El día que Sabella se fijó en Belgrano

Cuando Alejandro asumió su cargo como técnico del seleccionado eligió la figura del prócer para dar a conocer sus ideas sobre el sentido de pertenencia, solidaridad y darlo todo sin esperar nada a cambio. Un ejemplo que trasciende en el tiempo y lo marca de cuerpo entero. Otra muestra más de su hombría de bien.

02/01/2018 08:59 Noticias
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Allá por el 2011 Alejandro Sabella llegó a la dirección técnica del seleccionado argentino por el trabajo que hizo en Estudiantes. Debió deshacer un precontrato firmado con un equipo árabe para encarar uno de sus mayores desafíos profesionales de su vida. Con la Copa Libertadores en el bolsillo y una final antológica ante el mejor Barcelona de todos los buenos que hubo en la última década, la decisión de su desembarco en al predio de Ezeiza se caía de maduro.

Para muchos su llegada fue una sorpresa. Para otros un premio al trabajo en Estudiantes. Y para la mayoría el arribo de casi un desconocido en cuanto a sus pensamientos y maneras de ver el fútbol y la vida. Con el correr del tiempo, Sabella habló en torno a lo que encontró. A cómo estaban los jugadores y que necesitó para que recuperen las ganas de jugar en la Selección. Pero todo ese sentido de pertenencia se fue logrando con el tiempo, aunque una primera muestra fue la primera conferencia de prensa que dio en el predio, justo al momento de su presentación.

Allí Sabella se refirió a la importancia que tenía el desafío, los jugadores y el juego en sí. Pero fue un poco más allá. Sabía que debía ir más allá. Fiel admirador de Cristina Kirchner sabía que debía concientizar a los argentinos que lo importante era recuperar el respeto por la Selección y hacer un trabajo mancomunado para obtener resultados. “Fue ahí cuando vi la bandera y me acordé de Belgrano. De todo lo que hizo por el país sin pedir nada a cambio. Dio, prácticamente, su vida sin pedir nada a cambio. No era militar, era abogado, creo la bandera y lo mandaron a ser General del Ejercito del Norte… tuvo un altruismo y una generosidad pocas veces vista. Y eso es lo que traté de inculcar en Estudiantes con el sentido de pertenencia y en la Selección con un modelo más amplio”, explicó Sabella alguna vez.  

Para Sabella el enamoramiento de su trabajo es lo que le dio buenos resultados. Sabe que dio todo por las camisetas que defendió y que fue vital lograr identificación y sentido de pertenencia en los grupos que comandó: “No se puede ser mejor profesional si no se es mejor persona. Es fundamental trabajar para dar el ejemplo al ser un conductor de grupo. Es imposible ser mejor abogado, entrenador o periodista si no se es mejor persona”.

Su sabiduría, su hombría de bien y sus enseñanzas son cosas que se extrañan debido a su ausencia. Su figura paternalista, firme y con un enorme amor por las cosas que hace lo llevaron a ser un modelo de entrenador, pero sobre todas las cosas, un modelo de persona a seguir.