El Ingeniero del campeón

Hoy cumpliría 98 años Jorge Kistenmacher, PF y mano derecha de Zubeldía. Anécdotas imperdibles (a los jugadores los hacía subir hasta a los árboles del Bosque) y los métodos innovadores de quien fue uno de los principales artífices del mejor Estudiantes de todos los tiempos.

13/08/2017 10:23 Noticias
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-¿Qué opinión tiene de alguien que fue su ladero en el trabajo: el Profesor Kistenmacher? 

-Que es un FENOMENO. Así, en mayúsculas y sin comillas. 

La frase de Osvaldo Zubeldía resume lo que no podría una crónica. Porque al fin de cuentas, es imposible sintetizar en una nota la obra pergeñada y plasmada por el profesor Jorge Kistenmacher, tucumano meticuloso, de cuna alemana y verdadero prócer de Estudiantes. Muy pocos saben que este hombre que hoy cumpliría 98 años no sólo fue un triunfador en el fútbol y un revolucionario en la preparación deportiva. En sus años mozos, colgó de su cuello innumerables medallas como decatleta, velocista y eximio saltador con vallas. Campeón nacional, fue un orgullo de Estudiantes, incluso antes de la bisagra de Zubeldía.

De Concepción de Tucumán (a 70 kilómetros de la capital), el trabajo del jefe del hogar mudó a los Kistenmacher al Chaco, y de ahí a La Plata. “Estudié un año ingeniería y tres agronomía. Pero a mí me gustaba el deporte. Fui uno de los primeros profesores de Educación Física. Aunque ahora ni me acuerdo en qué año me recibí”, contó Don Jorge en una entrevista con Animals!

“Era atleta, corría 110 metros y 400 con vallas. También decatlón. Pero como eran tiempos de la Segunda Guerra Mundial, no podía competir en el exterior, apenas en Uruguay. Representaba a Estudiantes, hasta que un día de tanto verme correr en el bosque me llamaron para trabajar en el fútbol”.

En esos días, la figura del preparador físico no existía. A lo sumo había ex jugadores que hacían trotar a los futbolistas alrededor de la cancha, sin ningún tipo de planificación concienzuda.

“Así comenzó mi trabajo en el fútbol. Don Osvado (Zubeldía), era un gran tipo, y muy permeable a todo lo que le proponía. De un día para otro empezamos a innovar: entrenamientos de martes a sábado, siempre de mañana, concentraciones, horarios rígidos, buena vestimenta y trabajos con pelota”, relató.


Autor de doce libros sobre la materia, referente en el fútbol y el atletismo, profesor de profesores, Kistenmacher recordó también cómo preparó al Estudiantes campeón del mundo. “Llevaba a los jugadores al bosque, siempre con la pelota, porque era el arma que había que manejar. Tenían que gambetear a todos los árboles con la derecha, después con la izquierda y así. Innovamos tanto, que el equipo ganaba fácil”.

-¿Y Zubeldía lo dejaba hacer?
-Osvaldo no conocía de preparación física. Por eso él no se involucraba mucho. Me decía: ‘Profesor, métale’.

Con rigurosidad alemana, Kistenmacher machacó hasta el cansancio en que había plata y prestigio en juego, y que por lo tanto se debía trabajar con profesionalismo; un término desconocido para la época. “A los jugadores los hacía subir hasta a los árboles. Eran trabajos de repentización, para agudizar la atención. A la orden, todos tenían que trepar. El que lo hacía último, recibía una prenda o una multa. Era muy eficaz y divertido”.

Ladero inseparable de otro prócer del Club, Miguel Ubaldo Ignomiriello, Kistenmacher hizo de la prolijidad una regla incuestionable. Adelantado a su tiempo, diagramó las concentraciones, trazó planes nutricionales, planificó cada uno de los entrenamientos y motivó al otrora presidente Mariano Mangano para que hiciera la inversión más importante de la historia institucional: la adquisición del Country y la construcción de la concentración. 

Tan puntilloso fue, que Jorge viajó mucho antes a Manchester para estudiar el terreno, el ambiente y los posibles lugares de concentración. “Después de mucho buscar, encontré un hotel para nosotros solos y con cancha. También contraté a cocineros que hablaran español y que cocinaran lo que le pidiéramos. La alimentación es fundamental; siempre fui muy riguroso con este tema. Me preocupé por todos los detalles”.


