Hecho en 1 y 55

Hoy se cumplen 69 años de la rabona del enorme Beto Infante, una creación made in Estudiantes que la FIFA reconoció como tal en el 2015. Al fin de cuentas, una jugada lujosa todavía vigente y una prueba más que combate el equivocado mote del antifútbol.

19/09/2017 11:11 Tapas
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Por Esteban Trebucq

Los inventos son tales cuando los mismos gozan de una utilidad inédita o hasta ese momento ignorada, y los cuales son aceptados por el común a lo largo del tiempo. Es decir, que perduran. O dicho en otras palabras, que trascienden a sus creadores. Así como Alexander Graham Bell realizó uno de los aportes más relevantes para las comunicaciones, o la imprenta de Johannes Gutenberg multiplicó los panes de la escritura hasta el infinito, Estudiantes aportó al universo de la pelota una de las exquisiteces supremas: la rabona.

Vaya paradoja, pues, un supuesto fútbol vinculado a la vulgaridad, al desapego al romanticismo y en las antípodas de los que algunos creen es la belleza, patentó una de las jugadas más excelsas del deporte de los ingleses, que clubes como Estudiantes lo reinventaron. Pese a quien le pese, esta es una verdad revelada.

Pucha si no, hasta la FIFA ha reconocido cido que la rabona es made in 57 y 1. Obvio que lo es. Si tenés a tu pibe cerca, arrimale estas líneas, porque ningún pincha que se sienta tal puede desconocer quien fuera, acaso, el mejor 9 de todos los tiempos en el club de la zapatería Nueva York. De pie, señores, con ustedes el Beto Infante. 



Ricardo Roberto, según el DNI. Fue tan extraordinario este platense de cuna, nacido el 21 de junio de 1924, que lo hizo gritar hasta 180 veces a su viejo de Gimnasia sus goles con la roja y blanca a bastones. Don Infante iba a la tribuna a aplaudirlo de pie. Hasta se emocionó cuando lo llevaron en andas por la avenida 1.

¿Cuándo fue esto? El 19 de septiembre de 1948 Beto pasó el pie derecho por detrás de la pierna izquierda para entrarle de lleno a la pelota, sin pararla, y clavarla en el ángulo izquierdo del arquero Pedro Botazzi, el uno de Rosario Central. ¿Golazo? Imposible de limitar en un solo adjetivo.

Para el score fue el 3 a 0 final, para la historia una bisagra. Esa tarde, en 57 y 1 por la vigésimo primera fecha del torneo de Primera División, nació la rabona. Eran días de árbitros ingleses, con Estudiantes peleando arriba (estaba cuarto, a dos puntos de los líderes Independiente, Racing y River). “¿Cómo hizo? ¿Qué hizo? Eso tiene que llamarse de algún modo, ¿Será taquito, hachita? ¿Será un nudo o serán cuentos? ¡Llámelo gol de Infante, nomás!”, se preguntan y contestan los personajes de la historieta que acompañaba la crónica central de cada partido en El Día. El fotógrafo de la misma, tirado en el piso, le pide al goleador “No mueva las piernas. Esta foto estará en todos los diccionarios”. Y dos hinchas al lado pretenden: “Tenemos que pedirle al intendente que le ponga el nombre de Infante a la calle 1”. Si de árbitros se trata, Miguel Padrón, argentino que dirigió en esa jornada, convalidó el gol y luego fue a felicitarlo. Lo mismo hizo el batido arquero. N.N. del fútbol hasta ese entonces, El Gráfico se encargó de identificar la jugada. Caricaturizó al Beto, vestido de alumno, con el título “El Infante que se hizo la rabona”.




¿Por qué? Se había contado que Infante faltó al colegio para jugar ese partido. Que se había hecho la rabona. Pero nada que ver. Años más tarde, ya en la tranquilidad de la casa de toda su vida (56 entre 12 y 13), contaría que no fue así. ¿Qué recuerda del gol?, quiso saber Animals! en 2007. “La pelota me llegó muy rápida, con mucha fuerza. No me dio tiempo para rematar comúnmente (sic), entonces hice eso. Ojo, también lo había intentado en otra oportunidad, pero no me había salido. El balón salió cruzado, entró a la izquierda, por arriba del arquero. Después del partido me llevaban en andas, no paraban de saludarme…”

La jugada se había iniciado con un furibundo remate de Gagliardo que devolvió el palo del arco de la calle 57. Como venía, Beto la empalmó con ese engendro de remate. Para Clarín fue un gol “a lo Pavlova”, célebre bailarina rusa. En su edición del martes 21, en una producción con Infante de traje y corbata, El Día destacó que fue “una joya cuyos fulgores resplandecerán en el devenir del tiempo, con brillos permanentes. ¡Mala suerte la de los ausentes!”. 

 

Aquí mismo hay que hablar de injusticias. No eran días de televisión en directo, menos de compacto de goles, y mucho menos de YouTube ¿Internet? Ese es otro invento posterior, más útil, obvio que sí, pero quizás no tan pletórico de talento.Los más jóvenes, equivocadamente, pueden creer que la rabona es obra y gracias del genial Claudio Borghi. Obvio, ya son los tiempos de la tele, y de allí de la viralización de la jugada. El Bichi la popularizó en los ’80, pero siempre reconoció que era una jugarreta para mitigar su inhábil pierna izquierda. Hoy, uno de los mayores exponentes de la vigencia de esta jugada es Ángel Di María.

De todos modos, Estudiantes tuvo continuadores genuinos del invento del gran Beto, desde aquel Patricio Hernández juvenil que apilaba rivales en la Reserva durante los años ’70 hasta el más preponderante de Juan Sebastián Verón, cuando volvió en su apogeo para ganar todo de 2006 para acá. Patricio y La Bruja le dieron de lo lindo a la rabona, tanto como sorprendió al mundo entero el ascendente Marcos Rojo, quien en pleno Mundial de Brasil metió una para aventar el peligro. Tan paradojal es lo de Rojo como lo de Estudiantes con la rabona: el mundo inculto del balón lo creía un borrico. Ahí lo tienen, estuvo en el 11 ideal de la Copa del Mundo de 2014, con lujito incluido.

 

La FIFA hizo justicia en el 2015 con lo injusto que fue la tecnología con Ricardo Infante, ya que sus goles no se pueden repetir hasta el cansancio, pero sería se podrá decir hasta el agotamiento que la rabona nació en 57 y 1. Y que fue otro invento de Estudiantes. ¡Gracias Beto!