Plantel o planteo, el dilema de este mal momento

¿Qué le pasa al equipo? El flojo nivel de las dos primeras fechas genera preocupación. Y las culpas parecen repartidas: el DT lleva más de dos meses de trabajo y no le encontró la vuelta. Y a su vez, hay jugadores en bajo nivel. ¿Tiene con qué recuperarse en lo inmediato?

10/09/2017 13:35 Noticias
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Hay situaciones que hablan por sí solas. El gol de Defensa es una. Damonte lo suelta, Desábato lo corre a la par pero fuera de alcance, Schunke tarda en cerrar, Sánchez lo mismo y el Cuqui Márquez, que transita con campo y panorama libre hasta la puerta del área, queda de cara al gol. Al gol de Defensa. Y lo hace, claro. El diagnóstico es objetivo: el problema es estructural. Y en consecuencia, al menos en ese ítem, mucho tiene que ver el entrenador, que lleva más de dos meses de trabajo (asumió el 1º de julio) y aún no pudo definir un patrón de juego.

 

Pero no es el único problema que tiene Estudiantes. Hoy, aunque apenas va la segunda fecha, el equipo de Matosas parece un equipo cansado, desgastado en lo físico o, de mínima, demasiado lento para el fútbol de hoy. Parsimonioso en defensa, sin cambio de ritmo en el mediocampo y sin velocidad ni profundidad en ataque. Al fin de cuentas, un equipo sin sorpresa pero, al menos tiempo, fácil de sorprender. 

 Y aquí es donde entra en juego el sistema, que hoy parece perjudicial. El nivel de algunos los jugadores atenta contra el esquema y el esquema atenta contra el nivel de los jugadores. Por caso, Pavone. Voluntarioso, pero aislado, el Tanque es el Llanero Solitario. Pelea solo contra todos. No es asistido ni tiene chances claras: la única contra Defensa se la generó él solo, robando una pelota.

 A la Gata le pasa algo parecido. Debe salir de la zona de definición, donde más lastima, para buscar juego. Y arranca lejísimos del arco rival. Aún sin ritmo futbolístico por su falta de continuidad en Brasil, termina agotado y lejos del nivel de influencia que debería tener.

 

Damonte también paga por su función. Una cosa era con Ascacibar, quien le cubría las espaldas y le permitía soltarse. Y otra, con él ocupando esa función para darle libertad a otro (Zuqui). No es lo que mejor le queda. El lo sufre. Y el equipo también.

 Así, Matosas deberá modificar desde lo estructural para superar este momento que puede ponerlo rápidamente contra las cuerdas: en diez días deberá definir una serie copera en la que ya está en desventaja. Y hoy, al menos, el funcionamiento no da señales alentadoras. Ni futbolísticas, ni individuales, ni físicas (Zuqui, por caso, parece jugar a otra velocidad, acaso producto de otra preparación). Así, de mínima, el equipo pide un cambio de esquema. 

Es cierto que las culpas del momento hoy están repartidas, pero eso también implica otra preocupación. En la encuesta que realizó Animals! sobre el presente del equipo, la tendencia le adjudica mayor responsabilidad al planteo del DT, aunque también marca el bajo nivel de los jugadores. Eso dispara una nueva pregunta: a pesar de los diez refuerzos que llegaron, ¿tiene Matosas la calidad suficiente para aspirar a un equipo protagonista?

 El dilema de Estudiantes, entonces, parece centrarse ahí: entre el planteo equivocado del entrenador y un plantel con un alto promedio de edad, que a pesar de su gran renovación, no parece tener grandes variantes. O, al menos, soluciones inmediatas. De peso.

Por todo, el desafío de Matosas hoy es mayor al que se planteaba con su llegada: en dos meses de trabajo, el equipo no respondió a su primera idea de juego. Ahora, ya con el torneo en marcha, está obligado a cambiar para modificar este presente. Y para tener futuro.