Schunke, el vikingo solidario

El Flaco participó del festejo por el día del niño que organizó la Agrupación “La Plaza de Tolosa” y mostró su costado más humano. Firmó autógrafos, regaló camisetas y compartió un buen rato con pibes de bajos recursos. Un ejemplo de superación y compromiso dentro y fuera de la cancha.

22/09/2016 22:57 Noticias
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Desde hace 6 años los hinchas que se juntan en la plaza de 2 y 530 organizan el festejo del Día del Niño para que los pibes del barrio pasen una tarde diferente. Contratan inflables, les dan una merienda y cierran la tarde con la donación de juguetes que este año alcanzó a más de 70 nenes.

El acto, que fue creciendo año tras año, esta vez contó con la presencia estelar de Jonathan Schunke, que no sólo no dudó un segundo en aceptar la invitación sino que además llevó regalos y una enorme dosis de buena onda para firmar cuanto autógrafo le pidieron y sacarse fotos con cuanto hincha se cruzó. 

Al Flaco poco le importó que el día coincidiese con una jornada libre. Al contrario. Se mostró gustoso de la invitación que llegó por intermedio del dirigente Daniel Cajade, a cargo del área social. El sobrino del recordado cura Carlitos -el mayor emblema solidario que tuvo el Club- es quien coordina diferentes clases de acciones solidarias y nucleó a quienes deseaban colaborar bajo el lema de “Pinchas Solidadrios”, que son los hacedores de las remeras que Schunke luce orgulloso en las fotos.

La tarde empezó con inflables, panchos y gaseosas y la plaza se convulsionó cuando la imponente figura del defensor pisó el barrio. Grandes y chicos se sorprendieron por su presencia y él se integró con enorme facilidad y buena predisposición. Firmó autógrafos, se sacó fotos, tomó mate y se quedó un buen rato compartiendo la tarde con los nenes que lo miraban asombrados (nunca sabremos si por su altura, su barba o por no poder creer que un jugador esté con ellos). 

La historia de Schunke con el Club es muy especial. Si bien llegó hace poco tiempo, se transformó en uno de los líderes de la defensa y del plantel. Su identificación con los colores creció tanto como su rendimiento y no se queda sólo con la faceta de jugador. Se interioriza de los que el Club hace y produce y se siente a gusto. Hace horarios a contraturno para ser uno más en las charlas sobre neurociencia que se dictan para los entrenadores de las divisiones menores y sueña con trabajar allí cuando su carrera como jugador termine. Toma las charlas con los pibes de inferiores con total naturalidad y se presta a cuanta convocatoria reciba por parte de entrenadores o maestros de la escuela.

Hace algún tiempo Independiente llegó con el firme propósito de contratarlo a través del conocimiento que tuvo Gabriel Milito, su entrenador el año pasado. Como sucedió con San Lorenzo tiempo atrás, El Flaco dejó en claro que sólo se iría si la oferta era conveniente para las partes. Considera que Estudiantes tiene todo lo necesario para trabajar a gusto y tiene la ilusión de que su nombre quede grabado entre los futbolistas que consiguieron algo con el Club. Sus ganas de ganar lo movilizan mucho más que el dinero. Sabe que los logros se construyen y que no hay que quemar etapas, por eso no presionó para salir como si lo hicieron otros jugadores. 

 

Schunke se ganó su lugar a base de sacrificio, rudeza y -últimamente- buen juego. Estadísticamente es el defensor que mejor juega la pelota hasta la mitad de campo en el fútbol argentino, lo que hizo que su valor de mercado crezca considerablemente. Su rudeza y potencia a la hora de marcar, poco tiene que ver con su bondad y comprensión para esperar cuanta lapicera ande a la espera de un autógrafo o celular tarde para sacarse una foto. Su educación hizo que valore a Estudiantes tanto como Estudiantes lo valora a él. No sólo por lo que produce en la cancha sino por los valores que transmite fuera de ellas y representan a la perfección la idiosincrasia del hincha.