Ignomiriello, el padre de la Tercera que Mata

Don Miguel cumple hoy 90 años y Animals! lo festeja con la mejor entrevista que le hizo: Zubeldía, Mangano, su pasado en Gimnasia, por qué dejo libre a Menotti y la Selección Fantasma.

11/06/2017 13:05 Noticias
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--¿Trabajó más años en Gimnasia que en Estudiantes?

--Sí, fue así. En Gimnasia empecé en 1943 hasta el 50 inclusive; luego del 54 al 59; también en 1961 y en 1989. Fueron cuatro veces.

--¿Y qué lo identificó tanto con Estudiantes?

--Mi grupo familiar, por parte paterna, era cien por ciento fana de Estudiantes. Mis abuelos llegaron a La Plata en 1890. Cuando se hace el mercado del abasto, arriba había unas viviendas. Se casaron en 1899 y se fueron a vivir al mercado. Yo fui el primer nieto de ellos, y me acuerdo que en el comedor había una foto de la línea y del equipo de Estudiantes. Y eso era 1930, más o menos.

--¿Y su padre?

--Mi papá vendía papas en una feria de diagonal 73, y a los carros antes se les ponía una leyenda, o un nombre. El le puso “El piloto olímpico”, por Nolo Ferreira. Mi papá decía: “Quien no es de Estudiantes y conservador se tiene que ir de esta casa”. Era fanático.

--¿Y cómo fue a parar a Gimnasia?

--Yo tenía 12 años tenía un equipo en 49 y 4, al que le pusimos Wanderers. Hacíamos desafíos a otros equipos, por ejemplo a Estudiantes o Gimnasia. En Gimnasia estaba Aníbal Díaz, un seleccionador de mucho prestigio, y me invitó a trabajar; me dijo: “Si venís, te doy un carnet para entrar gratis a la cancha”. Y ahí empecé.

--¿Gimnasia tenía el mismo potencial que Estudiantes en Juveniles?

--No, porque el potencial de Estudiantes había nacido antes. En el 30 trabajaba un señor que se llamaba Mateo Gutiérrez, farmacéutico de profesión pero que buscaba jugadores. Y en la cancha auxiliar hacía pruebas para Inferiores, para la gente de La Plata. Y fijate que la Primera en esa época había varios jugadores de la ciudad: Scopelli, Guaita, los hermanos Nery, los hermanos Sbarra, los Telechea… Luego fue elegido como entrenador el Mocho Viola, que con Sampietro, Hernández y Attili formaron un equipo excepcional de trabajo; dominaban claramente la zona. Y ya en esa etapa, en los 40, el Club había rentado una casa en Hernández para traer jugadores del Interior. Entre los que trajo estaban Benavídez y Albrecht, por ejemplo.

--¿Y en su etapa?

--En mi etapa de Gimnasia yo trabajaba con David Fracberg, un polaco que había venido con el padre a Berisso, y armamos juntos una Séptima campeona en el 45…

--Usted es del 27. ¿Tan joven y ya trabajaba como seleccionador?

--Empecé en 1943, con 16 años. No éramos técnicos, éramos delegados de Divisiones Inferiores. Los cursos de técnicos se implementaron después, en 1970.

--¿Pero usted llegó a Gimnasia para probarse como jugador?

--Sí, me probaron pero no tendría aptitudes y me tomaron como delegado. Esa función al principio no era rentada. En 1945 me fijaron 20 pesos.

--¿Para qué alcanzaba?

--Para moverse en micro o tranvía. Ese año tomé la Octava, división que fue campeona en Tercera en el 50. El único equipo de Gimnasia de Primera, Reserva o Tercera que fue campeón, desde 1931 hasta 2012, fue esa Tercera en el 50. Y el motivo de mi alejamiento fue que los dirigentes querían poner a ese grupo de jugadores en Primera, y yo decía que todavía les faltaba, que había que mecharlos. No me hicieron caso y renuncié.

