¡Qué grande sos!

Verón fue el líder espiritual y futbolístico del equipo para seguir con vida en la Copa. A los 42 y con su fiel ladero Braña (que tiene ¡38!) como segunda guitarra, le dieron un salto de calidad al equipo que hasta el momento no había mostrado. 80 años de mística, combate, fútbol y contagio para conseguir los primeros tres puntos en el grupo.

20/04/2017 07:53 Noticias
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55 minutos le alcanzaron para demostrar que su calidad está intacta. Que aún con 42 y tras varios años sin jugar profesionalmente su GPS funciona a la perfección y puede guiarlo por dentro de la cancha como a ningún otro. Sus ganas de demostrar que está intacto pese a su edad y su deseo que a su gran amor le vaya bien son el pilar fundamental para entender por qué Verón jugó el partido que jugó ayer. Un partido en el que fue de lo mejor del equipo y que pudo abrir a pesar de su pegada.

En un fútbol donde todos meten y corren, él no quiso ser menos. La diferencia con el resto es que también jugó. Empezó siendo el vértice derecho del triangulo del medio, después fue a la izquierda y hasta se animó a ser el primero en ir a recuperar el balón de tres cuartos para arriba. Sus señas fueron elocuentes para que no lo dejen sólo: quería una presión en bloque para no pasar sobresaltos físicos. Cuando el equipo conseguía la pelota su toque clarificador fue vital para mostrar lo poquito que el equipo hizo en el primer tiempo. Y mucho más importante fue su pegada en el tiro libre que derivó en el gol de Toledo.

“Vi que el arquero se movía para el medio y entonces quise buscar el segundo palo. Por suerte pudimos convertir y conseguir tres puntos muy importantes para nosotros”, dijo Sebastián en zona de vestuarios.

Si bien Estudiantes no generó demasiado, la experiencia para trabajar el partido fue vital. Con Verón como abanderado y con Braña como escolta, el equipo entendió como jugar y ganar el partido. El Chapu fue, como en los viejos tiempos, el compañero ideal para el presidente y cuando Sebastián salió fue quien ayudó a los más chicos a bancar la parada. No era un partido sencillo y con apenas 20 años Cascini demostró estar a la altura. Corrió, presionó, aportó claridad y hasta metió un pase extraordinario para la llegada en profundidad de Sánchez.

Volviendo a Verón, una vez más demostró que su presencia es muy importante futbolísticamente. Con 42 y en un fútbol de atletas su cerebro funciona a la perfección para darle las herramientas necesarias como para suplir sus posibles falencias físicas. “Me cuesta un poco porque al no jugar tan seguido nunca llego a tener ritmo”, dijo tras el partido. “Me gustó como jugó Sebastián. Demostró que su pegada está intacta. Igualmente hay veces que fuerza mucho la maquina…”, afirmó Vivas. “Para mí jugar mi primer de Copa con Sebastián al lado es un sueño”, sostuvo Cascini. La noche de su vuelta no fue la esperada pero de a poco va quedando atrás y el futuro parece ser mucho más alentador.