Padre Coraje

Estudiantes volvió a ganar el clásico y estiró un poco más su paternidad ante Gimnasia. Esta vez fue con más garra que fútbol y en la cancha de Quilmes, donde un cabezazo perfecto de Damonte posibilitó que el equipo siga soñando con el campeonato. Braña fue el abanderado de la victoria, que pudo haber sido más holgada y terminó siendo apretada. De yapa, Gimnasia se quedó sin entrenador… sí, como hace 7 años.

14/05/2017 09:31 Noticias
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Para el hincha es fácil jugar con el resultado puesto. Decir “otra vez la misma historia”, o “no nos ganan más”, es fácil decirlo, aunque en el medio hay que lograr llevar a cabo el objetivo. Y esa facilidad con la que los hinchas sacan a relucir la paternidad que consiguió Estudiantes sobre Gimnasia (de los últimos 18 clásicos perdió sólo 1, en 2010) nada tuvo que ver con el desarrollo del encuentro.

Si bien el equipo de Vivas fue un poco más, no es menos cierto que Gimnasia vendió cara la derrota. De hecho, sobre el final del juego, Andújar debió intervenir en un par de jugadas para defender la ventaja que había sacado Damonte con un excelente cabezazo tras una gran ejecución de Dubarbier y que el equipo no pudo ampliar debido a la falta de precisión en la última jugada.

Cuando Espinoza -un árbitro del montón que sacó el partido y cometió el grosero error de no expulsar a Oreja por una increíble mano- marcó el final, comenzó a aflojarse la tensión en los jugadores que jugaron sabiendo que tenían la obligación de ganar por varios motivos. La historia, la camiseta, los colores y la paternidad conseguida en los últimos años. Pero también la actualidad. Para volver a zona de clasificación a las Copa de 2018 y ver si el torneo le da alguna chance más. Por eso y porque para varios pudo haber sido el último. Por eso Desábato -que tuvo un cierre providencial sobre el final del partido- lloraba como un chico. Por eso Braña, patrón y sota en el patio de su casa- cantaba y saltaba como un hincha más después de consolar a su amigo Chirola Romero. Por eso Damonte hacia silencio cuando el estadio lo pedía y se sacaba la tensión a puro salto.

Justamente Damonte es un caso emblemático. Los clásicos para él guardan un sabor especial. Por eso su dedicatoria “a los que están en la tribuna” y “a los que no están”. Ahí fue donde se emocionó. Porque el recuerdo de su padre y hermano floreció naturalmente. Por el respaldo que le dio el Club en momentos duros de su vida y por cómo se apoyó en él para salir adelante. Por la carga emocional que traen los clásicos luego de aquel incidente de 2013 en el estadio Ciudad de La Plata que pareció la antesala de lo que sucedería tres años después en Mar del Plata. Por todo eso, para el autor del gol, el clásico es especial. 

Otro clásico pasó para estirar la distancia en el historial y dejar en claro el momento de unos y otros. Como sucedió la última vez que el clásico se jugó en Quilmes, una multitud apoyó al equipo y tras el triunfo, Gimnasia se quedó sin entrenador por la salida de Alfaro (aquella vez fue Cocca). Estudiantes escribe una historia riquísima en lo que a clásicos se refiere, ganando muy seguido y marcando una supremacía pocas veces vista en la era del profesionalismo.