Un cuento Chino

Leandro Benítez tuvo su debut como técnico de Reserva y su equipo goleó 4 a 0. Más allá de la buena imagen que dejó en sus tres presentaciones dirigiendo la Primera, es uno de los entrenadores que mejor entendió el mensaje del Club. Puertas adentro le ven una gran proyección en su rol de educador. El trato con los chicos, sus experiencias y cómo mantienen al margen a los representantes de pibes de corta edad.

01/09/2017 09:33 Noticias
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Para muchos fue una grata sorpresa conocer una faceta impensada en él. Mucho más para aquellos que se sorprendieron cuando fue convocado para dirigir a la Reserva, casi sin experiencia previa. Hace apenas 8 meses, Leandro Benítez se sumaba al staff de entrenadores de las divisiones menores para sumar experiencia y, el día de mañana, ilusionarse con la posibilidad de ser el conductor de alguna categoría.  Sin embrago el fútbol le tenía una sorpresa preparada. En apenas 15 días pasó a ser el DT (interino) de Primera por la ida de Vivas y la no asunción de Nardi y metió al equipo en la Copa Libertadores del año próximo con tres victorias en una semana. A partir de allí su crecimiento fue progresivo y la confirmación en el cargo como entrenador de Reserva le sirvió para tener un master repentino en lo que a su carrera se remite. Nunca es sencillo dirigir en el fútbol argentino y mucho menos en un club como Estudiantes, pero él se siente cómodo en su función y lo demuestra en el día a día. Además, los jugadores con los que entrena se sienten le responden y en el debut del torneo vencieron 4 a 0 a Arsenal.

“Yo creo que tengo mucho para aprender y el Club es el lugar propicio para eso. Dejé de jugar hace menos de un año (en Everton, junto a sus hermanos, el Torneo Federal B) y es un sueño lo que me pasó después”, afirmó Benítez en una entrevista brindada a la trasmisión “Tiempo de Fútbol”. Allí recordó como fueron aquellos diez días que incluyeron los partidos ante Belgrano, Godoy Cruz y Quilmes y que le sirvieron al equipo para llegar a la Copa 2018. “La verdad es que fueron muy intensos. Sabíamos que a Belgrano le ganábamos con orden y manteniendo el cero en nuestro arco. Los otros partidos fueron muy duros también”, afirmó. Y hasta se dio el lujo de contar algunas intimidades sobre el trato con sus amigos que a la vez eran sus dirigidos: “Con Mariano, el Chapu, el Chavo o Isra soy amigo desde hace años y ellos me ayudaron mucho. Cuando hubo que trabajar, lo hacíamos. Y después las cargadas fueron naturales porque somos amigos. Pero la verdad es que me ayudaron mucho”.

Benítez se apasiona cuando habla de formación. En una misma oración entrelaza las palabras neurocienca, fútbol, pegada, pelota, representantes, etc, etc. “Nosotros tenemos que preparar a los chicos lo más profesionalmente posible. Tenemos herramientas muy buenas para que ellos lleguen con una excelente formación. Tenemos el colegio que nos permite que el chico esté en el club casi 12 horas por día. Y eso nos permite achicar mucho el margen de error”. El otro punto que Benítez destaca es la sorpresa que se llevó por las diferencias generacionales de cuando él jugaba: “Hoy tenemos que trabajar sobre varios aspectos, incluido el bullyng. Sabemos que hay chicos que tienen representantes. Otros que tienen su iPhone y otros que llegan desde familias carenciadas que apenas tienen que comer. Lo que nosotros hacemos es que todos se sientan iguales. A los representantes los tenemos puertas afuera, no entran al Country, pero hay que estar muy consustanciados con el proyecto para lograr una buena formación”.  

Su discurso es de un hijo pródigo del Club. Formado, instruido y egresado de la escuela de Estudiantes. Con un tono de vos más bajo que varios de sus ex compañeros y hasta con algunos kilos de más tras haber dejado la actividad deportiva, Benítez tiene en claro cuál es el camino que se busca para seguir generando una cantera que permita abastecer de jugadores al plantel superior. En eso anda, mientras se ilusiona con dirigir Primera alguna vez. 

Fotos: Prensa Estudiantes.