De víctimas y victimarios

Tras la salida de Matosas y las conferencia de Desábato la pregunta se coló en la discusión cotidiana. ¿Hasta dónde deben opinar los jugadores en las formas de los entrenadores? ¿Está bien que manifiesten las diferencias públicamente? Si esas diferencias llevan a una interrupción de un ciclo que no tenía futuro, ¿no representa una sabiduría reconocer un error y volver a empezar? Un debate que lleva años y no se agota.

04/10/2017 09:30 Noticias
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Hace algunos días la noticia cayó como una bomba en el mundo del fútbol. Bayern Munich, uno de los 5 equipos más poderosos del mundo, despidió a su entrenador, Carlo Ancelotti, tras perder 3 a 0 ante el PSG en un partido de Fase de Grupos de la Champions. Tras algunos días de repercusiones mínimas y declaraciones formalistas vinculadas al despido, se conocieron los verdaderos motivos de la salida del italiano: los jugadores no coincidían con sus métodos de trabajo y el equipo no daba pie con bola. Una vez culminado el ciclo, las quejas públicas fueron propiedad de los símbolos de la plantilla: Thomas Müller y Arjen Robben. “No sé qué cualidades pretendía el entrenador, pero las mías no eran muy requeridas”, dijo el goleador del Mundial de Sudáfrica. Y el holandés fue más allá: “Un entrenamiento con mi hijo tenía más intensidad que con Ancelotti”, disparó una vez consumada la salida del DT. 

“El hecho de que el entrenador, de un día para el otro, se haya puesto a cinco jugadores en su contra, era algo que no podía sostenerse”, afirmó el presidente del Bayern Munich, Uli Hoeness, para explicar la salida de Ancelotti.

El ejemplo Bayern Munich es desde dónde parte la pregunta: ¿Tienen más poder los jugadores que los entrenadores? La respuesta tiene matices y no existe una contestación contundente. Los técnicos, como cabezas grupales, buscan imponer una idea consensuada con los directivos. De hecho, el Bayern buscó a Guardiola porque quería un futbol vistoso cansados de “ganar aburriendo”, según las propias palabras de su presidente. Pero el resultado no fue ni por asomo el esperado, ya que Pep se fue sin ganar una sola Champions. El detalle es que los jugadores estaban maravillados con sus métodos y, a pesar de ganar habitualmente una liga de 2 equipos (Bayern y Borussia Dortmund), los resultados no fueron los mejores a nivel internacional.

Los planteos de los jugadores son habituales en el fútbol y ellos saben si la cosa camina o no. En Estudiantes, a los diez días de iniciado el ciclo Matosas, las voces de inconformismo llegaron a oídos dirigenciales. Los jugadores notaron que el método nada tenía que ver con lo que venían haciendo y que no tenía futuro. Ahora bien, ¿es potestad de los jugadores plantearlo y que todo pueda terminar en la culminación de un ciclo? Plantearlo aparece como una inquietud atendible. Mucho más teniendo en cuenta la cantidad y calidad de jugadores de primer nivel que hay en el equipo. Las voces de Desábato, Andújar, Braña, Pavone, Lugüercio y Gastón Fernández son autorizadas. Tuvieron técnicos fuera de serie (Simeone, Sabella, Berizzo, Pellegrino, Milito y hasta el propio Vivas) con formas de entrenar muy modernas, acordes a los tiempos de hoy y con metodologías que nada tienen que envidiarle al fútbol europeo. Pero de ahí a que no le respondan al entrenador de turno porque no le gusta su forma de entrenar hay una marcada diferencia. Que el ciclo termine o no, debería ser sólo potestad de los directivos.

“Ustedes (los periodistas) vienen todos los días al Country. Díganme si no entrenamos. Díganme si no cumplimos con las órdenes del entrenador…”, disparó Desábato en conferencia, dejando en claro que ellos dieron el máximo y que las cosas no salieron no por falta de voluntad.

La opinión pública también juega un rol fundamental. Los hinchas, los allegados y los periodistas. La falta de rigurosidad para tratar las noticias provoca un poco de asombro. Si un jugador no coincide con un entrenador, ¿le está haciendo la cama? ¿No puede solamente estar jugando mal o estar acostumbrando a otra metodología? En el fútbol parece que pensar de buena fe está prohibido. Cuando los futbolistas no rinden, le quieren hacer la cama al entrenador. ¿Está prohibido cortar un ciclo cuando el dirigente ve que no tiene futuro y basa esa decisión en lo que observa en el comportamiento de los jugadores? Son preguntas para pensar en que en el fútbol no todo es blanco o negro y que, como en la vida, todo tiene sus matices. 

¿Qué pasaría si Estudiantes consigue un título con Barnardi? ¿Alguien pensaría “qué bueno que los jugadores se mostraron disconformes con Matosas y que la dirigencia interrumpió el contrato porque eso le dio tiempo al nuevo DT para reacomodar el equipo”? No, nadie. Ni el más pesante de los hinchas menos pasionales. Nadie pensaría que la continuidad de Matosas, con sus métodos, que lo llevaron a ganar títulos, podría haber sido un dolor de cabeza más grande; porque en la cabeza del hincha, si el jugador juega mal, o está yendo al bombo o le está haciendo la cama a al entrenador. Y no que le hizo un favor al club con el reclamo o el malestar.

El equipo sensación de 2016 fue el Leicester. Un equipo de cuarto orden en la liga inglesa que ganó por primera vez el campeonato de la mano de un gran entrenador italiano llamado Sergio Ranieri. Al año siguiente se quedó en los Cuartos de Final de la Champions en una actuación histórica. Tras unos meses de doble competencia el equipo comenzó a decaer y estuvo a un punto de los puestos de descenso. Lógicamente y a pesar de su pedido por continuar, la directiva despidió a Ranieri. “Creí que podía sacar al equipo de la situación incómoda, pero después me di cuenta de que los jugadores estaban agotados. Si ellos no están bien, es imposible conseguir logros”, explicó. Tras su salida el campeón reinante mantuvo la categoría. Acaso en esa frase encontremos buena parte de las respuestas que buscamos. 

Fotos: Prensa Estudiantes. Diario Crónica.