A 50 años de la primera estrella, el trampolín a la gloria eterna

Se cumple medio siglo de la obtención del primer título del Club en la era profesional: el 6 de agosto de 1967, Estudiantes ganó el Torneo Metropolitano y terminó con la hegemonía de los grandes. Fue después de golear a Racing 3 a 0 en el Viejo Gasómetro con los goles de Madero, Verón y Ribaudo. A partir de allí la historia cambió y comenzó uno de los dos ciclos más gloriosos.

06/08/2017 08:37 Noticias
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En 1967 Estudiantes no fue un campeón por los imponderables del fútbol. La primera estrella bordada en oro en la camiseta se consiguió al cabo de una campaña brillante y memorable. Junto a Independiente, ese del Metro 67, fue el equipo que menos goles recibió en la fase regular (15), el que más puntos logró (29, con Racing) y el que ganó a la Academia de Pizzuti de todas las formas posibles. Durante el campeonato, dividido en dos zonas de 11 equipos cada una, le quito el invicto de dos años jugando de local al súper equipo de José (2-1 con goles de Conigliaro y Verón) y en definitiva, al que sería campeón del mundo ese año, lo venció en los tres encuentros que jugaron, incluida la final, por un categórico 3 a 0.

 Ese Estudiantes del 67 derrotó también a Boca en la primera rueda, con un gol de antología en los últimos 60 segundos de Echecopar. Fue 1 a 0 y tapa de El Gráfico. Juvenal lo definió como "un poema". Durante ese torneo, no se enfrentó con River ni con Independiente, que estaban en otra zona. Pero se anotó un gran triunfo en el clásico contra Gimnasia por 3 a 0, sobre todo porque fue en la maratónica semana de la definición: el 1 de agosto vencía a su clásico rival, el 3 lograba el épico 4 a 3 contra Platense (con diez hombres, tras estar 1-3 abajo) y el 6, hace 50 años, ganaba la final ante Racing.

 

 Zubeldía utilizó apenas 18 jugadores en todo el torneo, incluido el arquero suplente, Mario Gabriel Flores, que siempre salió a la cancha con el equipo, pero nunca jugó. Tuvieron asistencia perfecta: Poletti, Aguirre Suárez, Malbernat, Bilardo, Conigliaro y Echecopar. El Bocha Flores jugó ocho partidos, Hugo Mateos (capitán de la Tercera que Mata) disputó dos y Luis Zibecchi, uno.

Para La Nación, "Estudiantes fue un cabal campeón". En uno de sus artículos, tras el 3 a 0 a Racing en la final, se explaya: "Estudiantes de La Plata, el magnífico y contundente vencedor y bizarro campeón del Metropolitano, salvó, y con mucho, la desnivelada índole de fuerzas, porque la suya fue una tarea en punto a calidad y eficacia, digna de un equipo sólido, cuyo fútbol, práctico, trabajado, veloz y vigoroso, cobra un sitio preferencial de primer plano". Y aseguró que aquella tarde del 6 de agosto de 1967, hace 50 años, hubo un solo equipo en la cancha.

 Como contra Gimnasia, ese día inolvidable, con récord de recaudación (18.429.240 pesos), el árbitro fue Guillermo Nimo. Estudiantes apabulló al equipo de José, pero recién en el complemento sacó ventaja en el marcado: Madero, con un tiro libro magistral, que pegó en el palo y en el arquero Spilinga, anotó el 1-0. Verón, tras un pase de Echecopar, el segundo. Y Ribaudo (entró por Bedogni, lesionado ante Platense) mandó a la red una bordada combinación entre Conigliaro y Verón para completar el 3-0.

 

 

"La superioridad fue abrumadora", declaró Zubeldía en un vestuario eufórico. Y reconoció que: "En cierto modo defraudé a Manera, porque le había dicho que iba a jugar la final. Pero pasó que después del triunfo que habían alcanzado los muchachos antes Platense (leer http://www.revistaanimals.com.ar/noticia/396) no podía tocar de ninguna forma a quienes habían logrado tal hazaña. Y tampoco quise mover posiciones a toda la defensa para hacerlo jugar en lugar de Spadaro (entró por Barale, lesionado durante el partido ante el Calamar).

Tituló El Día: "Estudiantes logró para La Plata el máximo galardón futbolístico. En hazañosa jornada, batió aRacing por 3 tantos a 0". Para La Razón, "fue indiscutible el éxito de los platenses", que rompían por fin la hegemonía de los equipos grandes. Hasta allí, nadie lo había logrado.

 

"Parece un cuento de hadas -publicó Mercurio- que en una entidad chica haya logrado por fin un galardón supremo (...). Esta tranquilidad unitiva y feliz de ir ganando, de tener un respaldo mayoritario absoluto en el estadio; esta tranquilidad de saberse fuerte, pudo hacerle vivir a la postre a la ciudad, su día más soñado (...) Estudiantes -fértil en recursos como nunca- demolió a Racing en esos 45 minutos, hasta barrerlo de la grana, dicho sea sin intención oscura".

 

Así se bordó hace 50 años la primera estrella en el escudo, la que cambió la historia del fútbol argentino y del Club. No sería la primera hazaña. Ni la última.