De multicampeón con Peñarol a mano derecha de Matosas

Robert Lima es palabra santa en el Carbonero. Fue protagonista de uno de los ciclos más exitosos del club y el amarillo y negro lo conectaron con el DT, que lo eligió como su ayudante. Su historia en China, su fractura por jugar con el técnico y el sueño de dirigir al club de sus amores.

14/08/2017 22:46 Noticias
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Cuando Robert Lima debutó a Peñarol tenía 21 años. Jugaba preferentemente como marcador central y a veces se recostaba a marcar la punta derecha. De buen porte físico y un “altísimo umbral para soportar el dolor”, según su amigo Matosas, se metió rápido en el equipo que condujo durante años Gregorio Pérez, el ex técnico de Gimnasia. En su primera temporada en primera, en el año 1993, salió campeón. Y repitió 4 veces más de manera consecutiva logrando formar parte de uno de los dos famosos “quinqueños”, la seguidilla de cinco años en los que Peñarol fue campeón uruguayo en forma seguida e ininterrumpida.

A pesar de su corta edad “El Bola”, como le dicen sus compañeros y amigos, se transformó rápido en caudillo. Un poco por el famoso umbral del que hablaba Matosas y otro poco por su enorme capacidad futbolística. Su versatilidad lo llevó a ser central o lateral y transformarse en un jugador fundamental en la estructura del equipo. En esos seis años en Peñarol jugó con par de jugadores que actuaron en Estudiantes: Federico Vergara y Adrián Paz y, además, compartió plantel con Oscar Aguirregaray, el papá del Vasco.  

Lugo de exitoso ciclo, Lima cruzó el charco para jugar en Chacarita. Lo hizo con otro uruguayo, Serafín García. Tras un par de años de pelear por mantenerse en Primera División, el descenso fue inevitable y se fue a jugar un año a Honduras. De allí en más su carrera incluyó un par de etapas en Peñarol, algunos años en China defendiendo los colores de Shangai Shenua (el equipo en el que juega Carlitos Tévez) y Harbin Lange. En 2006 volvió a Uruguay para retirarse un par de años después en Cerro Largo, el club donde se formó en la ciudad en la que nació.

“Con el Bola nos conocimos por intermedio del club. Peñarol nos presentó en la parte final de mi carrera y el inicio de la de él. Después de unos años nos volvimos a encontrar en la inauguración del estadio y ahí lo invité a participar de mi cuerpo técnico”, dijo Matosas sobre la relación con su actual ayudante.

La situación resulta curiosa porque Matosas y Lima no son amigos de toda la vida. Se conocieron en Peñarol y el amor por la camiseta los unió. Estuvieron mucho tiempo cada cual por su lado y se unieron por los colores negro y aarillo. Lima trabajaba en las Tercera del club y Matosas, después de averiguar condiciones, decidió sumarlo a su cuerpo técnico. De allí en más se volvieron prácticamente inseparables y, a pesar de que no hace tanto que trabajan juntos, se dan el lujo de tener algunas anécdotas graciosas y dolorosas (para Lima) de algún que otro picón. 

De carácter fuerte y en un proceso de aprendizaje y formación, Lima no duda en definir a Matosas como “un DT ofensivo al que le gusta el buen juego y acostumbrado a dirigir equipos grandes. Su mejor campaña la hizo con León (México). Sus equipos son ofensivos, dinámicos y le gusta que presionen”. Lo considera un buen maestro y sigue capacitándose para lograr uno de los sueños de su vida: poder dirigir a Peñarol.