"Estudiantes me ayudó a sentirme vivo"

A 40 años de la Noche de los Lápices, Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes, le cuenta a Animals! que su relación con el Club fue clave para sobrellevar la detención. Una nota para reflexionar y no olvidar.

15/09/2016 08:45 Tapas


El 16 de septiembre de 1976, diez estudiantes secundarios fueron secuestrados mientras realizaban sus actividades cotidianas. Fueron encerrados, ultrajados, violados, torturados y asesinados. La mayoría de ellos tenía 18 años. Los secuestros formaron parte de un plan de escarmiento contra los alumnos que protestaban a favor de la implementación de un boleto estudiantil que fue considerado por las Fuerzas Armadas como una “subversión en las escuelas”.

Pablo Díaz es uno de los sobrevivientes de aquella noche y el primero que sacó a la luz el caso. Las torturas no pudieron con él y sus ideales y recuperó su libertad, que ahora disfruta junto a su familia y amigos. El es el protagonista de esta historia por lo anteriormente descripto y, principalmente, por su amor por Estudiantes. Y 40 años después de aquel episodio, acepta el mano a mano con Animals! para contar cómo el Club lo ayudó en los días más duros de su vida.  

“Yo voy al Club desde la época de la colonia. Me encantaba esa vida. Iba temprano y nos quedábamos jugando al metegol en el comedor. Mi hermana estaba en la colonia también y mi padrino fue el Yacaré Echeverría, una persona extraordinaria”. Cuando Pablo habla de su relación con Estudiantes su particular sonrisa se vuelve más amplia. Los ojos se le llenan de vida y su pasión por contar las cosas resulta más avasallante aún. Tiene todos los detalles, los momentos y los recuerdos de su relación con el Club de sus amores bien claros. 

De familia numerosa, empezó a ir a la cancha con su papá y después se hizo camino solo. Tras el debut en un 3 a 3 ante Lanús en la zona de plateas, le empezó a picar el bichito por ir más allá. “Con el correr de los años empecé a ir a la hinchada. Tendría 15 o 16. Es más, la primera vez que caigo preso fue por Estudiantes. En un partido con Vélez. Dellacasa dio un penal y después lo suspendió. ¡No sabés el quilombo que se armó! Me acuerdo que queríamos suspender el partido, cagar a trompadas al árbitro... La cuestión es que Infantería me llevó y me tuvo que sacar mi viejo. Yo estaba con “El Ruso del Bombo” y con  “El Pelapapa”, que eran los que manejaban la hinchada”.

A Pablo la justicia social lo apasiona como hace 40 años. Habla de “la militancia oculta de aquellos años”, de la película “La Noche de los Lápices”, de la historia deformada pero aceptada y que ya no puede controlar, del amor de Claudia y Pablo... y de Estudiantes. Todas las anécdotas terminan en Estudiantes. “Cuando estuve desaparecido pasé seis meses sin noticias del Club, del equipo... Cuando mi familia me vino a visitar les pedí dos cosas. A mi hermana mayor le dije que vaya a la casa de Claudia -su novia en aquel momento- y avise que yo había aparecido en una cárcel, porque, paradójicamente, creía que lo peor que había pasado me había ocurrido a mí. Y la otra cosa que pedí fueron noticias de Estudiantes. En esa situación uno se aferra a cosas que lo hagan sentir vivo y a mí Estudiantes me ayudó a sentirme vivo, a sentirme pleno”.

Cuando se transformó en detenido, las noticias eran escasas, pero el contacto con las personas encargadas de la seguridad le permitió a Pablo algunos beneficios informativos de su otro amor: “Cuando estaba en La Plata me encontraba con guardias que conocía de la cancha por mis problemas con la hinchada. Yo les preguntaba cómo habíamos salido en los partidos. Si ganábamos tenía una felicidad inmensa en medio de tanto dolor. Mirá, yo salí el 19 de noviembre de 1980 y lo primero que hice fue ir a la cancha. Eso para mí fue volver a vivir”.

“Una noche fuimos a Avellaneda y perdimos los micros. Entonces, con un amigo fuimos a la estación Avellaneda. Nos sacamos la remera, nos pusimos un buzo y esperamos el tren escondidos entre los de Racing, que estaban buscando hinchas de Estudiantes. Esa noche tuve miedo en serio. Fue tan escalofriante esa situación como lo que me pasó...”

