia. Los goles en contra empezaron a llegar cada vez con más frecuencia y la solidez defensiva se transformó en un simple y grato recuerdo. El equipo imbatible empezó a ser permeable y terminó siendo débil: en los últimos 7 partidos recibió 13 goles.

El equipo perdió la línea, el juego y la identidad. Con estos valores también se fueron los resultados positivos.

Un dato no menor es el porcentaje de puntos conseguido en el último tiempo. Hasta la 10° fecha había sacado el 86% de los puntos que disputó. Desde la 11° en adelante, solo obtuvo el 23%, transformándose en uno de los que menos sumó en los últimos 6 partidos: apenas 4 puntos (conseguidos frente a equipos de poca monta como Patronato y Atlético de Rafaela).

Si bien es cierto que los cambios influyeron, no es menos cierto que Estudiantes dejó de jugar bien hace varios partidos. El nivel individual de algunos jugadores influyó directamente en la estructura del equipo y la estructura no alcanzó para bancar el bajón individual. El tándem derecho (Sánchez-Solari) ya no marca diferencia, la dupla de centrales lejos está del nivel mostrado y ni siquiera un refuerzo europeo como Dubarbier pudo solucionar los problemas defensivos a las espaldas de Tití Rodríguez. Ascacibar y Damonte también pasan por un bajón y el equipo los extraña horrores. Acaso el salto de calidad que le dan a la ofensiva Viatri, Otero y Toledo no alcanzó para marcar diferencias. No porque ellos sean los responsables sino por la cantidad de goles recibidos.

Pese a todo, la campaña de Vivas sigue siendo muy respetable. El entrenador se mostró contrariado y fastidioso tras el empate en Rafaela y acumula bronca e impotencia desde el partido en Brasil, cuando consideró que estuvieron muy cerca de ganar y terminaron perdiendo. Vivas sabe que el crédito se agota y precisa que el equipo empiece a ganar para volver a ser confiable. Los números todavía lo avalan, pero su propia cabeza es la que se pone plazos para encontrar resultados, funcionamiento y confiabilidad. 

Con la Copa por delante y a seis de Boca, el objetivo está centrado en recuperar la memoria. Transformarse otra vez en un equipo aguerrido que llegó a sacar una ventaja considerable en el torneo y que dilapidó por sus propios errores.