La conquista en el hostil suelo británico, hito jamás igualado en el fútbol mundial, no fue obra de la casualidad. Kistenmacher fue la prueba más cabal de ello. “En Inglaterra sorprendimos a todos con las cosas que hacíamos. Los ingleses no entendían nada. Nuestros jugadores tenían una pelota cada uno de ellos. El que la perdía la debía pagar, porque era patrimonio del Club. Por eso, cada jugador tenía un fútbol asignado con número. Si faltaba el 15, buscábamos al 15 y se la hacíamos pagar”.

Esa noche del 16 de octubre de 1968, el Profesor subió a la platea de Old Trafford como uno más y se ubicó, solo, junto a un grupo de periodistas. “Nunca salía a la cancha, me quedaba en el vestuario o me sentaba en la tribuna. En Manchester fue muy emocionante. Con el gol, todos los ingleses se quedaron fríos. No lo podían creer”.

¿Por qué los leones de Zubeldía lograron lo que lograron? En gran parte, por su preparación: “Ese equipo era recio, muy aguerrido. Además, con jugadores muy diestros con la pelota. Ya en ese entonces teníamos un muro para pegarle a la pelota, izquierda, derecha, izquierda, derecha, arriba, abajo y así. Nadie hacía estos entrenamientos, era todo trote argentino, trote alrededor de la cancha. A igualdad futbolística, ese equipo se imponía por su preparación física. Ganábamos tan fácil, que no recuerdo haber sufrido mucho. Zubeldía supo agregarle a todos sus conocimientos, una preparación física inédita para aquel entonces”.

A fines de los ’60, cuando aún hoy muchos analistas se enfrascan en una discusión estéril, Kistenmacher ya hablaba de jugadores-atletas sin ponerse colorado, y sin que esto significara sobreponer la preparación física sobre las cualidades técnicas. Todo lo contrario: sus trabajos tuvieron como epicentro la pelota. “También le dábamos tareas específicas a los futbolistas y les mostrábamos películas. En Estudiantes innovamos. Por eso ganamos todo”.

Laureado y reconocido, el Profesor cruzó el charco para llevar la misma fórmula exitosa a Peñarol. Y vaya si le dio resultado: ganó la Intercontinental de 1982, con de aquel gol agónico de Morena ante Cobreloa y la posterior final en Tokio ante el Aston Villa (2-0).

A lo largo de su extensa carrera, sólo trabajó en estos dos clubes. También tuvo un paso efímero por la Selección, con la dirección técnica de Enrique Omar Sívori en las Eliminatorias para Alemania 74. “Había un buen equipo, pero no le fue bien en el Mundial, porque hubo un montón de problemas”.

Se fue un 23 de enero de 2010, pero su huella, profunda, quedó marcada para siempre en la historia de Estudiantes y del fútbol argentino. Nadie jamás podrá igualarlo. El Profe del campeón, fue uno de los ingenieros de la estructura más exitosa y formidable construida en la tierra de Maradona. 


Lo conocieron bien:

Miguel Ignomiriello:

 "Cuando Osvaldo viene a Estudiantes le sugerí que incorporase a un entrenador de atletas. Yo me acordaba de que el entrenador de El Expreso, un austríaco, había preparado antes a Raúl Ibarra en Los Angeles 32, en maratón. También Mogilevsky, un grande, había sido preparador de atletas. Yo consideraba que la clave estaba en que conocían al deportista, al hombre, y eso lo trasladaban a la preparación. Jorge le dio un señorío a la función. E incorporó dos cosas: el trabajo con balón y el entrenamiento en el Bosque; antes eran vueltas a la cancha y él sacó al jugador de ese ámbito"

Julio Santella

"La Asociación de Profesores de Educación Física de Fútbol tiene una página de Internet. En esa página, yo hice un recordatorio de quienes fueron los pioneros en esta materia y, sin dudas, lo nombré a él. Mi primer trabajo más o menos importante lo hago con Kistenmacher en Vélez y parte de mi carrera como preparador físico la saqué de Jorge. Fue un avanzado, un revolucionario. En esa nota que escribí termino diciendo que hay un método de trabajo que es la biometría. Y él lo implementaba cuando todavía no se había inventado. Ya entonces él hacía trabajos con los árboles caídos, por citar algo creativo, que no se utilizaba en la época, no era repetitivo, siempre buscaba algo nuevo y eso provocaba mucha atención y a la vez mucha entrega de parte del jugador".