El plan de Verón para recuperar las selecciones juveniles

La Bruja es el responsable de llevar adelante la refundación de las categorías formativas de AFA. Basándose en el trabajo hecho en el Club, buscará que los pibes tengan sentido de pertenencia y hambre de gloria. Tiene en mente un sistema de castigo para los clubes que no cedan a sus jugadores por la experiencia Sub 20. Desio será su brazo operativo.

17/07/2017 07:59 Noticias
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Lo que en principio fue un tibio rumor informativo hoy es una realidad. Juan Sebastián Verón será el responsable de refundar las divisiones formativas de AFA, destrozadas por los malos manejos de los últimos años. Su cargo tendrá un eje central: apuntar a un proyecto a largo plazo para que los seleccionados menores nutran a los mayores con una preparación diferente. “El sentido de pertenencia que tenemos en Estudiantes hay que trasladarlo a la Selección”, afirma el presidente.

Para ello buscó gente de su círculo más cercano y con capacidad para desarrollar su trabajo. El coordinador es Hermes Desio, de gran trabajo en su función en el Club. Y el técnico de la Selección Sub 13 será Alejandro Sagesse, que trabajará con el profe Luis Martín, tal cual sucedió en Estudiantes.

Desio será el coordinador. Aimar será trabajará con la Sub 17, Placente con la Sub 15 y Desio con la Sub 13. Diez será el DT de la Sub 20, pero ese equipo estará bajo la órbita de Jorge Sampaoli.  

Desio tendrá una responsabilidad mayúscula. Tener a su cargo una estructura tan importante es poco menos que manejar el capital de una empresa quebrada que busca refundarse para obtener los dividendos perdidos. El fútbol argentino es una mina de oro mal explotada y es un verdadero milagro que la Selección haya jugado tres finales en los últimos 3 años. Con la desorganización existente, el mérito se reduce a lo que puedan hacer los jugadores y el entrenador de turno, justamente lo que Verón no quiere. Pretende que los resultados sean una consecuencia del trabajo y no quede librado sólo a la capacidad individual. Por eso es que buscó a Desio, quien interpreta a la perfección su pensamiento, para desarrollar su plan. 

El rol de Sagesse también será clave. Se hará cargo de un área nueva, ya que antes no había Sub 13. Originalmente la idea es que los chicos trabajen cerca de sus casa o clubes para no modificar la base escolar. Él recorrerá las provincias y habrá encuentros para plasmar el trabajo en el predio de Ezeiza. La inclusión de esta categoría tiene que ver con una falencia formativa que Verón quiere resolver. Si un chico que empieza a jugar en la Selección a los 12 años y mantiene su nivel, podría llegar a los 22 con 10 años de formación y sentido de pertenencia. Aspectos vitales en la nueva planificación.  

El plan de Verón tiene varios matices más. Está convencido que un jugador debe ser jugador de selección no sólo cuando es convocado. El comportamiento debe ser ejemplar y su preparación también. Además, tiene medidas en mente que deberán tener respaldo en Comité Ejecutivo. Por ejemplo, un sistema de castigos para los clubes que no cedan a sus jugadores. Aquellos clubes que no colaboran con la Selección no podrán usar a sus futbolistas en el período en el que no fueron cedidos. Esto obedece, entre otras cosas, a la decisión de Independiente de no permitirle a Barcos jugar el Mundial Sub 20.

Otra es idea es elevar los requisitos para que los entrenadores sean de excelencia. Hoy con dos años de curso, cualquiera es técnico. Es más, muchas veces los jugadores que hacen el curso ni siquiera van a las clases. Entonces la intención es mejorar la calidad de entrenadores a través de un complemento que podría durar un tiempo más, con una amplitud académica y bases pedagógicas más firmes. Es decir, una formación distinta, con más herramientas para tener mejor calidad de entrenadores que, inevitablemente, darán mejor calidad de jugadores.


El plan está en marcha. Fue presentado durante la última semana en Ezeiza y ahora sólo queda tiempo de trabajo. La experiencia del presidente será fundamental para devolverle a la Selección el prestigio perdido. Una tarea nada sencilla que tendrá un largo camino por recorrer.