La vuelta al mundo de Damonte

Israel se convirtió en uno de los jugadores más importantes del equipo. Conocé su historia y evolución. Se fue como un pibe y volvió como un hombre para triunfar en el club de sus amores y alimentar su sueño de campeón.

23/10/2016 22:38 Noticias
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La historia de Damonte con Estudiantes es muy especial. Y qué mejor que este gran momento para repasar todo lo que vivió antes de cumplir su sueño. Se fue a préstamo, volvió, quedó libre, jugó en el ascenso, se fue al descenso, salió campeón, recorrió el norte del país, conoció México, vivió en Europa, discutió con Verón, la rompió en Nacional… Y un día regresó. Desde que se fue hasta que retornó, pasaron nueve años. Y en ese tiempo, Israel Damonte casi que dio la vuelta al mundo. Como si persiguiera una sola ilusión, una sola búsqueda, un solo destino: “Mi esperanza, desde el día que me fui, fue volver a mi casa, al club donde hice mis raíces, donde yo salí. Muchos me preguntaron si yo no tenía rencor porque en su momento me dejaron libre. Pero esa fue decisión de un entrenador que hoy  no está (Mostaza Merlo). Mi sentimiento con Estudiantes nunca cambió. Y por eso que estar acá otra vez es como un sueño cumplido. Sin dudas”, explicó.

Quizás por esa razón, parece como si nunca se hubiese ido. Si bien pasó de ser aquel pibito de 21 años que tuvo que agachar la cabeza y partir con futuro incierto, a este jugador hecho y derecho con una buena trayectoria en el mundo de la pelota, padre de Catalina y Fidel, se acomodó rápidamente a su nuevo/viejo hogar. “Lo que sucede es que yo sé lo que siente el jugador que sale de este club, entiendo lo que significa jugar con esta camiseta y lo que valora la gente. Y también fue importante cómo me recibió el grupo en su momento. Eso en su momento  me dio más confianza y tranquilidad”. Desde su llegada hasta la actualidad pasaron unos cuantos años y ahora es él quién le da la bienvenida a los nuevos.

Damonte llegó al club para jugar en la Novena. “Yo nací en La Plata, pero me crié en Salto. Allí me fui al año y medio. Y yo siento que salí de ahí. Por eso, hasta figura como mi lugar de nacimiento”, cuenta sobre esa curiosidad que figura en su ficha personal. En las Inferiores, fue campeón en Quinta, con compañeros como Mariano Pavone y Pablo Lugüercio. Y llegó a debutar en Primera en el 2001, de la mano de Craviotto. “Jugué como diez partidos seguidos, firmé contrato, pero después ya empecé a alternar y a jugar menos”.


Es por eso que partió a Quilmes, en busca de un semestre que lo regresara con más rodaje. Pero esa primera vuelta no fue la esperada. Y Mostaza Merlo terminó bajándole el pulgar. Ahí, Damonte vivió uno de los momentos determinantes de su carrera. Estaba parado en ese riesgoso  límite del jugador que despega en otro club o se pierde para siempre. Bajó otra vez de categoría (como con Quilmes) y fichó para San Martín de Mendoza en la B Nacional. Y de entrada nomás, vio cómo su carrera se derrumbaba. “Al principio, estuve como siete fechas en las que no iba ni al banco. Y sí, fue un momento duro. Pero después me acomodé y jugué todo el año”. Terminó por ser un trampolín que lo llevó de nuevo a la máxima división. Se fue a Jujuy y ahí, en Gimnasia (vaya paradoja), dio el impulso futbolístico que necesitaba. “Creo que ahí ya me convertí en un jugador de Primera. Porque jugué un año entero, en buen nivel y el equipo respondió. Si me quedaba otro año en la B Nacional corría el riesgo de quedar catalogado como un jugador de ascenso y después no es fácil salir de ahí”.


Su partido a México para jugar en el Veracruz le dio el salto económico indispensable. “Me posicionó de otra manera, hasta pude comprarme mi casa”, cuenta. Sin embargo, a pesar de que firmó contrato por tres años, sólo estuvo uno. Casi no jugó. Regresó a préstamo al país y ahí el fútbol jugó con ese destino increíble que a veces tienen los jugadores. Pasó de irse al descenso con Chicago (“Estuve seis meses, anduvimos bien, pero perdimos la Promo con Tigre y bajamos") a salir campeón, con Arsenal, de la Copa Sudamericana (“Son cosas de la vida. A fin de ese año me encontré festejando mi primer título”, dice).


De Sarandí se fue a Europa, sin escalas. Ahí, en el Asteras Trípolis de Grecia estuvo dos años y medio acompañado de varios argentinos. Y de uno en especial: Pelusita Cardozo, con quien ya había jugado en La Plata y en Mataderos. Por entonces, el regreso al Club seguía siendo una puerta que no se habría. “Yo venía tirando líneas, aunque siempre por una cosa o por otra, no se daba”. Y pareció clausurar ese sueño cuando, de regreso al país, y jugando para Godoy Cruz, le marcó un gol a Estudiantes y se peleó con Verón en pleno partido. Ese día, tras el partido, fue sincero: “Si tenía alguna pequeña chance de volver al club, creo que hoy la perdí”. Hoy, esa una anécdota para contar. “Ese día sentí eso. Incluso, mis amigos me decían: ‘Isra, estás listo'. Por suerte, quedó todo ahí. Y hoy, de hecho, estoy acá. Jajaja”, repasa.

 Antes, su paso por Nacional le sumó esas dosis de jerarquía que significa jugar en un equipo grande y con figuras internacionales como el Chino Recoba y Sebastián Abreu, entre otros. “Fui campeón y, la verdad, me trataron como no me había pasado en ningún lado. Por eso, fue muy difícil irme de allá. Pero cuando apareció Estudiantes, no lo dudé. Era lo que siempre había soñado. Y no podía dejarlo pasar…”

Hoy, a la distancia, se da cuenta que no se equivocó. Líder indiscutido dentro y fuera de la cancha, disfruta del momento. Hace goles, el hincha lo valora y hasta se da el lujo de asumir errores compartidos. 

Israel Damonte es una parte importante del equipo. Casi fundamental. Su sabiduría  y su crecimiento están a la vista de todos y su crecimiento se nota partido tras partido. De hechos no son pocos los que piensan por City Bell que con él en cancha, el equipo no hubiese sufrido la eliminación en la Copa ante Belgrano.