Pablo se crió como cualquier pibe de barrio de aquella época. Se juntaba a jugar al fútbol con quienes después terminaron siendo grandes ídolos del club, como un tal Juan Ramón Verón. Con el correr de los años todos fueron creciendo y las familias fueron agrandándose. La Bruja siguió en el barrio y su descendencia se sumó al grupo.

“La primera vez que fui a votar al Club fue hace poco, para hacer a Verón presidente. El es un emblema y conoce lo que pasó en esa época porque yo jugaba en la Plaza Belgrano a la pelota con su papá y Sebastián venía a vernos. El sabe que varios de la barra de 13 y 40 hoy no están..."

-¿Y cómo era el trato?

-Nosotros sabíamos quién era. Sabíamos que jugaba en Estudiantes y además jugaba bien. Él venía a ver los muñecos que hacíamos en 10 y 40 y se prendía, curioseaba. Después, con el correr del tiempo, autorizó a que de una charla en el Club por “La Noche de los Lápices".

-¿Fue un momento único para vos?

-La verdad que sí. Fue emblemático entrar al Club para contar lo que pasó. Yo entré hace muchos años con mi papá y después viví de todo. Me cagué a palos por Estudiantes y también me cagaron a palos. Tengo amigos con los que viví de todo por el Club. Así que sí, fue emblemático el momento.

 “A mí me gustaba Conigliaro. Me parecía un distinto. Y también el Negro Aguirre Suárez, porque yo era defensor y me gustaba romper piernas como a él, je”

Tras recuperar su libertad, Pablo pudo reacomodar su vida. Hoy tiene trabajo, le va bien, tiene esposa, hijos, nietos, y una historia durísima en el lomo. Sus declaraciones en distintos juicios de lesa humanidad los llevaron a convertirse en un referente público en batallas sociales y recibe llamados de los más diversos. Le da un poco de vergüenza ser público. Tarda en reconocer que hace poco lo llamó la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, y que mantuvieron un encuentro para fijar posiciones sobre determinados reclamos, porque ella “había visto la película varias veces” y quería conocerlo. Pero Pablo no quiere hablar de eso, quiere hablar de Estudiantes. De su familia. Y de cómo es la convivencia en un hogar divido por el clásico platense.

“Mi vieja es hincha de Gimnasia y mis hermanas también. Jamás pisaron la cancha de Estudiantes ni la pisarán, pero las cargadas en la familia siempre fueron con mucho respeto. Cada clásico era silencio y no había chicanas más allá de leer el diario delante del otro. Mi mamá es rara. Es radical y de Gimnasia. Y le salió un hijo peronista y de Estudiantes”.

-¿Cómo vivieron el 7 a 0?

-Ese día fue tremendo. Nos juntamos con mi hermano en casa y me acuerdo de que hicimos un gran esfuerzo para no cargar a nadie. Fue mucha la diferencia como para hacer una cargada. Todos mis hijos son de Estudiantes y somos muy respetuosos de la familia. Porque somos una familia de fútbol. De hecho mi hija más chica hizo la escuela en el Country.

-¿Alguna vez te reconocieron en la cancha?

-Sí. Cuando la gente me reconoce, me saluda. Y varias veces me dijeron ‘vos tenés que estar acá, sos uno de nosotros'. He llevado a mis nietos y ese fue un momento único. La primera vez que llevé a mi nieta fue un 4 a 4 ante Newell´s, cuando el Cholo Simeone era el entrenador.

-¿Usaste tu condición pública para lograr un beneficio alguna vez?

-Sí, justo con el Cholo Simeone. Lo encontré en una parrilla acá cerca, y le dije quién era. Lo paré y le pedí un autógrafo. El Cholo me dio un abrazo muy emotivo.

-¿Sólo esa vez?

-También una vez con Maradona. Ah, y una vez que no tenía para pagar la entrada. Pido perdón pero no tenía un mango y no la podía pagar jajaja. Fue una pequeña desviación.

Cuando Pablo Díaz vuelve el tiempo atrás la emoción lo invade. Se le infla el pecho. Sabe que su historia trascendió por la película que sirvió para “darle identidad, devolverle la imagen a aquéllos que ya no están”. Un día caminaba por plaza San Martín y vio que las personas se detenían en medio de la vorágine diaria para observar las caras de los desparecidos durante la dictadura. Entonces se le ocurrió que debía hacer algo por aquella promesa de no olvidar que le hizo a Claudia...

"Yo a Estudiantes lo hice trascender en la película “La Noche de los Lápices”. Hice poner una bandera para que se vea en la escena de mi detención”.

