El nuevo semillero del mundo

Alemania, España. Italia, Inglaterra, Francia, Portugal, Rusia... En la última década, Estudiantes transfirió por casi 90 millones de dólares a distintos lugares jugadores producidos made in City Bell. Ascacibar y Foyth son los últimos de una larguísima lista. Los destinos de los futbolistas fueron de los más diversos, abarcando una gran parte del continente europeo.

21/08/2017 09:09 Noticias
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Consumadas las ventas de Foyth y Ascacibar, Estudiantes consigue posicionarse entre los clubes que mejor vende en Argentina y recupera su rol de exportador de talentos sin precisar de Boca y River como sucedía (o sucede con otras instituciones) años atrás. Hoy el Club no precisa de intermediaciones para llegar a los mejores equipos europeos debido a la cautivante figura de su presidente y se da el lujo de negociar sin presiones económicas, ya que la tesorería goza de buena salud. Todo ello se conjugó en un negocio millonario que no sólo aporta dólares e independencia financiera sino también prestigio deportivo y reinversión en el área de fútbol juvenil para que la rueda productiva no se detenga.

La extensa lista de jugadores trasferidos tiene varias aristas. Desde 2006 en adelante sólo 4 jugadores fueron transferidos en operaciones que bien podrían denominarse “europeas” debido a su valor: Lugüercio a Racing, Krupoviesa y Jara a Boca y Auzqui a River. En total por esas cuatro transferencias entraron casi 8 millones de dólares.

Las ventas no siempre fueron a mercados de primer nivel, pero sirvieron para abrir procesos de instalación y buscar un rédito a través del mecanismo formativos con trasferencias posteriores. Así fue como Marcos Gelabert se fue al fútbol suizo en 750.000 dólares, Marcelo Carrusca al Galatasaray turco en 1.400.000, Horacio Cardozo a Grecia en 350.000, José Basanta a los Rayados de Monterrey en 1.110.00, Marcos Rojo al Spartak de Moscú en 2.600.000 euros y Jonatan Silva al Sporting Lisboa en 3.600.000.


Otro dato curioso es el de Lucas Wilchez, el actual jugador de Arsenal. El pibe -ya hombre- siempre tuvo una gran proyección y nunca llegó a afianzarse entre los titulares. Tras varios préstamos e irse con el pase en su poder, el mecanismo de solidaridad hizo que ingresen al club 510.000 dólares como consecuencia de sus distintas transferencias. Un claro ejemplo de que no sólo los jugadores consagrados y con renombre representan un rédito económico.


Las grandes transferencias si se hicieron a grandes ligas. España, Inglaterra, Alemania e Italia. Así es que se fueron José Sosa al Bayern Munich en 7.800.000, Pablo Piatti al Almería en 8.200.000, Marcos Angeleri al Sunderland en 2.700.000, Mariano Pavone al Betis en 6.800.000, Federico Fernández a España en 3 millones, Gerónimo Rulli a un grupo que lo cedió a la Real Sociedad en 4.500.000, Joaquín Correa a la Sampdoria en 10 millones y Carrillo al Mónaco en 10 millones, Santiago Ascacibar al Stuttgart en 6.800.000 y juan Foyth en 10.500.000 euros.


Además, existe otro dato sustancial que mejora aún más el posicionamiento de Estudiantes como club vendedor: ninguno de estos futbolistas, al momento de ser transferidos, eran jugadores del elenco estable del seleccionado nacional e incluso la gran mayoría ni siquiera habían estado en alguna convocatoria. Algo que sí lograron con el tiempo jugadores como Sosa, Angeleri, Basanta, Fernández, Rojo, Silva, Correa y Rulli.

Los nombres de las transferencias permiten hacer una evaluación en la formación de jugadores. Se fueron delanteros (varios), defensores (otro tanto) y hasta un arquero de primer nivel. Sin embargo, no fueron trasferidos tantos volantes. Apenas Sosa, Carrusca, Gelabert y Cardozo. El contrapunto es que, tras la salida de Ascacibar, Gómez y Cascini aparecen como reemplazo de Braña y Damonte, que serán los titulares en el inicio de la temporada. Esto marca que se formaron jugadores en casi todos los puestos y la mayor escasez se encontraba en la posición de centrocampista y que tiene que ver con que el dueño de ese lugar en la cancha durante casi 10 años fue Rodrigo Braña.


El Club pasa por un momento inmejorable desde el punto de vista de su posicionamiento vendedor. Vender casi a la par de Boca y River no se consigue de un día para otro y es un proceso integral que o depende sólo de la capacidad de un jugador o la inteligencia de los dirigentes para negociar, pasa por un rumbo del que no habría que apartarse nunca más y seguir proveyendo al fútbol de las joyas que se moldean en City Bell.