Correa, el pibe que subió de peso, se reinventó y hoy es 9

Sampdoria lo preparó y Sevilla lo explotó. Verón tuvo su influencia. Animals! te cuenta la increíble transformación del Tucu, que lo llevó hasta la Selección Argentina.

19/05/2017 19:28 Noticias
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"El partido que hizo Correa fue increíble". El elogio tiene apenas 19 días. Fue después de la derrota del Sevilla ante el Málaga por 4 a 2. Es decir, Jorge Sampaoli no necesitó ni un triunfo, ni siquiera un empate y menos que menos un gol, para destacar al tucumano. Lo hizo igual, en el marco de una goleada en contra, y agregó: "Su crecimiento en el equipo es muy grande y eso ayuda al volumen de ataque que tenemos".

Fue toda una señal. La primera señal. A esa altura, Correa ya era uno de los preferidos de Sampaoli. Y la confirmación de esa sensación llegó con su primera convocatoria como DT de la Selección: la joya tucumana, de apenas 22 años, no sólo está adentro de la lista. No hay que descartar que tenga un papel protagónico en el nuevo equipo nacional. Al DT argentino le gusta su calidad, pero sobre todo, cómo ataca. De hecho, le cambió el puesto: lo hizo jugar de 9. Sí, de 9. Una transformación totalmente inesperada.

 Pero Sampaoli también sabe que Correa puede lastimar llegando desde atrás. Esa multifunción ofensiva lo seduce. Conoce ese tranco desequilibrante que abre huecos y su facilidad para pisar el área. Y hasta imagina que con Messi y Dybala llevándose marcas, el tucumano podrá filtrarse, incluso, con mayor facilidad. Por lo pronto, para él es un delantero más.

 Correa se terminó de convertir en un jugador "europeo" en Sevilla. Pero, en realidad, las bases las hizo en Italia, a pesar de no haber rendido en toda su plenitud. En Sampdoria lo hicieron engordar cinco kilos en los primeros cinco meses. Sinisa Mihajlovic, su primer DT en el Viejo Continente y ex compañero de Verón en el Inter, entendía que el físico y la altura (1,90) del Tucu necesitaban musculatura y buen cuerpo a cuerpo para triunfar. El rigor táctico del Calcio le impidió volar al comienzo. Sobre todo, porque arrancó jugando por el centro. En la Samp tardó un año en meter su primer gol. Y lo hizo cuando pudo recostarse sobre la raya izquierda, ahí donde más lastimaba en Estudiantes. Pero al fin de cuentas, la escuela italiana siempre da sus frutos, siempre potencia, siempre te hace mejor. Vaya si lo sabrá la Bruja...

 

Verón, de hecho, tuvo mucha influencia en esta evolución. La Bruja siempre tuvo un cariño especial por el Tucu y sabía que la Sampdoria, como le había pasado a él (también fue su primer club en Europa), iba a ser el trampolín que necesitaba para irse a un grande de Europa. Todo fue como lo predijo. Aunque no fue indispensable para la Samp, la calidad, las características y la juventud de Correa empezaron a despertar el interés de los gigantes. Inter, otro club donde jugó JSV, preguntó por él. Pero al final se lo llevó Sampaoli, en una operación que rondó los diez millones de euros.

"Prometo trabajo, sacrificio y humildad", dijo apenas llegó a Sevilla. Pero arrancó con un fútbol demasiado tibio para el fuego que proponía su DT. Eso hizo que hasta sonara para volver a la Argentina. "Pero Sampaoli nunca dejó que me fuera", contó el Tucu. El entrenador le tenía tanta confianza, que decidió darle otra oportunidad. Y Correa ya no la desaprovechó. Y ahí fue cuando encontró su lugar en el equipo: de 9.

"Me está tocando jugar en ese puesto, que es nuevo para mí. Pero me gusta", dijo él. Claro que nunca fue un 9 de área, sino una referencia libre, con movilidad, con amplitud, algo así como fue Messi para el mejor Barcelona de Guardiola. Ahí, Correa logró demostrar toda su calidad. Y su despliegue, sin posición fija para los defensores, lo convirtieron en un delantero impredecible.

 

Correa se reinventó a tal punto que hoy llegó a la Selección. El tucumano de Estudiantes, el pibe que llegó a City Bell cuando tenía 12 años, es otra joya que el Club aporta para la transformación del fútbol nacional.