El clásico que ganó Bilardo

Hace 13 años, Estudiantes lograba un triunfo trascendental para el historial gracias a la sabiduría y la picardía del Doctor. El Narigón hizo algo de lo que sólo él era capaz: puso a Sosa desgarrado y el Principito metió el único gol del partido.

05/10/2016 09:48 Noticias
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 "Aimaaaar, Aimaaaar, ¿qué carajo querés hacer?". Así, casi para el infarto, terminó Bilardo aquel clásico. Iban 45 minutos del segundo tiempo en 1 y 55, cuando Andrés, el hermano del ex jugador de River, expuso al equipo a una contra. "La puta que lo parió, la puta que lo parió", insultó luego al aire, cuando vio que el cuarto árbitro levantaba el cartel que marcaba que iban a jugarse tres minutos más. Pero ganó. Y lo ganó él. Por su sabiduría, su experiencia, su picardía y su legado. 

 Sabía el Narigón que no era un clásico más. Aquel 5 de octubre de 2003, el historial del derby platense estaba empatado en 43 y Gimnasia tenía la oportunidad de ponerse arriba después de 60 años (la última vez había sido tras un 2-0, el 24/10/43). La chance era inmejorable: en la cancha de Estudiantes y con Bilardo como técnico. Sin embargo, el Doc terminó siendo el gran ganador de la tarde y el que terminó poniendo la ciudad en orden. Porque tan cierto es que el gol lo hizo José Sosa, como que el Principito jugó sólo porque el Narigón fue capaz de hacerlo jugar.

 “Justo el fin de semana anterior había sufrido un desgarro. En la semana, Carlos vino y me dijo que no hiciera nada. Sólo reposo. Y un día antes, me probó. Yo pensé que me iba a exigir bastante, no sé, que me iba a pedir que corriera, que robara una pelota, que trabara… Pero me hizo hacer dos piques, un toque, un pase y me dijo: ‘¿Te duele? ¿No? Listo, ya está, ya está’”. La anécdota que cuenta Sosita es espectacular, digna de las mejores obras bilardeanas. El Narigón, en efecto, tenía el palpito de que su pollo, ese pibito que 18 años que él había puesto como titular, iba a ser la llave de la victoria.

 Creer o reventar, esa presunción se concretó a los nueve minutos. El jugador que más mimó en su último ciclo en el Club, hizo una jugada de lujo ante Esteban González, fue a buscar al área una gran pared de Farías y definió ante la salida de Olave. “Me acuerdo de que cuando salió el arquero, intenté pincharla, pero la pelota apenas se levantó y se desvió un poco. Eso ayudó a que entrara”, le contó el Principito a Animals!

 

 Es cierto que Sosita sólo resistió hasta los 14 minutos del segundo tiempo (lo reemplazó justamente Andrés Aimar), pero alcanzó, al fin de cuentas, para que sellara el 1-0 definitivo y pusiera el historial 44 a 43. "Para mí fue un clásico muy especial. Porque era el primero que jugaba y también por la cancha. Que haya sido en 1 y 55 tiene un valor extra. Sobre todo hoy, con el recuerdo que hay sobre el Estadio. Ese partido me marcó de una manera particular”, agregó Sosa.

En efecto, no sólo el Doctor y el Principito sabían lo que estaba en juego. Esa tarde, en cancha, hubo muchos chicos y jugadores de sangre roja y blanca, como Angeleri, Colotto, Krupoviesa, Gelabert, Farías y hasta Maggiolo (ya estaba identificado con el Club). Incluso, en el segundo tiempo entraron Pelusa Cardoso y Roberto Trotta, quien volvía a jugar un clásico luego de 11 años.

 

 “No lo podíamos perder. Había mucha historia en juego. Sabíamos que debíamos ganar. Y siempre digo lo mismo, cuando en estos partidos tenés jugadores que sienten más la camiseta, que se formaron en el club, vas con ventaja”, cerró su relató José, hoy en el Milan de Italia.

 El Narigón no sólo terminó a los gritos. También con toda clase de gestos de sus típicas costumbres, que le dieron pie a un ingenioso título de Olé, en la edición de aquel día. 

 Sólo el Narigón era capaz de poner un jugador desgarrado y ganar ese clásico. Por eso, también, lo cuidó a Sosita todo el tiempo que estuvo en cancha, con indicaciones a cada minuto: "¡No corras, en ésta no, pará!"; "¡Buscala, buscala, ahora sí!, fueron algunos de sus mensajes.

Al final del partido, Bilardo se fue conforme: "Jugamos bien, pero podríamos haber liquidado el partido antes", aseguró él, el Narigón, el Doctor, el hombre que aquella tarde de sol ganó el clásico Nº 134 desde el banco.