--¿Cuándo trabajó por primera vez en Estudiantes?
--En el 53. Me había nombrado Bernardo Sampietro, pero llegó gente que no estaba de acuerdo con él, lo sacan del cargo y yo dejo el Club. Vuelvo en marzo del 63. Y renuncio el 30 de julio del 66.

--¿Es cierto que renunció porque no estaba de acuerdo con el techo que le estaban poniendo al Demo?

--Uno de los motivos que me estaban generando conflictos en la Institución, fue que cuando pedía algo era por una razón. Por eso tomé algunas resoluciones, como por ejemplo que los chicos no comieran en las pensiones sino en un lugar al que le pagara el Club.

--¿No les gustó a los dirigentes?

--Exacto. También hablé con Mangano y decidimos que sería bueno habilitar la cancha auxiliar para jugar los partidos; la AFA la habilitó por un año. Había que hacer los vestuarios del Demo para los árbitros, y entonces el ingeniero a cargo de la obra me dijo que iba a hacer el techo del Demo de chapa, a lo que le pedí que fuera de losa. Me respondió que no había plata. Fui a la Comisión Directiva y expliqué que debía ser de losa para, en el futuro, cuando hubiera dinero, construir habitaciones para alojar a los chicos. Me lo aprobaron, pero mi relación quedó desgastada con algunos. Y siguieron las discusiones, como cuando traje a Poletti y me dijeron los de la secretaría de Fútbol que había muchos arqueros. A Don Mariano le dije que era el sucesor de Ogando y lo convencí.

--¿Cuál fue el detonante?

--Empezaron a dudar de mi honestidad. A mí me llegaban muchas cartas de ofrecimientos para llevar a la Tercera a jugar partidos al Interior, o para ofrecerme jugadores. Y me enteré de que estaban abriendo las cartas con vapor para leerlas antes que yo. No acepté nunca que dudaran de mi moral. Fui a ver a Don Mariano tres días seguidos y no lo encontré. Al cuarto me fui.

--¿En ese momento, en el 66, advertía que sus jugadores podían llegar a tanto?
--Te cuento una anécdota: en enero del 66 me vino a ver el padre de Alejandro Apo y me confesó que, para que le aprobaran el proyecto de un campeonato amistoso de Tercera División para televisarlo, era necesario que lo jugara Estudiantes. No pudieron jugarlo todos porque muchos se habían ido de gira con la Primera, pero lo ganamos igual. Entonces lo invité a Mangano a un entrenamiento, le entregué la copa y le dije: “Este equipo va a ser campeón del mundo”. Durante mucho tiempo dudé de si eso se lo había dicho de verdad o lo había soñado, hasta que vi una foto de ese encuentro en el que yo estoy dándole la copa a Don Mariano.

--¿Era boxeador usted?

--Me gustaban mucho los deportes. Hice algo de atletismo. Y me acuerdo que en la calle 47 estaba el Boxing Club La Plata, y me entrenaba ahí. Y sí, llegué a pelear algunas peleas.

--¿También al rugby?

--Sí. Me preguntó un muchacho, Alvarez, si me interesaba jugar al rugby, y le dije que sí. Fue en Universitario, que tenía la cancha en el Bosque. Fui hasta capitán de la Tercera.

--¿Cuál era su mayor virtud como seleccionador?

--La selección del jugador es un tema que lleva tiempo y que no se adquiere en los cursos; es algo innato. Y lo da la cantidad de pruebas de jugadores. Hay que estar extremadamente atento. Por ejemplo, el Beto Infante y Juan José Negri se fueron a probar a Gimnasia, y no los vieron, no se dieron cuenta. A Estudiantes vino Passarella y se fue de vuelta. Y mirá lo que pasó con Vietto…

En mi currículum pongo: “Técnico, seleccionador y conductor”. No es que sólo hay que seleccionar, también hay que trabajar al chico, educarlo y conducirlo. Hay que saber cómo come, cómo duerme y cómo tiene relaciones.




