Un equipo de contagio

Estudiantes demostró en Tucumán que necesita sí o sí de esos motores espirituales que faltaron en Córdoba. Lo bueno es que tiene dadores. Lo malo es que los receptores son mayoría.

19/09/2016 09:41 Opinión
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Estudiantes, más allá de otras variadas virtudes de campo, es un equipo de contagio. Lo fue en el semestre pasado. Y lo sigue siendo ahora. Lo bueno es que tiene jugadores que pueden potenciar esa necesidad. Si están, la estructura se fortalece, cambia el semblante, lo transforma en un rival duro de matar hasta para el más pintado. Lo malo es que, cuando faltan esos hombres, todo parece derrumbarse: esquema, juego, espíritu, resultado. Pasó en Córdoba. Se reflejó en Tucumán. La dos caras de la moneda en menos de 72 horas.

 En la eliminación por la Sudamericana, el único jugador de contagio fue Ascacibar. El Ruso es titular en el rubro del meta y ponga terrenal y espiritual, pero no puede solo. Al menos, no todavía. Como Cavallaro, Solari y Viatri no son dadores sino receptores de esa causa, la falta de otro motor, de otro empuje, se sintió. El equipo, entonces, quedó desbalanceado en un terreno fundamental para cualquier batalla copera. No tuvo reacción anímica ni tampoco rebeldía ante la falta de ideas futbolísticas. Y por eso se fue de la Copa en silencio, con reproches, con sensación a nada. O a demasiado poco.

En Tucumán, todo fue diferente porque, principalmente, el medio tuvo mejor combustión. El ingreso de Braña fue elemental. Aún buscando su mejor forma física, si hay algo que tiene el Chapu en su 1,68m es ADN pincharrata y espíritu de combate. Su presencia suplió la ausencia de Damonte en el rubro. Aportó corazón y pases cortos. Y le dio un ladero a Ascacibar. A partir de ahí, Estudiantes traccionó diferente. Y empujó. Y contagió. Diarte, Tití Rodríguez, Bailone y Azqui se engancharon. Y el equipo recuperó algo (o mucho) de lo que había perdido en Córdoba. 

Quizás, esta doble cara, fundamentalmente espiritual, le sirva a Vivas para sacar más conclusiones que las futbolísticas. Por lo pronto, lo malo es que parece tener más receptores de contagio, que dadores. Y es por eso que deberá repartir mejor esos motores en un equipo que vive de esa transmisión.