-¿Fue una condición sine qua non?

-Sí, claro. Uno se aferra a cosas en los momentos duros. Y yo me aferré a mi vida cotidiana. Si Estudiantes formaba parte, ¿cómo no iba a estar en la película? Mirá, "La Noche de los Lápices no es mía", es de todos. Es de Claudia y Pablo, es de los que ven la película, es de los que tienen compromiso social, es de los que la adoptaron como una historia de amor, es de la sociedad. Lo que a mí me deja tranquilo es que pude cerrar un ciclo con esa película y devolverle a mis compañeros la identidad que les robaron”.

“Los pibes saben la historia de aquella noche. Varios creen que aquella noche fue una historia de amor, que está bien porque me dejan darles un contexto más amplio de valores y charlas contemporáneas. Mi obsesión fue el juramento que le hice a Claudia de que iban a salir. Y con la película y las declaraciones en los juicios logré darles la identidad que les robaron. Necesitaba que vuelvan a aparecer y estoy tranquilo porque lo logré. Ya no es mía La Noche de los Lápices es de todos”

 

Pablo tiene un gran sentido del humor. Vive a pocas cuadras del Country y se lo nota pleno. En su casa se respira paz, calor de hogar. Cada recuerdo va acompañado de una sonrisa independientemente del dolor que traiga. Es amable, le gusta hablar. Se interioriza en la entrevista y es un gran relator de anécdotas. Más allá por su pasión por Estudiantes, siente un gran respeto por Peñarol. Esa admiración surgió de verlo jugar a Fernando Morena, histórico delantero Manya. Con el correr de los años también adquirió pasión por Uruguay y por la murga. Es seguidor de “La Trasnochada”, una de las menos conocidas del carnaval de Montevideo que, con el correr del tiempo, logró instalarse a la altura de “Agarrate Catalina”.

Una vez, esa pasión por las murgas le recordó quién era y pasó un momento muy especial: “Estábamos veraneando en Uruguay y teníamos que conseguir 12 entradas para el Teatro de Verano. Entonces mis amigos uruguayos me mandaron a un Pago Fácil en la rotonda de Portezuelo para comprarlas. Cuando llego veo a un muchacho y en la identificación leo que se llamaba como yo. Me acerco y le pregunto si ese era su nombre, me lo confirma y le digo: ‘Yo también soy Pablo Díaz’. Se me quedó mirando y me dice: ‘¿Vos también sufrís a ese de La Noche de los Lápices?’. Cuando me dice así, le cuento que era yo. No lo podía creer. Dejó su lugar de trabajo, me abrazó y nos pusimos a charlar. Era fanático de Peñarol y para inmortalizar el momento le sacamos fotocopias a los carnets de socios. Fue un algo muy lindo”.  

Cuando Pablo vuelve al presente, otra vez focaliza en Estudiantes. Aunque esta vez lo hace con una mirada más profunda: “Creo que el Club tiene un compromiso social marcado, aunque me gustaría que sea un poco más. Creo que le hizo bien la escuela, aunque es elitista, porque se cobra y tenés que tener un poder adquisitivo alto. Creo mucho en los clubes como rama de contención social”.

Su compromiso no se queda sólo en palabras. Busca inclusión y gestiona por ella. “Cuando fui a dar una charla a la escuela, conté que el día anterior había ido a Florencio Varela. En esa escuela había una pintada sobre los derechos de la mujer. Entré a la escuela y pude hablar con chicas que hicieron el Centro de Estudiantes. Ellas me contaron que se juntaron por lo golpes. Yo como un pelotudo pensé que era por los Golpes de Estado y no, era por los golpes que recibían en el entorno social del barrio.  Les pegaban en sus casas y el director del establecimiento había abusado de una de ellas. A mí se me ocurrió contárselos a los chicos del colegio y les propuse ir a conocerlas porque pensé que varios pibes iban a enamorarse de más de una de las chicas y viceversa. Mi idea era relacionarlos. Y lo conseguí. Desde afuera me causó una gran emoción ver cómo hablaban y se relacionaban. Eso es inclusión. Y Estudiantes debe fomentar esos valores con militancia en los barrios”, afirmó.

Seguramente otras tantas historias quedarán guardadas en su memoria. Una memoria convulsionada hace unos años que ya no muestra heridas de la época. Al contrario. Sus ideas están más claras que nunca. Tanto o más que su pasión por Estudiantes, que es mucho decir.