--¿Su virtud fue complementar esos aspectos?

--Sí, y toda mi vida fue igual. Cuando vine a Estudiantes sabía lo que quería. El fútbol es como en el teatro: hay actores y comparsa. Cuando se dice “tengo 30 jugadores”, ojalá que sea así, pero en realidad, si tenés a un buen actor, cuidalo, acompañalo. El actor es el jugador al que ves sobresaliente, y le tenés que decir al dirigente para que atienda el caso.

--¿Un ejemplo?

--En el 67 yo estaba en Central y vi a un jugador excepcional: Hijitus Gómez. Tenía 17 años. Le pregunté dónde vivía, y me contestó en el Cementerio Británico de Rosario, donde su padre trabajaba de jardinero. Lo hice debutar en el 67, con Boca, le hizo un caño a Rattín. En la cena le pedí al presidente que me diera la garantía para alquilarle un departamento. Así hay que cuidarlos. Parecido ocurrió con Landucci, que le gritaban “narigón”, y por sugerencia mía el club costeó su operación de nariz. Hay que estar en el tema integral.

--¿Un caso en Estudiantes?
--Con Aguirre Suárez. El era empleado en Tucumán de un famoso ingenio, y se manejaba con una moto. Le dije que tenía dos caminos: o vendía la moto o se volvía a Tucumán.

--Recién hablaba de jugadores que los clubes no vieron. ¿A usted se le pasó de no haberle prestado atención a alguno que luego triunfó en otro lado?

--En La Plata y en Rosario, nunca. Ninguno que yo haya tenido. Cuando doy los pases, firmo sugiriéndole al directivo ceder el pase porque yo no puedo hacer. Pero los directivos guardan la nota por si el día de mañana aparecen en la tapa de El Gráfico.

--¿Y nunca le mostraron la tapa de la revista?

--Nunca, jamás. En cambio ahora, ¿quién le dio el pase a este chico Vietto? Nadie sabe. Hay diez jugadores en la situación parecida. Llamalo a Cacho Puebla y te lo dice.

--¿Entonces nunca se le escapó nadie?

--En una prueba, sí. En el 89 o 90 fui a Tandil, yo estaba en Estudiantes. Fui a hacer una prueba para jugadores preferentemente de categorías 77, 78 y 79. Me impactó Bernardo Romeo, la verdad que sí. Y además trajimos un arquero y un central que luego dejaron libre. Tengo la costumbre de anotar los datos de todos los jugadores de las pruebas; nombre completo, día de nacimiento, puesto… Tiempo después, un colaborador mío se acerca con una planilla y me pregunta: “¿Usted es seleccionador? ¿Nunca se equivocó?”. “Yo pienso que no, ¿pero qué va a mostrarme?”. “Mire a quién probó ese día…”. Y resulta que aquella vez en Tandil se había probado Mauro Camoranesi.

--¿Y no le llamó la atención?

--Se me pasó, no lo vi.

--El trabajo del coordinador está más valorado ahora.

--Sí, ahora sí. En Juveniles siempre se ganó muy poco. Se vivía con cierta comodidad, diría que cobraba más que un empleado de la Provincia, pero no era para tirar manteca al techo.

--Cuénteme una anécdota saliente de Zubeldía.

--Yo estaba probando arqueros, busqué por todo el país desde fines del 64 y comienzos del 65. Me decían para qué quería arqueros, si había varios. Yo estaba seguro de que iba a perder a Poletti, que me lo llevarían a la Primera. Y a comienzos del 65 me agarra Osvaldo y me dice: “Tengo una mala noticia para usted: tengo que sacarle a Poletti”. Desde la segunda fecha del torneo del 65 hasta diciembre del 70 Poletti fue el titular inamovible.




--¿De Mangano?

