El nuevo semillero argentino

Estudiantes recuperó su rol de formador y vendedor. Integra el podio de los equipos que más jugadores exportaron a Europa en el último tiempo, solamente detrás de River y Boca. El trabajo en inferiores sigue dando dólares, jerarquía y reconocimiento.

17/09/2016 21:45 Noticias
img
img
img
img

Hace un par de décadas los equipos rosarinos, Newell’s y Central, más Ferro y Argentinos Juniors mantenían un lugar de privilegio dentro del fútbol argentino. Generaban jugadores que luego eran comprados por Boca o River y recién después salían del país para hacer carrera en el Viejo Continente. El trabajo de Griguol en Ferro y de Griffa en Newell’s fue reconocido a lo largo del tiempo y le generaron un enorme ingreso a los clubes formadores.

Hoy la historia cambió. Esa posición de privilegio la tienen River, Boca y Estudiantes  y ellos, lo exportadores de los 80, quedaron relegados. De hecho Ferro y Argentinos tienen muchos problemas económicos para mantener una estructura que les permita hacer una diferencia con el resto de los clubes de Primera o B Nacional.

Estudiantes cuenta con 7 jugadores formados en sus divisiones menores que juegan en las principales ligas europeas. Pablo Piatti, Gerónimo Rulli, Joaquín Correa, José Sosa, Marcos Rojo, Fede Fernández y Guido Carrillo son los embajadores del club en el Viejo Continente. Todos resultan un producto genuino del trabajo generado en las divisiones menores que no sólo llegaron a ser profesionales, sino que se afianzaron y algunos hasta ya pasaron por la Selección y jugaron un Mundial.

Piatti, Rulli y Correa participan de la liga española. Piatti fue prestado por el Valencia al Espanyol de Barcelona para sumar minutos y recuperar nivel. Tras varias temporadas en el equipo Che, donde llegó procedente de Almería, intentará buscar recuperar el terreno perdido antes de pegar la vuelta al país.

Rulli llegó hace un par de años a San Sebastián y su actuaciones con la Real Sociedad lo llevaron a transformarse en uno de los jugadores más queridos por el público. A fuerza de buenas atajadas y compromiso deportivo, el club hizo un gran esfuerzo por retenerlo (y él por quedarse) a pesar del interés del Manchester City. De yapa, ya tuvo convocatorias al seleccionado y fue el capitán del equipo en los Juegos Olímpicos. 


Correa llegó hace unos días a Sevilla y casi no jugó. Tras una temporada en Sampdoria, el Tucu fue solicitado especialmente por el flamante entrenador Jorge Sampaoli y el club pagó por él casi 13 millones de euros. Su enorme proyección y su particular y elegante estilo de juego lo llevaron a transformarse en una de las grandes promesas de la liga.

 

La carrera de Sosa es extraordinaria. Tras su rutilante aparición en el fútbol argentino allá por mediados de 2003, fue transferido al Bayer Múnich y luego jugó en Nápoli, Metallist, Atlético de Madrid, Besiktas y Milan. Acumula más de 450 partidos y un período en el cuerpo estable de la Selección que lo dejó en las puertas del Mundial de Sudáfrica, primero, y Brasil, después. Fue medalla de oro con el equipo de Batista en los juegos Olímpicos de Pekín 2008.

 

Si la carrera de Sosa fue extraordinaria qué decir de Marcos Rojo y Federico Fernández. Ambos juegan en la Premier League inglesa y participaron de la máxima aspiración que puede tener un futbolista: jugar un Mundial.

Rojo, además, juega en el Manchester United con todo lo que ello significa para un jugador formado en el Club. Creció escuchando historias sobre la hazaña de Old Traffor y ahora es más o menos como el patio de su casa. Tras la obtención de la Copa Libertadores y el Apertura 2010, fue transferido al Spartak de Moscú. Luego se afianzó en el Sporting de Lisboa y sus buenas actuaciones allí hicieron que el Manchester invierta una fortuna para tenerlo. Es titular indiscutido en la selección y jugó el Mundial de Brasil, donde en el partido inaugural fue noticia por sacar la pelota con una rabona del área. 



Fernández juega en un equipo mucho más humilde que Rojo pero su carrera no resultó nada despreciable. Estudiantes lo transfirió al Nápoli (donde consiguió dos títulos), pasó por el Getafe y recaló en el Swansea, equipo galés que juega la Premier. De perfil muy bajo, El Flaco será recordado -entre otros tantos- por este gol a Gimnasia en 2010. 

 


El último de la fila es Guido Carrillo, que trabaja poco menos que en un paraíso: el Principado de Mónaco. El club de la ciudad lo compró a cambio de 10 millones de euros y su adaptación ha sido tan firme como paulatina. Jugó 40 partidos en un año y tomó una decisión muy particular. Cuando no tenía continuidad en Mónaco surgió la posibilidad de jugar en Boca, pero prefirió quedarse y seguir luchándola en Europa.

 

Más allá de la capacidad de ventas que tuvo el Club en los últimos años, todavía cuesta estar a la altura de River o Boca. El conjunto Millonario se transformó en el nuevo granero del mundo del fútbol. Cuenta con 19 jugadores formados en sus divisiones menores y todos jugaron en la Primera División. Boca, en cambio, ocupa el segundo lugar, pero varios de esos chicos no tuvieron un solo minuto dentro del equipo principal.

El Club parece haber retomado el camino del que se apartó durante la última parte de la presidencia de Abadie y el total de la de Filipas. Estudiantes se caracterizó por ser un club formador y vendedor, no comprador. Y mucho menos mal comprador. La inversión en las divisiones formativas dio sus frutos y marcó cual es el camino por el que hay que apostar.