Híbrido

Estudiantes volvió a perder y el momento preocupa. Juega cada vez peor, defiende mal, es inofensivo de mitad de cancha hacia arriba y pide a gritos el final del año. Si bien las lesiones atentan contra el proceso, ni el cambio de entrenador ni las modificaciones del DT logran encarrilar el equipo. ¿Así jugará la Copa? Es la gran preocupación de los hinchas, que señalan a los jugadores y dirigentes como los responsables del momento.

19/11/2017 21:06 Noticias
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Estudiantes no da pie con bola. Puede sonar burdo, grosero y hasta con un tinte de mal gusto para la riquísima lengua castellana, pero es la mejor definición para resumir el momento del equipo. Un equipo que cambió de entrenador tres veces en lo que va del año -sin contar interinatos- y no obtiene resultados positivos que respalden a un plantel armado pensando en el primer semestre del año próximo cuando se juegue una nueva edición de la Copa Libertadores de América antes del mundial.

Esta vez la derrota fue ante Tigre y la imagen fue tristísima. El Matador le ganó con casi nada y fue tan justo el resultado que ni siquiera el penal inventado por Merlos alcanza para tener de dónde agarrarse. 10 minutos de intensidad, vértigo y generación y nada más. Muy poco para un equipo con figuras consagradas que exceden largamente la media de los jugadores que actúan en nuestro fútbol.

Estudiantes juga mal. Padece del síntoma de la mandíbula de cristal.  Le llegan poco y le convierten mucho. Y esas concreciones terminan impactando en el marcador, el rendimiento y el resultado. La seguridad defensiva brilla por su ausencia y el andamiaje general se resiente por los cambios y falta de variantes. El equipo extraña horrores a Ascacibar y Foyth, dos chicos a los que no pudo reemplazar. Ni siquiera la salida del capitán Desábato (en un momento el responsable de todos los males según una porción de los hinchas) alcanzó para que la defensa sea más confiable. La imposibilidad de contar con Braña es un punto clave. El Chapu venía siendo figura y su ausencia se sintió más que cualquier otra. Ni Gómez ni Damonte (de pobrísima actualidad) fueron solución. Las grietas se vieron ante un equipo de poca monta que basó buena parte de su juego en Iritier (desechado por el Club meses atrás) y Pérez García y terminó concretando una victoria muy justa.

Más allá de las falencias defensivas, el gran problema del equipo está en el ataque. Ante Tigre no pateó al arco. No generó una sola situación para incomodar a la defensa rival. Las ausencias se notaron, es cierto, pero la generación es paupérrima. La Gata está desconocido. Parece en otra dimensión.  Tití pasa por una situación semejante y la falta de un centroatacante (a veces por decisión de Bernardi y otras veces por lesión) hace del equipo una versión light, sin peso ofensivo. La construcción de las jugadas es medianamente buena hasta tres curatos y luego se diluye, tal cual lo reconoció el propio entrenador. 

¿Quiénes son los responsables del momento? No hay un solo culpable. Las redes sociales señalan a los dirigentes por el armado del plante y los jugadores por el bajo rendimiento. Y, a decir verdad, hay un poco de cada cosa. Los jugadores que llegaron fueron de edad avanzada o muy jóvenes. La mejor incorporación (Zuqui) llegó sobre la hora y el mercado parece estar lejos del ideal. Si a eso le sumamos que los jugadores están lejos del nivel mostrado hasta el año pasado encontramos un cóctel explosivo que deriva en una pobre campaña.

La solución no parece ser simple. Hay que recuperar jugadores, afinar el ojo para incorporar poco y bueno y esperar que la idea de Bernardi de sus frutos. Mientras tanto el equipo pierde prestigio y cierra un 2017 que no será recordado como un buen año, más bien todo lo contrario: es la peor campaña de los últimos 10.  

Foto: Diario El Día.