--Dos voy a contar. Había un jugador, un volante central, que yo consideraba que no podía darle puesto el Club. Yo le decía a Don Mariano que lo dejara libre, porque estaban Madero, Pachamé y Mateos, y que si ese jugador se iba a un equipo chico iba a ganar tres veces más. Al tiempo me llama Mangano y me dice que me había hecho caso, que lo había dejado libre. “Ah, bueno –le contesté, entonces deme los 70.000 pesos que ganaba ese jugador…”.

--¿Para qué?

--“…Porque vamos a dar 14 becas de 5.000 pesos”. Y así fue como Estudiantes se convirtió en el primer club argentino en trabajar doble jornada de labor en Inferiores y becaba a algunos jugadores para que practicaran.

--¿Era un dinero importante?

--Y… para un chico que así no tenía que trabajar, servía.

--¿Y el jugador hizo negocio yéndose?

--Sí, jugó de titular en otro club. Pero hubo un caso de otro jugador que me dijo que tenía un tío en La Pampa que le iba a pagar 8.000 pesos por mes. Le dije que hiciera lo que quisiera, pero que si se quedaba en Estudiantes al tiempo iba a ganar ese dinero por día. Se quedó, y fue un jugador muy importante para la historia del Club.

--¿Quién era?

--Ja, no voy a decirlo.

--¿La otra de Don Mariano?

--En 1970 yo era técnico de Banfield, y me enfrentaba con Estudiantes. Ese partido de noviembre nos lo empató Manera sobe la hora, de tiro libre (jamás perdí contra Don Osvaldo; gané cinco y empaté dos). Al finalizar me lo encuentro a Mangano, y me dice: “¿Alguna vez le negué algo? ¿Por qué no vino a verme antes de irse?”. Y le conté que había ido tres días seguidos a verlo. Entonces me dijo que al terminar mi contrato con Banfield, en diciembre, viniera nuevamente a Estudiantes.

—Y murió en diciembre.

--Lamentablemente. Para mí fue lo máximo que me podría haber ocurrido, porque después de que el Club ganase todo, entender que yo podía serle útil fue un halago.

--¿Cómo vivía aquellos partidos épicos sin trabajar en Estudiantes?

--Como amante de Estudiantes. Y además se corroboraba todo lo que yo había dicho que había que hacer. Todos tenemos ego, y para mí fue mi triunfo. Yo no estaba equivocado en cómo había que trabajar. Cuando Estudiantes le saca el invicto en la cancha de Racing yo ya no estaba en el Club, pero en la cancha me lo encontré a Dante Panzeri, que en una nota en El Día, donde era columnista, había titulado: “La Tercera que mata en Tercera pero que nunca matará en Primera”…

--¿Por qué decía eso?

--El consideraba que se había inflado el trabajo que se había hecho en la Tercera. Era un amante del fútbol inspiración, de hombres como Carlos Peucelle, de Renato Cesarini, y lo mío era mucho orden dentro y fuera del campo. El consideraba que ese orden era perjudicial para la creación, pero yo nunca le quité creación al jugador. Sólo pedía orden, y que si iba tenía que volver, que no se quedase parado.

--¿Era muy raro en esa época?

--Claro, ahora es normal, pero en ese tiempo se luchaba contra eso.

--¿Qué pasó en ese encuentro con Panzeri?

--Me lo encontré en Avellaneda cuando él bajaba del sector de periodismo.

--¿Usted había ido como hincha?

--Claro, como uno más. Le dije: “¿Qué me dice, Dante, de esa Tercera que no iba a matar en Primera? Hoy jugaron siete de ese equipo y le quitaron el invicto a Racing”. Me contestó con vaguedades.

--Panzeri tenía mucho predicamento.

--Yo le tenía mucho respeto, era un hombre honesto. Aunque deshonesto para hacer apreciaciones.

--¿Por ejemplo?

--Decía “este jugador tiene un cubo en la cabeza”. Y sólo había que decir que no cabeceaba bien, lo otro era ofensivo.

