Un partido para la historia, que cambió la historia

Hace 50 años, Estudiantes le ganaba 4 a 3 a Platense en una hazaña inigualable, que fue bisagra en el Club. La remontada tras el 1-3 con diez hombres, la avivada de Bilardo y la guapeza de los leones de Zubeldía para llegar a la final del Metro 67. Para contar y recordar por siempre.

03/08/2017 09:38 Tapas
img

Dijo La Prensa: "Fue notable la reacción de Estudiantes de La Plata, que perdía por 3 a 1 jugando con 10 hombres. Desniveló un partido en circunstancias tan desfavorables derrochando fervor y entusiasmo... El triunfo de Estudiantes no admite reparos, seguramente será recordado por los aficionados por su ritmo y calidad".

Destacó La Nación: "Fue toda una proeza. Una lucha inmensa que sólo cesó cuando el cansancio y la nerviosidad minaron los músculos del perdedor, un score, que con sus alternativas, puso una nota inusitada en el espectáculo y la levantada de un equipo que se erigió victorioso a despecho de su inferioridad numérica, jerarquizando la primera semifinal del campeonato metropolitano de fútbol y certificando que no en vano Estudiantes y Platense habían ganado tamaño derecho (...)". El vencedor supo, ante la adversidad, armarse de paciencia para explotar errores de su adversario, que se desesperó hasta olvidar por completo todos los caminos al gol".

 Escribió José María Suárez en el diario El Día, bajo el título "Bien de hombres": "La calle Florida, a dos cuadras del hotel, ve pasar con asombro -entiendo por primera vez- a unos muchachos cantando 'Pincharrata, los guapos de La Plata'. Son los que hicieron la promesa de retornar a pie a nuestra ciudad si Estudiantes ganaba. Deben estar llegando a la sede. No son locos, es buena gente. Entre ellos va uno de Gimnasia. Créalo, yo lo conozco".

Todas estas letras llenaron de tinta las páginas hoy amarillentas y crujientes de los diaerios del viernes 4 y sábado 5 de agosto de 1967. Un jueves 3 de agosto (sí, un jueves como hoy), Estudiantes había ganado acaso el partido más importante de su historia, en una noche épica, inigualable en la Bombonera: fue 4 a 3 ante el Platense de Labruna.

Se le han colocado a este encuentro calificativos del más diverso calibre e impacto. No es para menos. Pasaron ya 50 años. Y con el derrotero del tiempo, se sabe, la leyenda se agiganta. Nada es exagerado, créanlo.

No sabían los periodistas que ese día fueron a La Boca lo que vendría después. Por eso nadie se animó a escribirlo. Con los resultados en la mano, hoy nadie puede dudar de que ese encuentro fue la bisagra para la historia deportiva más trascendente del Club Hasta los de Platense así lo entienden. Es una herida difícil de cerrar.

Estudiantes se había clasificado segundo, pero con los mismos puntos (29) detrás de Racing en la zona A del campeonato. Y Platense, primero en la B, con 28 unidades, delante de Independiente. Había que definir en cancha neutral, a cara de perro, el pasaje a la final. Estudiantes, hasta entonces sin títulos, ya había sorprendido en la fase inicial con un jugo sólido y efectivo.

Manera, lesionado, era baja. El martes 1 de agosto de ese año, Estudiantes le había ganado el clásico a Gimnasia por 3 a 0 y las piernas tenían su huella. Pero había que jugar a los dos días, una semifinal. Y ellos jugaron. Vaya si lo hicieron. Madero de cinco clásico, Barale, entonces capitán, en la cueva con Aguirre Suárez. Malbernat en lugar de Manera y Pachamé de tres. Recién se estaban acomodando en el partido cuando Conigliario metió la cabeza para poner el 1-0. Pero Lavezzi, en una contra, y Bulla, en una gran maniobra individual, dieron vuelta el marcador.

Se venía la noche para los leones de don Osvaldo. Barale, lesionado en la pierna derecha, dejaba el campo de juego. Uno menos porque no había cambios. El partido, igual, siguió parejo hasta el entretiempo. Incluso la Bruja Verón lo pudo empatar a los 41: se lo perdió solo frente al arquero.

En el arranque del segundo tiempo, otra vez Bulla puso el 3 a 1. La suerte parecía sellada. ¿Quién podía apostarle un peso a Estudiantes en ese momento? Sólo un loco. O unos locos. Pero todo empezó a cambiar cuando Verón, de palomita, puso el 2-3 a los 9. Seis minutos más tarde comenzaría a escribirse el milagro, una de las páginas más gloriosas, más valientes de más hombría, de la historia. Bilardo empató de zurda tras una pared con Conigliaro en el arco del Riachuelo, donde estaba la gente de Estudiantes. 

 

El Narigón empezaba a ser trascendental a la hora de escribir la gloria. De hecho, estuvo directamente involucrado en el hecho más polémico del partido. Fue a los 18 del ST. "El arquero Hurt detuvo una pelota sin ningún peligro. Cuando se disponía a jugarla, fue molestado lícitamente por Bilardo y el arquero de Platense no encontró otro recurso que aplicarle un puntapié. El árbitro Coerezza se encontraba a sólo dos metros del lugar de la infracción, por lo que no dudó en sancionar penal", valoró La Prensa.

Distinta fue la opinión de La Nación: "Acaso lo único que desentonó sea la forma en la que se sustanció el gol de la victoria: un tiro penal provocado por la reacción de Hurt ante la carga de Bilardo". Para La Razón, en cambio, "fue un penal infantil, que hasta pudo merecer la expulsión del arquero".

Madero se hizo cargo de un penal que pesaba mil toneladas. Y definió con un tiro a la izquierda de Hurt, quien fue al lado opuesto. Poletti y Pachamé también anotarían sus nombres en la gesta. El arquero, en una corrida sensacional, salió casi 40 metros para taparle un gol a Medina. Y Pacha salvó sobre la línea con el arco libre un gol Calamar cuando el partido estaba 1-3. Fue heroico también el aguante. "Aguirre Suárez se batió contra sus rivales con un llamativo espíritu de lucha", destacaron los diarios.

Lo que siguió quedará en los libros de oro para siempre. La final con Racing, el primer título de la era profesional para el Club, el punto de partida para el campeón del mundo. Pero ese partido contra Platense fue para la historia. El que cambió la historia.