-¿Y una anécdota de Kistenmacher?
--Cuando Osvaldo viene a Estudiantes le sugerí que incorporase a un entrenador de atletas. Yo me acordaba de que el entrenador de El Expreso, un austríaco, había preparado antes a Raúl Ibarra en Los Angeles 32, en maratón. También Mogilevsky, un grande, había sido preparador de atletas. Yo consideraba que la clave estaba en que conocían al deportista, al hombre, y eso lo trasladaban a la preparación. Jorge le dio un señorío a la función. E incorporó dos cosas: el trabajo con balón y el entrenamiento en el Bosque; antes eran vueltas a la cancha y él sacó al jugador de ese ámbito.

--¿De quién fue la idea de la Selección Fantasma?

--Están muertos todos, y yo me hago cargo de la idea. El tema es que Argentina había quedado eliminada de Brasil 70, y pidió hacer el Mundial 78. ¿Con quién pierde las Eliminatorias? Con Perú y Bolivia. De ancestro existe un problema, que es la muerte por un síncope de un jugador de Central Córdoba que fue a jugar a la altura.





—Nadie quería ir a la altura.

Para ubicarnos: Enrique Sívori y Néstor Rossi ponían antes en los contratos que ellos no irían a jugar a la altura. En ese contexto nosotros teníamos que clasificar en la altura, donde no se había ganado nunca. Le dije a Sívori, el técnico principal de la Selección, que podía hacer dos equipos. Y uno de esos grupos hacer la aclimatación a la altura, jugando partidos en lugares con altura con la idea de ir subiendo. Llegamos a jugar en La Quiaca. Teníamos que hacer amistosos para recaudar; el cachet era de 5.000 pesos, pero en algún caso no nos pagaron.

--El esfuerzo sirvió.

--Sí, sí, al final le ganamos a Bolivia.

--¿Por qué el apodo de “fantasma”?

--Porque nadie se acordaba de nosotros. Preguntaban en la AFA por ese equipo y nadie sabía decir qué estaba haciendo, mientras nosotros estábamos trabajando en la altura para poder clasificarnos.

--¿Todos se la bancaron?

--Bueno, no a todos les gustaba estar ahí. Hubo dos casos de jugadores que mandé de vuelta, como los de Jota Jota López y Mostaza Merlo

--¿Usted dejó libre a Menotti?

--Sí, cuando dirigí la Primera de Central. No quería concentrar y no quería trabajar doble jornada. Fue en el 67. Decía que la doble jornada no servía para nada, y que el trabajo con pelota que yo hacía no servía para nada.

--¿Cómo era ese trabajo?

--Se empezaba trabajando con la pelota de goma y luego con la de cuero, con la idea de perfeccionar la técnica y jugar, que el jugador mayor también se entretuviera. Para él no servía, decía que era una payasada y pérdida de tiempo.

--¿Se lo decía a usted?

--No, la repartía en el grupo. Pero yo no lo eché por eso sino por su rendimiento, después de un partido con Ferro en cancha de Ferro. Le dije: “Tiene dos caminos, pide licencia o se va a jugar a Reserva”.

--¿Y qué hizo?

--Pidió licencia y se la di por 15 días. Después pidió el pase. Se fue a Estados Unidos y luego pasa por Santos, que es de donde habla tanto de Pelé. Después escribe un libro y me destroza por todo lo que hice en Central.

--¿Y qué hizo además de echarlo?

--Claro, el libro no termina ahí: yo reduje el plantel de 47 jugadores a 25, y luego en el 71 fue campeón y en el 73 también. Yo no me equivoqué, él se equivocó. Después, como técnico tuvo una gran virtud.

--¿Cuál fue?

--Jerarquizar a la Selección. Cuando llegó puso como condición finalizar el contrato con el Mundial. Y otra: que los clubes no pudiesen negar a los jugadores. Qué paradoja: cuando estábamos con Sívori en la Selección él nos negó a los jugadores de Huracán.